Resignación, populismo o generales

Desde que era todavía un niño estoy escuchando decir que es posible un mundo mejor, más justo, donde no exista la diferencia de clases y el sol salga de verdad para todos. Lo escuchaba decir cuando me sujetaba el pantalón con una cuerda por no tener correa y lo sigo oyendo ahora que ya tengo cinturón pero mi sueldo apenas me da para pagar la hipoteca y el autónomo. Hoy se habla de pobreza en España y es verdad que hay pobres, que siempre los ha habido y siempre los habrá, aunque los políticos nos vendan cada cuatro años la utopía de la igualdad. No me lo creía cuando buscaba palmitos en las veredas de Palomares para calmar el hambre, como no me lo creo ahora, que estoy sobrealimentado. San Agustín llegó a decir que lo que sobra a los ricos es patrimonio de los pobres. Sería en sus tiempos, porque los ricos de ahora ya se han cansado de dar sus sobras, de ver cómo los pobres medio pueden llevar a sus hijos a la universidad y hasta tener una televisión de plasma. No quieren que se sepa cómo se hacen ricos. Ellos, los banqueros, políticos y empresarios corruptos, que son los culpables de que centenares de miles de pobres hayan perdido sus casas, antes con un gobierno socialista y ahora con uno de derechas. Como diría el gran José Menese, los mismos perros con los mismitos collares. Antes fue un bobo de buen talante que nos hablaba del pleno empleo sin sonrojarse delante de las cámaras y ocultándonos una crisis económica tan canalla. Ahora, un tío duro que reconoce públicamente que no ha cumplido su programa electoral, aunque sí con su deber. ¿Acaso no es sagrado el deber de cumplir las promesas? A todo esto, la Iglesia está encantada consigo misma, con que haya pobreza porque en todas las religiones el menesteroso es más creyente que el poderoso. Las colas en Cáritas Diocesana son la mejor promoción para la Iglesia, sin quitarle importancia a una institución que se vuelca con los más necesitados. Igual que la cola del paro es el mejor granero de votos para los partidos políticos, que crean los problemas para que les pidamos las soluciones y sentirse así imprescindibles. Nos lo ha recordado la señora Cospedal, quien dijo el pasado martes que cuando se acaba la política llegan los populistas o los generales. “Con cariño”, apostilló. Cómo que con cariño. Será usted quien les tiene afecto a los generales golpistas. Solo le faltó decir ustedes dirán qué prefieren.

Manifestación

El problema no está en la política, sino en los partidos corruptos. Los ciudadanos que se mueven por ideales siguen creyendo en la política. Un político es un hombre que cree representar la opinión del pueblo sin habérsela preguntado jamás. Cuando los partidos piensan en crear sus programas electorales, ¿les preguntan a los ciudadanos qué quieren, qué necesitan? Les ofrecen un modelo de sociedad y les votan si se ajusta a su manera de entender la sociedad según su ideología. Y por lo que estamos viendo en España -que tiene este nombre porque seguramente ya estaba registrado el de Botwuana-, los ciudadanos están asqueados de la política y tienen sus razones. El pueblo se equivoca muy pocas veces, aunque ocurre. Francisco de Quevedo dijo que nadie ofrece tanto como el que sabe que no va a cumplir. ¿Sabía el actual presidente del Gobierno, cuando quería serlo y prometía tantas cosas, que no iba a poder cumplir sus promesas? Lo sabía, en la misma medida que el anterior tenía la certeza de que era mentira lo de que íbamos al pleno empleo. Y como las promesas solo son olvidadas por los enamorados, pero no por los ciudadanos, el pueblo está a punto de decir hasta aquí hemos llegado. De hecho, es extraño que no se haya producido ya un estallido social ante tantos recortes, abusos y corrupción política y financiera. Extraño porque, como señalaba hace unos días el valiente y comprometido escritor Arturo Pérez-Reverte, la historia de España nos dice qué suele ocurrir cuando se acorrala tanto a los más débiles. Los ciudadanos no comprenden muchas cosas. Por ejemplo, que Bankia sea la entidad financiera que más está desahuciando, después de una gestión tan desastrosa, de lo que se han llevado sus directivos y, sobre todo, de lo que nos va a costar su saneamiento. Pero esto es solo un dato, una prueba más de lo podrido que está el sistema y cuán injusto es para lo pobres. La suerte de los partidos políticos, de todos, es que una inmensa mayoría de los ciudadanos desconoce lo que está pasando de verdad en España. Nadie debería aprovecharse de la ignorancia ajena y este Gobierno está apretando demasiado las clavijas a los pobres y protegiendo descaradamente a quienes nos han llevado a esta situación, que no son precisamente los inmigrantes que vinieron a que los banqueros les dieran un piso que sabían que volverían a recuperar, además de quedarse con sus ahorros y obligarlos a regresar con lo puesto a sus países de origen. Los pastores que nos pastorean no se merecen otra cosa que un garrotazo en el pescuezo. Pero los españoles hace años que decidieron guardar la garrota, cuando descubrieron que no existe un mundo mejor. Este es el que tenemos. Se llama resignación.

Publicado hoy en El Correo de Andalucía, página 4. Desvariando.

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2 Comentarios

  • Emilio P Escrito el 16 febrero, 2013 10:44

    Suscribo todo lo que has dicho amigo Bohórquez.Añadir sólo,que en las homilias eclesiáticas actuales,no se habla de lo mal que está España,y si se hacia con el gobierno anterior.Sobre lo que hablas de San Agustin,lo diria en su juventud depravada,antes de ser convertido al “buen camino” por su madre Santa Mónica….Un abrazo

  • Paco de Caí Escrito el 16 febrero, 2013 12:41

    Querido amigo tiene usted muchisima razón en todo lo que ha escrito, pero, como siempre hay uno, quien tiene la culpa de todo lo que esta pasando en España. 1º El pueblo español, por vota a esos sinverguenzas.
    2º Los jueces, fiscales y todos esos señores que son o dicen que son la justicia.
    3º No cumplir las leyes que hay, que si se cumplieran
    otro gallo cantaria
    4º Los politicos que hoy dia es cualquiera
    5º Nosotros los obreros que tampoco somos unos ángeles
    hay que cumplir y dejarse de cachondeo.
    Bueno hay muchos más motivos porque esto no es de ahora, los chorizos siempre exitieron, vamos a tener que decirle a los de Alcala que echen mas horas extraordinaria, porque hay demasiado chorizo para poco pan, esto viene ya del año de Felipe El Hermoso ahi empezo la guerra, perdona me he equivocado, los Guerra, hasta hoy día con otro gallego.Saludos

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