Una mala semana la tiene cualquiera

En nuestra tierra somos muy aficionados a conmemorar las efemérides de personajes célebres: escritores, toreros, cantaores y poetas. Aquí tenemos siempre presente que solo se muere lo que se olvida y somos muy dados a no olvidar a quienes nos hicieron felices con su arte, de ahí que Joselito el Gallo, el Niño de Marchena, Juan Belmonte o Manolo Caracol estén más vivos que cuando vivían. Hay una efeméride que ha pasado inadvertida para casi todos los medios de comunicación: la de aquel perro llamado Canelo, que estuvo doce años en la puerta del hospital donde murió su dueño. Canelo murió en Cádiz hace más de diez años, seguramente con la pena de haber visto cómo su dueño entraba un día en un hospital y no volvió a verlo más ni a recibir sus caricias. La historia alcanza un gran valor en estos tiempos, en los que debido a la crisis algunas personas han sacado a sus padres de las residencias de ancianos para vivir de sus pensiones. Canelo no estuvo tantos años aguardando la salida del hospital de quien le daba de comer, sino de quien lo hizo feliz con sus caricias y mimos, de quien lo consideró como si fuera un miembro más de su familia, de quien le dio amor desde que era un cachorro. A veces, los perros nos hacen reflexionar sobre por qué nosotros somos los humanos y ellos los animales. Dios creó el mundo en solo seis días, y las prisas no son buenas. Una mala semana la tiene cualquiera.

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