Recordando al Niño de Marchena (I)

A Isabel Domínguez

El Niño de Marchena enamorando con su cante a Evita Perón.

El Niño de Marchena enamorando con su cante a Evita Perón.

El próximo día 4 de diciembre se van a cumplir 34 años de la muerte del gran cantaor Niño de Marchena, uno de los genios del arte andaluz. Con este motivo comenzamos hoy una serie de artículos sobre él en La Gazapera, en los que contaremos un poco su trayectoria y algunas historias personales muy curiosas. Todas estas entradas irán dedicadas a su esposa, Isabel Domínguez Cano, que aún vive.

Tiene el arte del Niño de Marchena la emoción del canto llano expresado por un intérprete genial. Si sus prodigiosas florituras se pudiesen llevar al pentagrama, deslumbraría al mundo.

Leopoldo Stokowski, el gran músico inglés de origen polaco, definió de esta forma al genio sevillano cuando lo escuchó cantar por primera vez, quedándose literalmente boquiabierto, extasiado. Sin necesidad de que se llevasen sus florituras al pentagrama -esto se ha hecho al cabo treinta de años de su fallecimiento-, José Tejada Martín impresionó al mundo con su singular forma de interpretar el cante flamenco. Otro gran músico, el andaluz Manuel de Falla, dijo que en él se encontraba el canto inagotable del verdadero cante andaluz, sin las trabas que lo empequeñecen al encerrarlo en cancioncillas. Por último, Charles Chaplin, el genial Charlot, confesó que le tenía mucha envidia al Niño de Marchena, porque con el cantaor se emocionaban las mujeres, y con él sólo se reían. Naturalmente, existen opiniones muy contrarias sobre el estilo de este artista, de estudiosos, críticos, compañeros y aficionados que no supieron calibrar su verdadero valor: el de un autodidacto de la música, del cante, de un hombre que pasó de guardar cochinos en los campos marcheneros, soleados y plagados de pájaros, a ser el número uno del cante, su intérprete más famoso y prestigioso en todo el mundo desde los años 20 hasta su muerte, ocurrida en 1976. Lo del Niño de Marchena era un don, algo que nació con él y que se llevó a la tumba, aunque dejó una gran cantidad de imitadores que, sinceramente, le hicieron un flaco favor. No se hizo cantaor a base de estudiar, de machacar, como hicieron muchos que al final terminaron siendo importantes figuras. ¿Cómo se explica, si no, que con 8 años cantara ya como uno de aquello jilgueros que saltaban de olivo en olivo allá en su pueblo de Marchena, localidad sevillana a 60 kilómetros de la capital y situada en la comarca de la Campiña, que es tierra de buen cante y de buenos cantaores? La única explicación posible es que era un superdotado, lo que llamamos un niño prodigio. Si en vez de por el cante le hubiera dado por tocar el piano, en España se hablaría de él todavía como se habla de Falla o Turina. Pero un día, sin saber por qué razón, el prodigioso niño sintió un ligero cosquilleo en la garganta y comenzó a cantar, cambiando ese mismo día el curso del cante andaluz, flamenco, gitano o, como solía definirlo Antonio Mairena, gitano-andaluz. Marchena es un pueblo de mucha tradición flamenca, sobre todo de cantaores y guitarristas. Un cantaor como José Tejada no nace así como así, por capricho de los dioses, aunque lo suyo fuera, como hemos apuntado ya, un don divino y no el producto del aprendizaje en una academia o en uno de esos conservatorios donde se cultiva la voz. Dicen que su propio padre, Juan Perea, labrador por cuenta ajena, era un buen cantaor de tarantas, estilo en el que precisamente destacó mucho nuestro protagonista. Y que un tío suyo, el Cojo Morra, cantaba también de manera muy aceptable. Pero no hay antecedentes profesionales en la familia del artista marchenero. En los pueblos de Sevilla, sobre todo en aquella época -principios del siglo XX-, solía haber muchos cantaores que sólo cantaban en las tabernas y reuniones familiares, o en el campo mientras trabajaban en la recogida de la aceituna, la limpieza de los olivos, la siega o la siembra del trigo. Fueron los primeros maestros del Niño de Marchena, que desde muy pequeño, dada la precaria economía familiar, ya tuvo que echarse a trabajar y, debido a este hecho, comenzó a tener pronto relación con personas del pueblo, aficionados que cantaban en las tabernas y que le apuntaban cómo eran las malagueñas de Chacón, las guajiras de Manuel Escacena y las soleares de La Sarneta.

