Un hombre de tabernas

Me gustan las tabernas porque sus dueños, los taberneros, nunca te miran si llevas o no las botas llenas de tierra del campo. Mairena no es Nueva York, es un pueblo rodeado de tierras aradas, olivos y naranjos. De niño me llamaba mucho la atención cuando viviendo en Palomares del Río ibas a la Caja Rural y si entrabas con las botas llenas de barro te miraba el cajero como si fueras un apestado. Salvo si entraban los señoritos del pueblo, que entonces decía el director: “No se preocupe usté, don Vicente, que hay barros y barros…”. Qué cabrón. Soy un hombre de tabernas, de mostito a mediodía con su tapita de asadura en salsa y chochitos -altramuces, para los más finos-, donde paran los hombres de pantalón de pana y gorra campera encasquetada hasta las orejas, con barras de madera y aserrín en el suelo, aceitunas aliñadas y una humeante cocina que huele a sardinas asadas y caracoles. Soy un andaluz de Arahal, criado en Palomares -donde dos huevos son dos pares-, afincado en Mairena del Alcor y aficionado al cante. Busque, compare y si encuentra algo mejor, diga que es mentira.

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1 Comentario

  • Salvador Escrito el 8 febrero, 2014 14:10

    Manuel,hace unos dias,entré en un banco catalán,adelanto que admiro a Cataluña,y el cajero,con cara de vinagre,me dice,”el carné”,yo como soy un poquito atrevido le contesté,”sis plau”,no se si seria correcto el catalán,pero significa,por favor,levantó la cara,avinagrada y me dijo,”como”,le contesté,se pide por favor,esta vez en Andaluz,los presentes, algunos amigos se echaron a reir.Algo similar a lo que cuentas de “barro pobre y barro rico”

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