¿Podemos, si no es mucho pedir?

El resultado de las pasadas elecciones europeas ha sorprendido a algunos, desconcertado a otros y cabreado a unos pocos. Todos esperábamos un duro castigo al partido del actual Gobierno, que al final no ha sido tan duro como merecía. También esperábamos un coscorrón gordo para el principal partido de la oposición, y la verdad es que podía haber sido aún más gordo. Inexplicablemente, aún hay millones de personas que votan tanto a populares como a socialistas, un bipartidismo que ha venido funcionando bien, dándole estabilidad política a España, a los mercados internacionales, con un bienestar social que nunca se había conocido en nuestro país. Pocos lo reconocen ahora, por el cabreo generalizado, pero España empezó a contar en Europa por la alternancia en el poder de estos dos grandes partidos, la derecha y la teórica izquierda. Hoy este bipartidismo es el responsable de todos nuestros males y muchos españoles han dicho que hasta aquí hemos llegado. Se trataba solo de unas elecciones al Parlamento Europeo, pero pueden sacarse ya conclusiones y medio adivinar lo que va a ocurrir en las próximas elecciones. En realidad han sido unas elecciones para medir fuerzas, en las que apenas se ha hablado de Europa, ese lugar que nos coge tan lejos, pero que es donde se fragua todo, lo bueno y lo malo. Más de la mitad de los españoles en edad de votar no lo han hecho y eso demuestra no solo que Europa solo importa para el fútbol, sino la enorme desafección de los ciudadanos a la política y a los políticos en general, algo ya un poco manido pero que es más que evidente. Lo que no acabo de entender bien es cómo hay todavía analistas políticos que continúan defendiendo a tanto estafador y que, encima, se lleven las manos a la cabeza porque un nuevo partido político, Podemos, se haya colado en la política española como lo ha hecho, con solo cuatro meses de trayectoria y menos presupuesto que una peña galguera. Lo más gracioso de todo es que algunos ven normal que millones de españoles sigan confiando en populares y socialistas, a pesar de toda la corrupción y la ruina que tenemos. Y anormal que salga un nuevo partido, de izquierdas y de corte radical, liderado por un joven profesor de Universidad al que ya ven como un enemigo al que hay vigilar de cerca porque amenaza con cargarse el bipartidismo, quitarle votos a la izquierda oficial y hasta acabar con la democracia y las iglesias. Ya se ha dicho que es un fenómeno parecido al de Ruiz Mateos o Jesús Gil. Y hasta hay quien busca un paralelismo entre Pablo Iglesias y la ultraderechista francesa Marine Le Pen, que ha arrasado en su país. Para colmo, el líder de Podemos tiene coleta, lleva chanclas y viste como la gente de su edad. Es un tertuliano de éxito y eso solo se perdona si eres de la casta. Si eres alguien que lucha contra ella, la cosa cambia bastante.

Pablito

Que Pablo Iglesias es un fenómeno mediático es irrefutable, y que domina las redes sociales, lo es también. Pero es mucho más que eso y lo saben muy bien quienes ya lo ven como un peligro, aunque un millón doscientas mil personas lo vean como una alternativa a una izquierda viciada, salpicada por casos de corrupción y más preocupada por el poder que por los problemas de los ciudadanos. La mayoría de quienes componen la lista electoral de Podemos son profesores universitarios, un sector de la sociedad española bastante descontento que enlaza con el de los propios estudiantes. Esa cara nueva, que además iba en la papeleta electoral -algo novedoso, sin duda alguna-, sin pasado político que se le pueda tirar a la cara, y sin patrimonio sospechoso, que ha sabido capitalizar la desafección no solo de personas de izquierdas, sino de estratos de la sociedad  más pudientes, es la nueva esperanza para cientos de miles de españoles, sobre todo para esos nuevos votantes de la izquierda que han dejado de creer en la que ya sufríamos. Tan impactante ha sido el extraordinario éxito electoral de Podemos, que algunos banqueros ya han preguntado que quién cojones es ese de “la coleta” y las chanclas. Cayo Lara, el líder de Izquierda Unida, le ha propuesto ser compañero de viaje para las próximas elecciones generales. Y en el Partido Socialista, quemado el cartucho de Elena Valenciano y con una Susana Díaz que se sale en las urnas, estudian ya dónde encontrar a otro Iglesias, con coleta o no, que les haga salir del pozo. Y los politólogos más prestigiosos hacen sus cábalas sobre si el PSOE girará a la izquierda para ocupar ese espacio al que acaba de llegar Podemos o si regresará al centro-izquierda para capitalizar a los descontentos con un partido quemado por la crisis que no suelta sus complejos y que tiene mugre hasta en las pestañas. Lo importante ahora será ver qué recorrido puede tener este nuevo partido si remite la crisis, se empieza a crear empleo de verdad, se bajan los impuestos y los ciudadanos empiezan a respirar. ¿Será una tormenta de verano o se consolidará como una fuerza política de izquierdas con futuro? En El Cascabel ya lo tildan de “monstruo” y los analistas al servicio del capital no paran de apuntar a su ideología castrista o chavista y de buscar la procedencia del dinero con el que ha financiado su proyecto, si viene de la Venezuela de Maduro o de la Cuba de Castro, porque no es lo mismo que si procediera de la banca. Hace años que dejé de creer en los políticos y ya no me ilusiona ningún discurso. Tampoco el de este profesor comunista, que es un discurso estudiado para capitalizar el descontento de los sectores más castigados de la sociedad, como son los de la clase trabajadora o el universitario. No me gusta. No sé si Pablo Iglesias es como le vemos o un personaje oportunista que reniega de la casta política de la que ya está en nómina. El movimiento se demuestra andando y solo el tiempo desvelará estas incógnitas. Lo que sí sé con seguridad es que los ciudadanos españoles tienen derecho a ilusionarse con líderes políticos nuevos, sean de una ideología o de otra, lleven coleta o gomina, chanclas o zapatos de charol. Si no creyéramos en eso, en la renovación de la ilusión por el cambio, estaríamos dejando de creer en la verdadera esencia de la democracia. ¿Podemos creer, si no es mucho pedir? Aunque nos vuelvan a desilusionar, que será lo más seguro.

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3 Comentarios

  • José Luis Escrito el 31 mayo, 2014 19:34

    Recuerdo a los líderes de la izquierda en los setenta y me recuerdan a este Pablo Iglesias del que hablas. La diferencia física puede estar entre el pelo largo y la pana de Felipe y Alfonso y la coleta y la mochila de este joven profesor; el fondo puede ser el mismo y de la misma manera. El prisma que cambia el chip revolucionario y desradicaliza –válgame el palabro- las intenciones se encuentra en la vida que llevaban antes y en la que llevan a partir de entrar a formar parte de esa casta que hablas. Tiempo y luego hablamos. Un abrazo.

  • enrique Escrito el 12 junio, 2014 14:15

    Sr. Bohórquez, me gustan sus artículos porque como decían de Pablo Iglesias, este de la coleta no, el tipógrafo fundador de la UGT, tienen el timbre inconfundible de la verdad humana. Sobre todos los que pontifican criticando al líder de Podemos le diré que suenan un poco a rancio, que es lo que sobra en la política española. Al bipartidismo le hace falta un toque de atención serio. Radical viene de raíz, y no estaría mal que alguien, de una puñetera vez fuera a la raíz de los problemas, y se saliera de los guiones políticamente correctos. Si es que estamos todavía a tiempo de que la política no haya perdido el partido en beneficio del poder financiero.

    • lagazapera Escrito el 12 junio, 2014 15:17

      A Enrique: Gracias, amigo Enrique.

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