Fandangos de la Plaza del Potro. (Callejón). “Niño de Marchena”. Guitarra: Paquito Simón

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9 Comentarios

  • hendrix Escrito el 29 noviembre, 2010 14:49

    Justicia!! si manuel,sigue asi,esto es lo que merece este cantaor “superdotado” como tu bien has descrito
    por que nacio con ese don.aunque algunos flamencologos lo critiquen.que lastima.parece que no aprecian todos los melismas que este “Niño” nos dejo,a su obra no se la tiene en estima,y es un cantaor que necesita justicia dentro del mundo del flamenco,que hay muchos por ahi que piensan que su obra no tiene valor.que lastima!! aun recuerdo aquellos paseos con mi abuelo por el parque cuando me ponia delante de su estatua y me decia”este es el que mejor a cantao en todo el mundo” y que razon tenia.

    Un saludo!!

    • lagazapera Escrito el 29 noviembre, 2010 16:44

      A Hendrix: Era un genio, sin duda. En algunos aspectos, está aún por descubrir. Un abrazo.

  • Pepe Esquivel Escrito el 29 noviembre, 2010 16:17

    Afortunadamente, pronto descubrí que Marchena no era sólo los Cuatro Muleros, la Rosa o Juan Simón.
    También la debla, el martinete, la siguiriya, la murciana, ……., y la taranta.

    Lo descubrí en un recital que dio en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla.
    Fue una lección magistral con clase práctica.
    Animo a los que aún no lo hayan hecho, a conocer a Pepe Marchena.

    Un saludo para ti y para todos.

    Pepe Esquivel

    • lagazapera Escrito el 29 noviembre, 2010 16:45

      A Pepe Esquivel: Un saludo, Pepe.

  • Inés Escrito el 29 noviembre, 2010 18:08

    Siempre pensé que el reconocimiento a Marchena tendría que llegar en algún momento. Porque fue una auténtica super-estrella en sus años triunfales y porque tenía todas las cualidades que ha de tener un verdadero profesional del arte. Los últimos años de su vida tuvieron que ser muy duros. Seguramente era consciente de que las modas traían otros estilos y otras formar de interpretar el flamenco y que eso iba a suponer su arrinconamiento. Lo que no imaginaba es que la cosa iba a llegar a tanto. Pero a veces he reflexionado sobre lo duro que tuvo que ser para él, y para otros artistas que desde lo más alto tuvieron que ver cómo su estrella se apagaba, el cambio de ideología flamenca que tuvo lugar en los años sesenta.
    Y, claro está que tendría que aprender en su entorno, como todos los artistas de entonces, pero el talento natural lo traía de serie porque, sin ese talento, hubiera sido uno más de los que se cantiñeaban bien en su pueblo y en otros de Andalucía.

    • lagazapera Escrito el 29 noviembre, 2010 18:39

      A Inés: Yo creo, Inés, que Marchena ha sido, además de un gran intérprete del cante más clásico, un creador. Genios así no nacen en todas las épocas. Los jóvenes deberían descubrirlo.
      Saludos.

  • Lagazapera Escrito el 29 noviembre, 2010 20:34

    A Vicente: Tenemos problemas con sus comentarios. ¿Podría mandarnos un correo a la dirección que está en la ficha del blog, pozonuevo.editor? Es para explicárselo en privado.
    Un saludo.

  • Pedro Madroñal Escrito el 30 noviembre, 2010 00:01

    Imagino que para Don José Tejada sería tan duro como para los Tomás Pabón, Juan Talega, Mairena, Perrate etc cuando la estética imperante era la que encabezaban el propio Marchena, Valderrama, Molina, Porinas…
    Seguramente, el mismo público que lo encumbró, lo arrinconó, nunca los artistas que llegaron a la cima en esa etapa, que por otra parte ha sido la más fecunda tanto para el flamenco como para los propios artistas, que aún siguen heredando el estatus que se fraguó entoces.
    Cansa un poco la continua referencia a esta etapa como una espada de damocles, inquisidora, como si el público no tuviera capacidad de decisión.
    Y por supuesto este comentario no resta majestad a uno de los mejores artistas de nuestro género.

    • lagazapera Escrito el 30 noviembre, 2010 09:43

      A Pedro Madroñal: Amig Pedro, no es lo mismo ser un ídolo y verte luego olvidado, que lo que ocurrió con Tomás Pavón, Mairena, Juan Talega y Perrate. Nadie arrinconó a Mairena, por ponerte un ejemplo cercano. Le costó trabajo salir en unos tiempos en los que había demasiadas figuras y, en efecto, una estética determinada en la que nunca encajó bien. Tuvo que esperar su momento, le llegó y luego se lo dieron todo junto. Comprendo que cansa un poco leer sobre artistas de la ‘ópera flamenca’, pero no está mal recordar a quienes tanto hicieron por el cante flamenco en aquella España de miserias y tiros.
      Un abrazo, compañero.

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