Qué bien que estemos embarazados

Susana

Estoy viendo estos días a la presidenta Susana Díaz más guapa que nunca, supongo que por lo del embarazo, y si me prometen que no me van a acusar de querer arrimar la cuchara de palo al perol del poder socialista, mejor política que nunca. Las encuestas le favorecen y está segura de que podrá con el tirón de Podemos. Los otros partidos tienen menos impulso popular que un monólogo de Gaspar Zarrías, aunque nunca se sabe. La presidenta está crecida, los datos del empleo del último trimestre no son malos en Andalucía –dentro de lo que cabe, claro–, el liderazgo de Pedro Sánchez se bambolea como un flan y, encima, su primer vástago ya apunta maneras: no se habla de otra cosa en las tabernas y en los mercados de abastos, y me consta que hay ya cientos de mujeres en los pueblos andaluces más deprimidos haciendo toquillas, gorritos y patines de corché para lo que venga, deseando que la criatura salga con un pan debajo del brazo, a ser posible que no sea con volantes de mortadela sino de jamón serrano, que una cosa es que crezca el empleo y esté remitiendo la sangría laboral y otra que ya no haya necesidad en Andalucía.

Estamos embarazados. Todos los andaluces, y si no ya lo verán. Lo de la niña de Rajoy se va a quedar en una mera anécdota al lado de la niña o el niño de Susana Díaz, la presidenta no electa de la Junta. Por el pueblo, quiero decir. Ya veremos si es capaz de ganar las elecciones andaluzas con los votos necesarios para no tener que pactar con ningún otro partido, lo que no es fácil. Muy buenos serán los datos que debe tener sobre la mesa cuando todo parece indicar que adelantará las elecciones antes de que se afiance Podemos en Andalucía y que tras el verano haya un repunte de las mejoras económicas, que después de amenazar los de Podemos con dejar los pasos en las iglesias si el pueblo lo decidiera y del cachondeo que se ha formado en las redes sociales con la posibilidad de que pudieran prohibir también el barbo adobado y las fichas de dominó de carme membrillo que quiere imponer Zoido, están que se salen en las encuestas y, además, encantados de que mientras más atacados son más simpatías despiertan en el sector más insatisfecho y exasperado del pueblo.

Susana no necesita datos buenos o malos sobre su mesa para saber que hay millones de de andaluces con ella, porque es una dirigente política que pisa la calle, que se mezcla con los ciudadanos y tiene siempre ante ellos una de las sonrisas más electorales y encantadoras del país. Es consciente de que hay millones de andaluces que están cansados de su partido, de su corrupción sin límites, pero ella actúa como si no fuera responsable de nada, solo de lo bueno. La entrevistan en un programa de televisión y parece que viene de un bautizo o que va a él. Y estoy plenamente convencido de que no es una estrategia, sino su condición natural. Transmite optimismo a la gente, algo que nadie del Partido Popular consigue ni dando esos índices de recuperación económica ya tan incontestables, solo negados por la oposición y los sindicatos, quienes recurren siempre a la precariedad del empleo creado el pasado año para seguir desanimando a los ciudadanos más castigados, a ver si entre todos son capaces de que acabemos en el cuarto oscuro de la depresión.

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La gente no se creé lo del embarazo de optimismo de Mariano Rajoy y sus ministros. Puestos a adivinar quién puede ser el responsable de esa supuesta preñez de desmedida certidumbre del presidente, especulan con la paternidad del italiano Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo, que va a adelantar el dinero para el bautizo: decenas de miles de millones de euros mensuales hasta 2016. Y con esta medida que ha sorprendido a los propios mercados se espera que los bancos den créditos a porrillos para que podamos ir al bautizo más bonitos que un San Luis, sin importarnos dónde de lejos se vaya a celebrar la fiesta porque el petróleo no para de abaratarse, lo que afecta al embarazo de otro preñado psicológico, el venezolano Nicolás Maduro –este embarazo sí es de padre conocido–, que en ocasiones ve complots aunque aún no tiene claro por parte de quiénes, si de los americanos de Obama o los europeos de Draghi.

Me preocupa el estrés emocional de Susana Díaz y que pueda afectar a la criatura que ya crece en su vientre. Dijo Michel Odent, el acreditado obstetra galo, que la principal preocupación de quienes rodean o atienden a una mujer embarazada debería ser velar por su bienestar emocional. Me preocupo por ella y también por lo que le pueda afectar a la criaturita que va a nacer en julio si todo va bien. Por tanto, disgustos a Susana, los precisos. La política no está precisamente para relejarse, con tanta violencia verbal y puñaladas traperas de unos a otros. Además, este año va a ser de una tensión electoral exagerada y ya sabemos lo que ocurre siempre que hay elecciones: que sube el nivel de ataques entre unos contendientes y otros, con eso de que todos quieren solucionarnos los problemas, creando el empleo que no son capaces de crear cuando no hay elecciones y bajando los impuestos que subieron cuando llegaron.

Y a todo esto, para llegar relajados y tranquilos al bautizo tanto del vástago de Susana Díaz como del de Rajoy, ¿por qué los medios de comunicación social españoles no hacen un esfuerzo por afinar en sus datos sobre la situación actual, con independencia de que cada uno defienda los intereses de unos y otros partidos. Ponerse de acuerdo en si se está creando o destruyendo empleo, si mejora de verdad la economía o no, si somos más pobres o más ricos que hace unos años, si nos espera un futuro negro o solo grisáceo o si podemos soñar o no con una sociedad más justa. Y si esto no es posible, esto es, que no se manipulen los datos por intereses de unas empresas y otras y de unos partidos y otros, cuando no de poderes fácticos sin rostro visible, que alguien funde un periódico en el que el medio esté al servicio del ciudadano, que tiene derecho a una información veraz.

El miedo es un arma fundamental que tienen los que mandan en el mundo para dominar al pueblo. La incertidumbre laboral, el riesgo de que puedas perder la casa o, como estamos viendo estos días, saltes por los aires en el metro o en el supermercado, consigue que nos acobardemos y que queramos agarrarnos a un clavo ardiendo, ponernos en sus manos buscando comida, una casa en la que vivir y protección ante la inseguridad. Pero hay algo más que eso y es la necesidad de que los ciudadanos sintamos que estamos bien informados en todo momento, que no seamos solo mercancía electoral. No lo hagan si no quieren por Susana Díaz, que al fin y al cabo es una política más, con sus virtudes y defectos, y sus intereses, sino por el hijo que espera. Por el que esperan todas las embarazadas del mundo. Por los niños ya nacidos y por los que van a nacer. Por el futuro de todos.

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