Un tal David Lagos

El Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión es sin duda alguna el más importante del mundo flamenco. Desde luego, es el que mejor se vende. Es un concurso, pero ya es lo de menos porque importan más las galas de estrellas mediáticas y los galardones a personalidades que nada tienen que ver con el flamenco, celebridades de la gastronomía patria o del famoseo televisivo. Prueba de ello es que este año ha arrasado un cantaor de Jerez de la Frontera, David Lagos, de 41 años, al que ya premiamos en El Correo hace tres lustros y que es un profesional más que consagrado. Por tanto, no es un hallazgo, como lo fue Miguel Poveda, que a este sí que no lo conocían ni en su casa cuando ganó la Lámpara Minera. Que cantaores como David Lagos participen en el certamen de La Unión no hace sino cerrar la puerta a los jóvenes. Pero a él le vendrá bien este premio porque el festival murciano es el único que mima a sus ganadores, que los promociona después de ganar. A veces no les pagan cuando tienen que pagarles y los tienen que llevar a juicio, como ocurrió hace unos años con el joven palaciego Miguel Ortega. No deja de ser un contrasentido que ocurra esto en una cita que maneja un presupuesto tan importante, pero así es. El cantaor Miguel Ortega los denunció y lo obligaron a cantar ante los veladores de un conocido bar del pueblo.

Los concursos de cante flamenco cumplieron su función hace décadas, cuando un joven valor no tenía otros medios para asomar la cabeza. Hoy eso ha cambiado, porque un chaval que apunte maneras se graba un vídeo, lo cuelga en Internet y si vale, al día siguiente lo conoce media España. Los concursos, pues, son fábricas de imitadores, de jóvenes y no tan jóvenes que se preparan para ganarlos. De hecho, existen guitarristas y cantaores que se dedican a preparar a participantes de certámenes para llevarse una parte de los premios. En Sevilla, donde los concursos están más muertos que vivos, se intentó hace unos años crear una cooperativa de concursantes para entre unos cuantos acaparar todos los concursos y repartirse el pastel. Aquella iniciativa no llegó a buen puerto porque la denunciamos en este periódico. Pero los concursos siguen siendo atractivos para esos cantaores -en muchos casos, entrados ya en años- que solo buscan el dinero. Si hay que aprenderse al dedillo la minera de Pencho Cros o la saeta del Niño Gloria, lo hacen y punto. No es la mejor manera de acabar con el mimetismo imperante, pero las organizaciones de estos certámenes no hacen nada por evitarlo. De hecho, alimentan el mimetismo y machacan cualquier brote de creatividad. Además, con el dinero de todos nosotros.

 

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1 Comentario

  • Andrés Raya Escrito el 18 agosto, 2014 11:18

    Se acabó el FestivaldelosFestivales, el NovamásFlamenco. LapoteosisdelaJondura, el EventodelosMedios y delasDignísimasAutoridades…
    Mi enhorabuena a todos los premiados y a todos los que han competido flamencamente hasta el último instante. Son la pieza digna y salvable cada año.
    Ahora a descansar y a esperar que no se repita aquella historia que nos cantaba Antonio Piñaha allá por 1964:
    “Se está queando La Unión
    como corral sin gallinas.
    A unos los mata la mina,
    a otras se los lleva Dios,
    y los que el Manco asesina”
    (Joé, con el Manco. Peligrosillo debía ser.)

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