Un homenaje sin precedentes al arte y la entrega de Curro Fernández

Un homenaje sin precedentes al arte y la entrega de Curro Fernández

Llevamos casi cuarenta años escuchando y viendo flamenco en Sevilla y no recordamos un homenaje como el que ha tenido el cantaor trianero Curro Fernández, quien al final salió al escenario y casi no podía hablar de la emoción. No era para menos. Pocas veces se han juntado tantos y tan buenos artistas flamencos, y tan diferentes, en un mismo espectáculo. Y pocas veces se han hecho las cosas tan bien, con un detallado programa de mano que se cumplió a rajatabla y una puesta en escena cuidada, lejos de la chabacanería que impera siempre en este tipo de homenajes, donde casi nunca suele haber buena dirección artística, alguien que sepa poner al artista en el escenario, que diga cómo ha de colocarse y qué luces le vienen bien para que luzca su arte. Eso, por ejemplo, que solemos echar de menos en un festival de la envergadura de la Bienal.

Curro Fernández no ha sido nunca una estrella mediática del cante. Ni siquiera una primera figura. Sin embargo, en lo suyo, en el cante atrás, para el baile, siempre ha sido uno de los más grandes. Nadie como él ha sabido jalear a una bailaora o a un bailaor. Ha trabajado para los más grandes, desde Farruco y Matilde Coral a Manuela Vargas, pasando por Manuela Carrasco o el Mimbre, por no hacer esto interminable. Además, siempre fue un cantaor puro, entregado, de raza, que veló por los estilos de Triana, los de la Cava Nueva, aquellos que cantaban los calés del barrio en las tabernas y las fiestas íntimas. Entre aquellos gitanos herreros estaba el gran Curro Puya, de los Vega, de su familia, quien se medía de igual a igual con el Fillo o el Colorao.

Había que reconocer el medio siglo que este cantaor lleva en el cante, que no es cualquier cosa. Medio retirado ya, aunque no del todo: un cantaor nunca se va del cante. Había que tener este detalle por él y por quienes se han dedicado y se dedican a esa disciplina del cante tan poco valorada a veces, como es la de cantar para el baile. Un cantaor de cuadro no tiene por qué ser un cantaor menor. Hay que recordar que por esta disciplina han pasado todos los grandes del cante, desde Silverio hasta Mairena, pasando por Fosforito, Lebrijano, Camarón o Morente. Actualmente, muchos de los mejores del cante están en esta faceta para la que no solo hay que saber de cante, sino de baile y de guitarra.

Resultaría complicado desmenuzar de forma escrupulosa todo lo que hubo en el escenario de Fibes el pasado miércoles, sin dejarnos cosas atrás. Hubo mucho y bueno en las tres facetas: el cante, el baile y el toque. Desde la preciosa nana del comienzo a cargo de la hija del homenajeado, Esperanza Fernández Vargas, hasta la impresionante soleá de Manuela Carrasco. Y entre una pieza y otra, momentos sublimes como el protagonizado por Juan José Amador y José Valencia, que parecían Manuel Cagancho y Juan el Pelao zurrándose por tonás y martinetes en el Arquillo de la calle Troya. La gracia de la bailaora Pastora Galván, que crece como artista a una velocidad de vértigo. La elegancia inenarrable de Ana Morales y su hermosa petenera. La finura de una caña cantada por Arcángel. El poderío y la personalidad del Farru, que bailó por tangos a su manera, pero emocionando e inspirado. La profundidad de Eva la Yerbabuena en sus ya clásicas seguiriyas. Las alegrías de Canales, la pujanza y el duende de Marina Heredia, el sello de la Tremendita, el pellizco de la Fabi, el sonido diferente de Segundo Falcón, Jesús Corbacho, el Zambullo, Cristan Guerrero y Paco Fernández, y el aire tan particular de Joselito Fernández, otro hijo de Curro.

Todo con una asistencia atrás, en la guitarra, que pocas veces se había escuchado: Miguel Ángel Cortés, Paco Jarana, Dani de Morón, Salvador Gutiérrez, Eduardo Trassierra, el Bolita de Jerez y Pedro Sánchez. Y en la percusión, Joselito Carrasco, Paco Vega, Antonio Coronel, Jorge el Cubano, el Polito y Miguel Junior. Sin olvidarnos de las palmas de los Mellis de Huelva, que no podían faltar.

La guinda la puso un genio, Manuel Molina, que cerró con dos o tres letras de la suyas, cantándolas de manera increíble, una noche que quedará en los anales de la historia del flamenco de Sevilla.

Curro Fernández se lo merecía.

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6 Comentarios

  • manuel Escrito el 19 diciembre, 2014 10:54

    Tb Manuel Valencia y Dani Bonilla en las palmas son solo los que faltan

    • lagazapera Escrito el 19 diciembre, 2014 11:44

      A Manuel: Perdona, pero es que había tanta gente. Muchas gracias.

  • rocio Escrito el 19 diciembre, 2014 12:03

    El espectáculo me encantó pero me pareció lamentable las firmas del Fibes. Echando el telón cuando lis artistas no habían ni terminado de saludar y encendiendo luces antes de lo que el público mereciamos. Algunos artistas se habían cambiado de vestmientas pero no hubo ocasión de saber para qué. Un suspenso para la direccion de Fibes

    • lagazapera Escrito el 20 diciembre, 2014 10:54

      A Rocío: pensé que eso también formaba parte del montaje. Pues un cero, en eso.

  • Alfonso Escrito el 21 diciembre, 2014 02:19

    Perdone Manuel por la intromisión. Me gustaría que me informara sobre un foro de flamenco que esté de actualidad. El motivo es que ayer estuve en un recital flamenco en casa Patas (sala Gª Lorca) que a mi modo de ver fue una tomadura de pelo. Y quería difundirlo para que nadie más se sienta estafado por esta cantaora. Decepción tb por parte del público que jaleaba cualquier cosa y aplaudió al final.

    Gracias de antemano. Saludos

    • lagazapera Escrito el 22 diciembre, 2014 09:52

      A Alfonso: Hola, amigo. Hay muchos foros, sobre todo en las redes sociales, en Facebook. Si no está en esta red social -yo sí lo estoy-, supongo que habrá foros apropiados para eso. Gracias, un abrazo.

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