Un país de vendedores

Lo de los cajeros automáticos de los bancos y cajas de ahorros fue una revolución. Eso de poder sacar dinero a la hora que te diera la gana fue muy celebrado, a pesar de lo que pagábamos. Ha evolucionado tanto el invento que ya no solo lo utilizamos para sacar dinero, sino para ingresar y hasta para pagar recibos. Hace unos días vi a una mujer que tenía montada toda una oficina en un cajero de Mairena del Alcor. La señora, metida en años, colocó una mesa playera al pie del cajero y empezó a sacar tantos recibos que casi seguimos todavía haciendo cola. Llenó la mesa de papeles, sacó una grapadora y varias carpetas y se lo tomó como media jornada laboral. Cada tres minutos le sonaba el móvil y una de las veces, al parecer, era uno de sus hijos, a quien le pidió que le llevara un café al tajo. La cola llegaba  casi a El Viso del Alcor, pero la señora seguía pagando recibos, grapando papeles y metiéndolos en esas carpetas azules de gomillas, con pegatinas blancas donde podía leerse comunidad, piscina municipal, Endesa, guardería, peña flamenca y joyería. “Señora, que es para hoy”, le dijo otra mujer. Y la abuela ni se inmutaba, seguía realizando operaciones como una posesa. Había dejado el perro amarrado en el naranjo de la puerta y sus nietos correteaban por el banco con total libertad, como si estuvieran en el patio de su casa. A las dos horas llegó el marido a sustituirla, quien siguió pagando recibos y grapando documentos. Los que esperábamos el turno mandamos a por una pizza del restaurante de al lado, a escote. Y cuando el señor desmontó la improvisada oficina era de noche. Cuando me tocó el turno y me acerqué al cajero a sacar cincuenta euros, que a eso iba, el señor bajito que estaba en el interior del ingenio me preguntó, con voz cansada, que si ya se habían ido los de la mesa playera y la grapadora. “Sí, acaban de irse”, le dije. “Pues vuelva usted mañana, que estoy bloqueado”, me dijo. “Cierre la puerta, por favor”.

Para aprovechar la noche me fui a la gasolinera, donde tuve que echar yo mismo el gasoil. Al ir a pagar con la tarjeta, el dependiente me ofreció todos y cada uno de los productos que se expendían en ella: chocolate, chicles, aceite de Osuna, pan de pueblo y botos camperos de Valverde del Camino con pinta de estar hechos en Pontevedra. “Solo quiero pagar el gasoil e irme”, le dije. Pero el hombre tenía ganas de vender algo y me dio la lista de lo más fresco del día: lenguados de Sanlúcar, camarones y cangrejos de la Isla y chocos de Huelva, que más que choqueros parecían del Guadaíra. Solo cuando me preguntó que si tenía contratado un plan de pensiones agarré la puerta y me fui sin pagar el maldito carburante.

Gallo

De camino a casa me pasé por la tienda de pollos asados, una pollería nueva en la que anuncian pollos tan frescos que parece que están vivos. En efecto, la publicidad no era engañosa: los pollos andaban por la tienda cagándolo todo. “Elija el que más le guste, córtele el pescuezo usted mismo y vaya pelándolo que mientras le voy friendo las patatas”, me dijo. No fue fácil atrapar al gallo, uno muy hermoso que se había subido a la lámpara de la tienda. Mientras lo desplumaba a la antigua usanza, con agua hirviendo, el dependiente me iba dando las distintas ofertas de la semana: “Pollo y patatas de Cantillana, ocho euros”. Las patatas no tenían pinta de ser de Cantillana, pero bueno. “Si lo quiere bien presentado, dos euros más”. “¿Qué es eso de bien presentado?”, le pregunté. Y su respuesta me dejó turulato: “Le hacemos una cama con sus propias plumas. Una vez seca, disecamos sobre la marcha la cabeza, con la cresta bien tiesa, y le torcemos el pico para que su aspecto sea risueño. Lo importante es que el pollo parezca contento y que usted se vaya feliz a su casa”. ¿Contento? Acabé dándole un responso al pobre pollo y cenando crema de calabacines con zanahorias y cebolla de Pruna.

