Pedro de Miguel o el arte de disfrutar de lo que le dolía

De Miguel

La Yerbabuena de Las Cabezas de San Juan va dedicada este año -será el día 11 de julio- a uno de los aficionados más grandes que he tenido la inmensa fortuna de conocer, Pedro de Miguel Hermida, quien murió hace tres años. Estaba ya muy enfermo cuando me llamaba a casa bastante preocupado no por su precaria salud sino por el camino que estaba tomando el flamenco, sobre todo los festivales de verano. Él fue quien creó La Yerbabuena de Las Cabezas en compañía del pintor local Juan Brito, que aún vive y está tan fresco como una rosa. Pedro de Miguel era un aficionado sabio y exigente, que huyó siempre del cante, el toque y el baile comerciales. Nació en Las Cabezas el 29 de junio de 1927, en plena Ópera Flamenca, del matrimonio formado por Juan de Miguel, soriano, y la lebrijana Valentina Hermida. Estudió en Jerez de la Frontera y era una persona enamorada del arte en general, sintiendo verdadera debilidad por el flamenco, los toros, la pintura y la escultura, artes que apoyó siempre desde su responsabilidad de concejal y corresponsal del diario ABC de Sevilla. Pedro de Miguel necesitaba embriagarse cada día con el pellizco gitano de los artistas de Utrera y Lebrija, con los Peña, o de los del propio pueblo de Las Cabezas. No era un flamencólogo ni jamás lo pretendió, sino un aficionado al que le gustaban las reuniones de cabales, hablar de cante en una taberna o en el patio de alguna casa de Lebrija, Utrera o Jerez. Era un hombre culto, de una cultura del pueblo, educado y extraordinariamente amable. Un hombre que tuvo siempre muy claro que había que apoyar un flamenco genuino, natural, a los cantaores honestos y responsables, aquellos que no se olvidaban del legado de los grandes maestros. Por eso, quizás, era tan partidario de los gitanos, porque conservan celosamente el legado de sus mayores. Sin embargo, en las muchas charlas que tuvimos jamás le escuché criticar a los artistas más comerciales. Se limitaba siempre a refregarse por la piel el cante, el baile y el toque que le emocionaban, lo que le dolía en el alma, sin entrar en juicios de flamencólogos. Era capaz de alcanzar el éxtasis viendo bailar y cantar a Miguel el Funi o escuchando a María la Perrata en La Caracolá. Le gustaban los guitarristas que no picaban como los pollos, sino aquellos que tocaban con alma y cuyas notas sabían a vino de solera. Adoró siempre a Pedro Peña y al infortunado Pedrito Bacán, de Lebrija, que eran como sus hermanos. Y le encantaba el baile lento, sin carrerillas, jondo…, las bailaoras y los bailaores que sabían plantarse bien sobre un escenario y que no vendían la moto. Era un enamorado del baile de pellizco, de las bailaoras que sabían marcar con arte y mover los brazos con gracia y sin más técnica que la natural. Y como esto era lo que le gustaba y le conmovía, cuando en los años setenta creó La Yerbabuena procuró por todos los medios ser coherente con sus ideas. Recuerdo que una noche en la que fui a escuchar a José el de la Tomasa y a Pedro Peña en Trebujena, se unió a nosotros en Las Cabezas. Al llegar al pueblo entramos en un bar a tomar unas cervezas y me ofreció probar algo que no había probado jamás: angulas. “Prueba esto, que te va a gustar”, me dijo, pero sin decirme lo que era. Pensé que eran fideos, los probé y reconozco que no me fié de comérmelos. Él me preguntó que si no me habían gustado y mi respuesta lo dejó patidifuso: “Es que a mí los fideos tan picantes no me gustan”. Y estuvimos toda la noche riéndonos. Que Las Cabezas lo esté homenajeando estos días y le haya concedido la Yerbabuena de Plata, es no solo un acto de justicia, sino un motivo entrañable para recordar a un hombre que quiso y amó a su pueblo por encima de todas las cosas, y del que nunca quiso irse.  El día 11 de julio va a ser una noche muy especial en Las Cabaezas. Y Pedro de Miguel nos estará viendo desde el cielo con su sombrerillo de palma y esa mirada tierna de hombre cabal del Sur.

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2 Comentarios

  • Estela Zatania Escrito el 4 julio, 2014 15:02

    Manuel, conocí bien a Pedro de Miguel, y confirmo y suscribo a todo lo que dices de él. Grandísima persona y humilde aficionado. Estaba entusiasmado con mi proyecto de las gañanías, y me ayudó mucho contándome cosas de los cortijos de Gibalbín, y llevándome a conocer a familiares de Juaniquí y otras personas clave. Qué bien que Las Cabezas se acuerde de él en esta ocasión.

  • Javier jimenez bereguinal Escrito el 4 julio, 2014 17:02

    Felicidades por plasmar el alma de pedro en este tan bonito articulo, todos los que lo conocíamos sabemos que el no quería que se le diera la yerbabuena, el era así, pero sin duda se hace justicia al fundador de este gran festival, sera una yerbabuena inolvidable para su familia y para todos sus amigos.

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