Que les den a los achaques

Peregrino

Todavía me duelen las rodillas de ver bailar a El Carrete, El Peregrino y La Cañeta.  Y el alma, de escuchar cantar a Rancapino. Y el corazón, de ver lo serio que estuvo toda la noche Curro de Utrera, a pesar de que le tocó al lado La Cañeta, que sería capaz de levantar el ánimo de un oso viudo. Y el pecho, de sentir en las mismísimas entretelas la voz aún fresca de Romerito de Jerez, su eco de cristal. ¡Qué emocionante fue el reencuentro con algunos de estos artistas veteranos! No olvidados, porque sería imposible, aunque sí apartados de los festivales punteros. Son parte de los últimos testigos de una época en la que el flamenco rebosaba humanidad por todos los poros de su ya vieja piel. Y están en forma, sus voces aún duelen y los pies de los veteranos bailaores son todavía veloces, de acero sus rodillas y de arrope puro sus movimientos.  Hoy no se trata de contar qué cantaron y bailaron, y cómo. No venían a examinarse, sino a ponernos la piel como el caparazón de un centollo. Y lo lograron no solo por cómo cantan y bailan, que no se puede tener más sabor y más arte, sino por la humildad de todos ellos. Ninguno ha sido una lumbrera de época, aunque todos han tenido y tienen aún buen cartel. Son grandes y están entre los grandes, pero anoche rezumaban humildad y nos dieron las últimas gotas del vino de lo jondo para que saliéramos del teatro embriagados.  No analizando cómo hizo Romerito las soleares de Cádiz o las de Alcalá, o cómo fue capaz Rancapino de sacar adelante unas seguiriyas torreras. No pensando de dónde sacó la voz Curro de Utrera para bordar el polo o las rondeñas. Ni siquiera cómo le da La Cañeta la vuelta a las letras para en vez de decir cerrajones y brevas, decir filetes empanados en la fiambrera. Se entregaron para eso, para que sepamos todos que el flamenco nos es sólo técnica y medida, sino arte natural, una forma única de entender la vida y de contar lo  que hemos sido y lo que somos. Dejaron las penas y los achaques en casa y vinieron a la Bienal no buscando una terapia para ellos –el flamenco es la mejor terapia–, sino para nosotros, que a veces utilizamos el flamenco para enfrentarnos y dividirnos, en vez de para mejorar como personas y amarnos más de lo que nos amamos los unos a los otros.  Ellos, los veteranos de este arte, son un ejemplo. La Cañeta debería ser paseada por todas las residencias de España para levantar el ánimo de nuestros mayores. No lo consiguió con Curro de Utrera, que es un hombre serio, de poca actividad facial. Imagino que, viéndole la cara, pensaría: «No me puedo imaginar a esta flamenca todo el día en mi casa». Porque la cantaora malagueña, la hija de La Pirula, es un borbotón de vida. Todos lo fueron anoche. Y lo de El Carrete y El Peregrino, para cerrar todas las academias del mundo. Nos hacía falta una buena borrachera de humildad flamenca, pero de una humildad grande como la de anoche, con estos viejos que, mezclados con los jóvenes, vinieron a decirnos lo grande que es el flamenco.

Bienal de Flamenco. Toda una vida. Escenario: Teatro Lope de Vega. Cante: Curro de Utrera, La Cañeta, Romerito de Jerez y Rancapino. Baile: El Carrete y El Peregrino. Guitarras: Antonio Soto, Miguel Salado, Perico de la Paula, Luis Calderito y Juan Manuel Moreno. Entrada: Lleno. Sevilla, 1 de octubre de 2014.

 

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3 Comentarios

  • Carmen Arjona Escrito el 2 octubre, 2014 09:38

    Oleeeeeee! Qué ratito más bueno, cachinlamá! Llegué a preguntarme si habría un médico en la sala por si a algún artista le daba un patatús y, por poco, lo necesito yo. Que vitalidad la de esa generación, señores!!!!
    Saludos, gazaperos.

  • José Luis Gálvez Cabrera Escrito el 2 octubre, 2014 12:02

    Reconforta ver a estos ilustres veteranos. Son un soplo de aire fresco dentro del aire contaminado por tantos “flamencos de diseño”

  • Paco de Cái Escrito el 2 octubre, 2014 17:21

    Como me hubiera gustado estar allí y ver esas figuras de flamenco puro y no como dice el señor Gálvez “flamencos de diseño” una vez hice un comentario sobre el baile y sus modernidades de algunos “bailarines” porque para mi esos no son bailaores y me pusieron como los trapos. Ahora salen en la Bienal esas figuras y dan de toda su sabiduría flamenca y comentarios de gente joven no veo, ni una. así que viva la juventud de hace 50 año. Yo también soy joven antiguo.

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