Veinte años sin aquel gitano tan sencillo

A José Monge Cruz

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Si Camarón resucitara y viera en qué lo han convertido regresaría un poco avergonzado a ese lugar donde está desde hace veinte años. Siempre quiso pasar inadvertido, porque era la sencillez personificada. Le pregunté una vez, en Suiza, que si había algo que le gustara más que cantar y me dijo que lo que de verdad le chiflaba era “comerme un tomate aliñao sentao en una acera, con mi gente”. Todo lo relacionado con el genio se ha desmadrado, desde la concesión de la Llave del Cante a título póstumo hasta la nada cuidada reedición de su obra musical. Por no hablar de la comercialización de su imagen. Era y sigue siendo una mina y ahí se halla un poco la explicación de la camaronmanía o el camaronismo. Decía hace unos días En El Correo de Andalucía uno de sus productores, Ricardo Pachón, que la figura de Camarón había menguado en estos veinte años, y llevaba toda la razón. También las figuras de Pepe Marchena y Antonio Mairena han menguado, como lo hará la de Enrique Morente. En cambio, con Juanito Mojama y Tomás Pavón ha ocurrido todo lo contrario, quizá porque acabaron sus días en la miseria y sus discos de pizarra estaban en manos de celosos coleccionistas, de esos que tienen por cerebro un cilindro de cera de Thomas Edison. Hasta hace tres días nadie sabía cómo cantaban el fenómeno jerezano y el hermano menor de la Niña de los Peines. Camarón de la Isla fue un genio del cante, pero se murió y se llevó a la tumba el don de su arte. Nos dejó una obra musical inmensa que es más para refregárnosla por la piel hasta hacernos sangre, que para aprender de ella. Ahí está la prueba: quienes han querido seguirlo han acabado con la garganta destrozada, siendo meras deformaciones de lo que fue José Monge. A Camarón no solo hay que recordarlo cada diez años, sino los trescientos sesenta y cinco días del año. Y no para que no caiga en el olvido, porque eso es prácticamente imposible. Sobre todo para tratar de conocerlo, de comernos con él un tomate aliñado, sentados en una acera de San Fernando. Eso es lo que más le gustaba a aquel gitanito tan sencillo de la Isla de León.

Camarón de la Isla. Alegrías. Guitarra, Paco de Lucía. Brasil, 1973.

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5 Comentarios

  • Emilio P. Escrito el 3 julio, 2012 05:48

    Es verdad amigo Bohórquez que el flamenco es algo especial,y siempre ha habido genios escondidos que han tenido sus seguidores.Hablando un dia en la antigua Trocha,años 70,con J.Antonio Blazquez,periodista,gran aficionado y caracolero, sobre su cantaor preferido en la intimidad,me dijo sin pestañear,JUANITO MOJAMA, y me quedé sorprendido,porque ambos sabiamos que esa gran figura era muy poco conocida en los medios.Yo para no ser menos le contesté,pues para mí PEPE EL CULATA.
    Un abrazo

    • lagazapera Escrito el 3 julio, 2012 08:14

      A Emilio P.: Pepe el Culata, amigo Emilio, está injustamente olvidado. Cómo cantaba ese hombre. Qué gitano sin ser exagerado. Mojama era eso, pura mojama del Puerto, aunque fuera de fjerez.
      Un abrazo.

  • Alfonso Escrito el 3 julio, 2012 08:26

    También hace 20 años que nos dejó uno de los grandes de esta música: PERRATE DE UTRERA. Sin gritos; desde la elegancia y buen gusto para expresar el cante.

    • lagazapera Escrito el 3 julio, 2012 08:48

      A Alfonso: También hace veinte años. Cómo corre el tiempo.

  • Carmen.Arjona Escrito el 4 julio, 2012 12:26

    Las cosas de algunos genios (no todos) tan gigantes por dentro y tan humildes por fuera. Lo cierto y verdad es que Camarón se nos fue exageradamente pronto y quizás sea ese uno de los motivos por los que no consentimos que se nos muera en el olvido. Persiste el deseo de escuchar su voz dolorida.
    ¡Camarón, por siempre!
    Saludos, gazaperos.

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