Las farmacias también han evolucionado bastante. Vas a una de guardia y te recibe una persona que te mira como queriendo adivinar dónde llevas guardada la recortá. “Mire, llevo dos días con colitis y vengo a que me dé algún remedio, unas pastilllas o algo”, le dices. Y va y te hace un interrogatorio como si vinieras de algún país africano, de esos que no aparecen ni en el mapa. “¿Recuerda si ha comido algo en mal estado, algún lagarto verdoso o una ardilla en celo?”. Le digo que no, que es solo una descomposición del vientre por el cuarto aviso del banco antes de ser desahuciado, pero insiste. “Es que esas ojeras no son normales, amigo”, me dice. Y como acababa de ocurrirme en la gasolinera, la dependienta empezó a venderme de todo: crecepelos, una crema para una perfecta erección en momentos difíciles, un corrector de dientes y hasta un revolucionario producto para el crecimiento de las pestañas, como si las mías no fueran ya lo bastante largas.

Sin dinero, con remordimientos de conciencia por haber matado a un pobre pollo, una fiesta por bulerías en las tripas y medio hundido porque la farmacéutica había visto algo extraño en mis ojeras, decidí acostarme. Todo fue apagar la luz y sonó el teléfono: “Buenas noches, le llamamos de una empresa de telefonía móvil para preguntarle si quiere pagar menos de lo que paga ahora”. Le dije que pagaba lo justo, lo que contraté, para que me dejara en paz, pero seguía empeñado en venderme algo. “Le informo de que en SuperSol tenemos el pollo en oferta: si compra uno le regalamos una gallina viuda para el puchero y entrará en un sorteo para pasar un fin de semana en El Coronil con todos los gastos pagados. Menos el gasoil, que lo puede comprar usted en la farmacia”. No sabía si destrozar el teléfono o cortarme las venas. Al final decidí levantarme y sacar a mi perro para que me diera un poco el aire. Todavía estaba abierta la taberna del barrio, donde pedí una cerveza. El tabernero tenía también cara de vendedor de algo, además de vino peleón y altramuces. En efecto, enseguida me ofreció un salchichón ibérico de Fregenal de la Sierra, con pinta de ser de algún pueblo de Gerona. “Te vendrá bien para las ojeras”, me dijo.

Un país donde todo el mundo quiere venderte algo, un pollo en la farmacia, un crecepelos en la gasolinera o un salchichón en la pollería, es un mercado común del que deberíamos escapar lo más pronto posible.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

3 Comentarios

  • Salvador Escrito el 5 julio, 2014 11:10

    Manuel,gracias,me levanto te leo y comienzo el dia,al menos hoy,mas alegre.Que razón llevas,aquí se vende todo,está claro que viene de nuestros ancestros que eran autenticos comerciantes.Pero lo que mas me fastia son las ventas por telefono,tú estas acabado de comer,tu media siestecilla y ringgggg,ringggg,el telefono,”buenas tardes me llam”,no quiero ni saber el nombre,siesta a tomar viento y “caló pá reventá”.Pero que podemos esèrar de un Pais en el sus politicos nos tienen puesto el cartel de “expropiaciones pp,su futuro es nuestro presente”.Un abrazo

  • Paco de Cái Escrito el 5 julio, 2014 12:36

    Que razón tiene Manuel esto es más que un mercado común, porque entre en una frutería y al lado de las papas que dice que son de Sanlúcar había garrafitas de lejías frascos para los platos y dos o tres frascos para las cucarachas y jabón para lavar, como veras no he puesto ninguna marca porque todas era blanca, como se dice ahora, lo que me extraña es que Sanidad no vea eso, será porque esa organización también sea blanca, bueno blanca no creo pero ciega si y bastante.

  • Leopoldo Díaz Escrito el 18 julio, 2014 10:48

    Hola Manuel:
    Disculpa que no lea tus artículos el mismo día de publicación, pero a veces puedo hacerlo y otras los leos de seguido cuando tengo tiempo. Me ha hecho mucha gracia estos comentarios. Deberías proponerte hacer algún libro refiriéndote a esos asuntos con ese buen humor que no te falta, te animo a ello. Un saludo Leopoldo Díaz.

Escribir comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

istanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escort
istanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escort
istanbul escortsistanbul escortsistanbul escortsistanbul escortsistanbul escorts
istanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escort