Trece años en Mairena (No me voy a dejar nada dentro)

Trece años en Mairena (No me voy a dejar nada dentro)

Me pensaba ir de Mairena del Alcor sin escribir nada ni despedirme de nadie, porque no me voy a la luna. Solo a 53 kilómetros de distancia, los que hay entre este pueblo y La Puebla del Río, que es ya el que será mi pueblo por muchos años, o eso espero, al menos. Pero se hace necesario decir algunas cosas, en parte porque estoy dolido con ciertos comentarios de algunos vecinos de este gran pueblo, sobre todo con los de un concejal socialista que piensa que no he hecho nada por el flamenco en la localidad alcoreña. Tampoco me lo han pedido. Cuando lo han hecho he estado siempre ahí. Me pidieron que presentara el concurso y lo hice. Me llamaron desde la peña flamenca para que les asesorara sobre el certamen y también estuve ahí. Luego no me hicieron mucho caso, pero ahí estuve.

En primer lugar voy a desmentir que me viniera a Mairena para ponerme bien con el mairenismo, como dijeron algunos al conocer que viviría aquí, porque a mí jamás me ha interesado el mairenismo, solo Antonio, Curro y Manuel Mairena, con los que tuve buena relación. Con Manuel tuve mis cosillas, como con otros cantaores, por cosas de las críticas, pero nada serio. En realidad me vine, en 2005, porque quería estar cerca de una mujer de Alcalá de Guadaíra a la que quería.

Antes de buscar casa en Mairena lo hice en Carmona y El Viso del Alcor, pero una amiga tenía en venta esta casa y me pidió por favor que se la comprara. Este fue el motivo y no el hecho de querer ponerme bien con nadie. Y menos con Mairena del Alcor, donde siempre tuve el cariño de grandes aficionados como Manuel Crespo, José María Cachovaca, Antonio Rincón Muñiz, Fernando Porrito, Antonio Ortega, José de la Mena y muchos más artistas. Me refiero a hace ya treinta años.

He sido muy feliz en Mairena del Alcor. Estando ya viviendo aquí, en 2006, me casé con una mujer de mi pueblo, Ángeles Ojeda, con quien viví siete años estupendos. Muchas de las mejores cosas de mi vida me han pasado viviendo en este pueblo. Por ejemplo, en 2010 recibí el Premio Nacional de Flamencología, de la Cátedra de Jerez. Y mis últimos cinco libros los he escrito en la calle Virgen de la Soledad de Mairena, en la Huerta del Retiro.

He escrito mucho del pueblo de Mairena en estos trece años, de su incomparable vega y de flamenco, destacando la jondura de esta localidad y a sus grandes cantaores. He llevado a gala por todo el mundo el hecho de vivir en Mairena del Alcor, la tierra de Antonio Mairena, de quien fui amigo y admirador. Aún lo admiro, aunque no milite en el mairenismo rancio e intolerante. Y he participado en todos los actos en los que me han pedido que lo hiciera y mi casa ha estado abierta siempre para los maireneros, a los que quiero como paisanos de verdad. Otra cosa es que me hayan hecho sentir un mairenero más, que ya dije hace unos días que no ha sido así. Aunque tengo grandes amigos en el pueblo a los que siempre voy a querer y que visitaré cada vez que lo desee.

El problema que he tenido en Mairena es el mismo que tengo en muchas partes de Andalucía. Que llevo casi cuarenta años ejerciendo la crítica y he enfadado a muchas personas: artistas, instituciones y aficionados. Es mi trabajo y lo he hecho siempre con amor, honradez y en libertad. No me he hecho mairenista militante porque no milito en movimiento o corriente flamenca alguna. Esto me ha traído algunos problemas, claro, porque tampoco era cuestión de ponerme el uniforme de mairenista por el hecho de venirme a vivir a este pueblo.

Soy como soy, y lo que soy, con todas las consecuencias.

¿Por qué me voy de Mairena del Alcor en realidad? No creo que esto importe a mucha gente, pero como ha habido comentarios, lo voy a decir. Quise poner mi casa en venta hace siete años para irme a Arahal o Palomares, pero con la crisis, se devaluó y no me interesaba venderla porque le iba a perder mucho dinero. Así y todo, la puse en venta hace año y medio y mantuve el precio hasta perderle el menos dinero posible. Mi idea era vender la casa pero seguir viviendo en Mairena, aunque en alguna urbanización. Como todo se me iba de precio y, por otra parte, siempre tuve la idea de regresar al lugar donde me crié, Palomares del Río, y como deseaba una finca en el campo, al final se encartó La Puebla del Río, localidad que está a solo seis kilómetros de Palomares. Esta es la pura verdad.

