Un cantaor de cal y albero

Galli

El Galli de Morón es un cantaor con una enorme profundidad y esa rara cualidad de saber transmitir el sentimiento cuando canta, que no es fácil. Nunca lo hace para la galería, entre otras cosas, porque su estilo no es nada efectista y no tiene la voz más indicada para ello. Por eso canta de una manera natural, buscando más la esencia del cante, el alma del verdadero aficionado, que el efecto rápido. Profesional muy considerado en el mundo del baile, conoce muy bien ese oficio, el de cantar atrás, con un excelente dominio del compás. De ahí que en su primer espectáculo en solitario, De cal y albero, contara con dos grandes bailaores, el moronero Pepe Torres y el alcalaeño Javier Barón. Y con dos guitarristas que también conocen muy bien ese oficio, como son el moronero Paco de Amparo y el sevillano Paco Iglesias. Con esta buena base atrás y otras colaboraciones, como las de dos grandes talentos, Óscar Gómez de los Reyes en la parte técnica y Miguel Ángel Rubio Vargas en la escénica, El Galli estrenó anoche en el Teatro Gutiérrez de Alba, de la tierra de Juraco, Joaquín el de la Paula, Manolito el de María y el Platero, un espectáculo cargado de memoria flamenca y también con propuestas nuevas, una revisión de estilos como los tientos y los tangos, arreglados musicalmente con cierto talento. El teatro se llenó y el ambiente fue excelente, con la presencia de artistas y un buen número de buenos aficionados de Alcalá, Morón y Sevilla. Este teatro, de mucha historia flamenca, es de la dimensión justa para un espectáculo flamenco. El escenario es quizás algo pequeño, pero el público lo tiene cerca y eso influyó bastante en el resultado final, en esa comunicación que se nos antoja imprescindible entre el emisor y el receptor. Cuando David empezó a templarse cantando solo con guitarra, enseguida supimos que la obra iba a funcionar bien en el terreno emocional. El Galli cantó muy bien por soleá de Alcalá y fue especialmente emocionante su mano a mano con el cantaor Moi de Morón, que tiene un eco de reminiscencias ancestrales. Esta primera parte estuvo marcada por la emoción jonda, que tan cara se vende últimamente, con la mayoría de los cantaores buscando satisfacer al público con trucos y cosas facilotas. De lo mejor de la noche, sin duda, el baile de Pepe Torres, el nieto de Joselero de Morón. En su escuela es el mejor con diferencia, porque tiene un baile natural, gitano, desvestido de poses amaneradas, varonil y preñado de compás y emoción. Su planta gitanísima, sin malabarismos innecesarios, sabiendo colocarse siempre bien y con unos brazos elegantes, es una auténtica joya. En las bulerías hizo cosas increíbles tanto con los pies como con esa manera tan personal de recogerse que tiene. Muy distinto a Javier Barón, el otro bailaor invitado de la noche, quien en unas alegrías quizás excesivamente cargadas de adornos y una caída de brazos marca de la casa, demostró que ha sabido evolucionar con el tiempo hacia una manera de bailar adaptada a sus años, sin esa agilidad de sus comienzos, pero con bastante más sabor y maestría. En definitiva, un espectáculo emocionante, de gran comunicación flamenca, en el que cada uno de los que componían el cartel cumplió perfectamente con su cometido. Con este espectáculo, El Galli de Morón demostró que puede tener un sitio más allá de su faceta de cantaor de cuadro. Ojalá sea así porque el trabajo bien hecho siempre debe de tener su recompensa.

 

 

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2 Comentarios

  • José Luis Escrito el 25 enero, 2015 12:50

    Le he visto en peñas, y en el hotel Triana esta Bienal, donde tuve el gusto de felicitarle a la salida. Creo que efectivamente, se va ganando el sitio. El público, en definitiva, será quien le ponga; y yo apuesto por eso.

  • Raul Comba Escrito el 25 enero, 2015 13:20

    El Galli lleva mucho tiempo demostrando tener madera de gran cantaor.

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