Soñar no cuesta nada, salvo los putos impuestos

Esta mañana he escuchado por la radio una historia que me ha conmovido e interesado. Una pareja joven decidió vender todas sus propiedades, dejar cada uno sus oficios y trabajos fijos e irse a la Patagonia, en el sur de Argentina. Compraron una parcela grande por la que pasa un arroyo cristalino y viven de lo que producen en la finca, rodeado de animales. Allí han tenido un hijo y ambos confiesan que les ha cambiado la vida por completo, que ahora sí son totalmente felices. Me ha sorprendido el testimonio de la mujer. “Aquí he descubierto que me gusta ser madre y he encontrado a la mujer primitiva que llevaba dentro, y que no conocía. Ahora sé lo que quiero hacer con mi vida”, dijo. Esto me ha hecho reflexionar una vez más sobre la vida, sobre su sentido. ¿Merece la pena empecinarse en vivir como no queremos vivir, aunque creamos que es la única manera de hacerlo? Para empezar, la vida tiene sentido cuando sabemos para qué sirve, y lo que para unos es la gloria, para otros es el infierno. Estos días tengo la sensación de que elegí el camino equivocado. Lo que no sé bien es cuándo ni dónde sucedió. Tampoco si lo decidí yo mismo o me obligaron a ello. Si la vida me da otra oportunidad voy a pensar por primera vez en mí y voy a elegir qué camino quiero coger. Todavía estoy a tiempo de aprender a quererme a mí mismo, de creer que merezco un sitio aquí. Si fuera fácil lo dejaría todo y me iría a la Patagonia, como hizo la pareja citada. Lo haría ahora mismo, sin duda alguna, si las personas a las que tanto quiero se apañaran sin mí. Nadie se muere por nadie, pero sé de dos que me echarían bastante de menos. También he pensado muchas veces en meterme a fraile, pero tendría que solucionar antes dos grandes problemas. Primero, si es imprescindible creer en Dios para ingresar en un convento. Segundo, si me dejarían llevarme a mi perro Surco, que es el único ser vivo de este mundo que parece entenderme. A lo mejor no tienen ropa para un tiarrón de casi dos metros, pero eso tendría fácil arreglo. Si me fuera alguna vez a la Patagonia o a cualquier paraíso perdido de Canadá, por ejemplo, sé muy bien lo que me llevaría: a mi perro Surco, unas viejas tijeras de podar olivos de mi abuelo Manuel, además de su navaja y su piedra de amolar, y un cante de cada cantaor que me gusta. Ligero de equipaje, que diría Machado. Siempre soñando despierto. Cuando me parió mi madre, la matrona del pueblo le dijo: “Pepa, prepárate que acabas de traer al mundo a un soñador”. Era un lince aquella Matrona. Y en eso sigo, soñando despierto con lo que parece imposible, pero que a lo mejor es más posible de lo que parece. Soñar no cuesta nada, salvo los impuestos. Los putos impuestos.

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5 Comentarios

  • esperanza Escrito el 20 octubre, 2013 13:37

    MANUEL,con letras en grade, no por tu estatura si no por lo que dice tu amigos que eres, como persona,no te vengas abajo eso son racha,un abrazo

  • Ricardo Roldán Infantes Escrito el 21 octubre, 2013 20:48

    Vagando por los caminos
    con el seguro sino
    de morir en el destino.

    Va por Ud., maestro.

  • José Luis Escrito el 21 octubre, 2013 23:00

    ¿Qué le pido a la existencia,
    salud y felicidad,
    mejor talante y bondad?
    No te extrañe que la ciencia
    subestime a la conciencia.
    Yo no soy como Tomás,
    mi hacienda es leve y fugaz,
    y no tengo nada mío:
    nací en cueros, voy vestío,
    ¿Qué puedo pedirle más?

  • Joselito de Jerez Escrito el 23 octubre, 2013 10:39

    Tira palante, mi arma,
    y no te pare a pensá,
    porque el camino se alarga.

  • Carmen Arjona Escrito el 28 octubre, 2013 21:42

    ¿Quién puede prohibirnos soñar? Uno toma las decisiones que cree más acertadas y luego tira para delante sin saber a dónde irá a parar. ¿Por qué entonces vamos a ser culpables de elegir si no sabemos de antemano lo que nos deparará el futuro? No creo que te hayas equivocado más de lo que lo hemos hecho todos los demás mortales. Ahora bien, lo que no debemos hacer es dejarnos convencer de que no hay otra alternativa. ¡Claro que la hay! aunque al final del camino creamos, de nuevo, que nos hemos vuelto a equivocar. O acaso ¿alguien puede garantizar el acierto?
    Saludos, gazaperos.

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