No me voy de Mairena porque esté dolido con nadie. No tengo aquí familia, solo amigos. En Palomares, Coria y La Puebla sí la tengo, por parte de mi madre. No es que me haya ido de nuevo a esa zona buscando nada, sino porque me tiran mis raíces, sencillamente. No estoy dolido con Mairena, porque aquí he recibido cariño, mucho y por parte de mucha gente. El otro día dije en Facebook que nadie me había pedido que me quedara. Y es verdad. Me han preguntado los motivos de mi marcha y cuando se los he contado me han deseado suerte, porque todas las personas que me quieren lo han entendido. Así de sencillo.

Solo me habría quedado para siempre en Mairena si hubiera rehecho mi vida con alguna mujer de aquí, pero esto no ha sucedido.

Por tanto, como además soy culillo de mal asiento, emigro a otro pueblo después de haber vivido aquí probablemente los mejores años de mi vida. Ocho de ellos con Surco, que era mairenero. Él sí lo era, porque nació en estas tierras y corrió miles de kilómetros por la vega. Dejo aquí su espíritu, quizá lo más grande que dejo, porque ningún mairenero me quiso tanto como él.

Alguien de este pueblo dijo un día de mí en una red social que no me quería ni mi perro. Lo dijo para hacerme daño, sin duda. Pues le voy a contar una cosa. La noche que murió Surco, seguramente envenenado, estuvo horas agonizando en el patio de casa, en una manta, porque una veterinaria de aquí se negó a abrir su clínica. Pensé que aguantaría hasta por la mañana y esta veterinaria me dijo que no sería nada, solo un golpe de calor. A las seis de la mañana lo dejé un momento en el patio para ir a comprar un poco de jamón de york, que le encantaba. Cuando regresé, descubrí que se había arrastrado por toda la casa, desde el patio hasta la puerta de la calle, porque no se quería morir sin volver a verme. Lo llevé a una clínica, de urgencia, y murió a los diez minutos. Todavía no sé de qué. Lo cuento para ese mairenero que dijo que no me quería ni mi perro.

Me voy feliz por haber vivido tan bien en Mairena y, además, porque voy a residir en otro gran pueblo como es La Puebla del Río, en unos pinares donde hay un cielo muy azul y aire puro. Seguramente voy a tardar en venir a Mairena, porque viviré lejos y en cuanto nos mudamos hacemos otras amistades y nos adaptamos a otros ambientes. Volveré algún día porque dejo grandes amigos. Me hubiera gustado hacer algo por el flamenco en Mairena, pero la verdad es que no me lo han pedido nunca. No me han dejado, y punto.

Me despido con una soleá que escribí también aquí:

Olivares de Mairena

nunca le digáis a nadie

dónde guardo yo mis penas,

que no se entere ni el aire.

 

(*) Foto de Mairena: Luis M Galocha

Con mi perro Surco por los campos de Mairena. Abril 2012. Foto: @perezventana

Con mi perro Surco por los campos de Mairena. Abril 2012. Foto: @perezventana

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5 Comentarios

  • Jafelin Escrito el 9 diciembre, 2018 10:24

    Gracias Manuel. Eres tan sincero que duele. Eres un hombre completo y muy especial.
    Las personas que no pueden verte como eres es porque no tienen interés en conocerte y aceptarte y quererte como eres. Pero sabes que hay muchos otros que si te queremos. Mucha suerte en tu nueva vida.
    Un abrazo.

    • Anónimo Escrito el 9 diciembre, 2018 18:07

      Muchas gracias, amiga.

  • Rufino Rivas González Escrito el 9 diciembre, 2018 10:45

    Magnífico argumento, sigue así, Profe

  • Manuel Bohórquez Casado Escrito el 9 diciembre, 2018 18:08

    Un abrazo, maestro.

  • Francisco López León Escrito el 10 diciembre, 2018 07:33

    Amigo aquí siempre tendrás tu casa y una familia amiga

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