¿Para cuándo un detalle con Chacón?

Al joven cantaor Antonio Campos

Primera fotografía conocida del maestro

Primera fotografía conocida del maestro

Hace años que venimos pidiendo un detalle con Don Antonio Chacón por parte de la Junta de Andalucía, como, por ejemplo, editar sus obras completas, ahora que se ha cumplido un siglo de sus primeros discos. Habría que declarar su obra discográfica Bien de Interés Cultural, como se hizo con Pastora y se quiere hacer con Mairena.

Estamos ante el cantaor menos discutido de la historia del cante flamenco. Si tuviéramos que buscar una personalidad cantaora de la misma importancia, entre las mujeres que han cantado, para compararlo, sería la Niña de los Peines. Y cuando le preguntaban a la artista gitana por el genio de Jerez, en ninguna ocasión le regateó elogios:

En lo suyo fue único. Cantó mejor que nadie por malagueñas. Yo he llorado escuchándole. ¿Usted me ve oyendo a Pepe?. Pues aquello era otra cosa….

No sólo fue el mejor por malagueñas y cantes de levante o mineros. En lo demás, con el permiso de Pastora, Chacón fue también punto y aparte, porque muy pocos han tenido sus facultades. Fernando el de Triana nos dejó escrito por qué era el Papa del Cante, en Arte y artistas flamencos:

Su voz era de una melodía extraordinaria; su modulación, facilísima, y tanto las notas graves como las agudas las ejecutaba con una sonoridad encantadora.

Puso de acuerdo a gitanos y a payos, a músicos y a pintores, a toreros y a políticos, a poetas y a mafiosos, a cantaores y a bailaores. Los gitanos, que no se han significado precisamente por reconocer la importancia de los cantaores blancos, eran los primeros que lo adoraban y reconocían públicamente su soberanía. Para el Borrico de Jerez, Chacón fue el padre del cante flamenco; para Caracol, la máxima autoridad del género; para Juan Talega, siempre cantaba divinamente; para Pastora Imperio, el mejor que había oído en su vida; Para Pepe Torre, un artista de una vez, que las daba todas; para Ramón Medrano, un órgano perfecto que sabía manejar todas las teclas y a cada una daba un sonido exacto; para El Gallina, un terreno difícil de pisar; para Juana la Macarrona, el único que le hacía aguantar la respiración; y para Ramón Montoya, el amo de todos los cantes flamencos. Pero sobre todo, y aunque nunca fue un cantaor de masas, Chacón tuvo el reconocimiento del pueblo, de los aficionados, que le llamaban Don Antonio Chacón para distinguirlo de los demás. Sin él y su valiosa obra, el cante no tendría la riqueza que hoy tiene, porque además de un intérprete que supo beber en el hondo y ancestral pozo de la tradición musical andaluza, con todas sus influencias socioculturales, Chacón fue un creador, un músico dotado de una técnica tal que le permitió fijar modelos y estilos, creando una escuela que aún subsiste y que se nos antoja una base imprescindible para cantar bien.

Chacón en un catálogo de cilindros.

Chacón en un catálogo de cilindros.

Origen familiar algo confuso

Su origen familiar no está aún claro, a pesar de todos los esfuerzos llevados a cabo por su biógrafo, el escritor madrileño José Blas Vega, desde mediados de los años sesenta. En una conocida entrevista que le hizo El Caballero Audaz en 1921, Chacón dice que nació en 1865 en el número 60 de la calle Sol, en Jerez de la Frontera. Siempre se había tenido por bueno este dato, por venir del propio artista. Sin embargo, al final se supo que había engañado al célebre escritor y novelista, seguramente por negar la evidencia de una vejez prematura, como bien apunta Blas Vega.

Tras una ardua tarea de rastreo por parroquias, juzgados, oficinas de empadronamientos y otros archivos, por parte de varias personas, se supo que en realidad había nacido el 16 de mayo de 1869. Y que era hijo de Antonio Chacón Rodríguez y de María García Sánchez, una pareja de hecho, puesto que cada uno de ellos estaba separado de su correspondiente cónyuge y vivían juntos en la calle Sol, que está en el Barrio de San Miguel de la famosa ciudad gaditana.

Hijo de un zapatero remendón de Bornos (Cádiz), y de una jerezana, Chacón conoce pronto la precariedad económica de los pobres y desde muy niño ayuda a su padre en la zapatería, trabajo al que jamás le tuvo estima. Lo que de verdad le atraía era perderse por las estrechas callejuelas del barrio para escuchar a los cantaores de la época en las tabernas y fiestas íntimas de corrales y reservados. En la entrevista ya aludida, de El Caballero Audaz, confiesa que cantaba desde niño:

Yo creo que canto desde antes de empezar a hablar claramente; cuando yo niño, Jerez era la Meca del arte flamenco. Se aprendía a cantar y a bailar al mismo tiempo de ir a la escuela, y no se hablaba más que de Silverio, Curro Dulce y el Loco Mateo.

En otra entrevista, que le hace el famoso periodista Galerín en 1922 para El Liberal de Sevilla, en una casa de la sevillana calle Santa Ana, en plena Alameda de Hércules y en presencia del dibujante Lafita, los guitarristas Amalio Cuenca y Ramón Montoya, y el entonces niño Manolito Caracol, el periodista le pregunta que cuándo y cómo comenzó a cantar, respondiendo lo siguiente:

No me acuerdo, la verdad. Llevo cantando más de cuarenta años. Empecé en Jerez cuando tenía trece ó catorce años. Sólo cantaba entonces soleares y seguiriyas gitanas. A los quince marché por los pueblos, acompañado por el hoy excelente tocaor Javier Molina y su hermano que bailaba. Todas esas excursiones se hacían andando (…) Luego fui a Cádiz, y de Cádiz a Sevilla, el mismo año que mataron al Canario en el puente de Triana. Y regresé de nuevo a Jerez. Me asustaba Sevilla, tan grande….

Su primera gira por los pueblos

En efecto, Chacón se junta con los hermanos Molina en 1881 y recorre con ellos una gran cantidad de pueblos, desde Arcos de la Frontera, que fue el primero que visitaron, hasta Medina Sidonia, donde ya decidieron volver a Jerez para descansar y tirar cada uno por su camino. Estuvieron en infinidad de pueblos de Cádiz, Sevilla, Extremadura y Huelva, cantando en casinos y tabernas, durmiendo en posadas y comiendo donde podían. Les ocurrió de todo, pero a Antoñito Chacón le sirvió el viaje y la experiencia para madurar como hombre y artista, ya que conoció a muchas personas, sobre todo a viejos aficionados al cante andaluz de quienes que aprendió una gran cantidad de músicas que hasta entonces no había escuchado, porque aún no existía la discografía. Además, conoció en Huelva a un viejo cantaor jerezano, Salvaorillo, con el que mantuvo una gran amistad hasta su muerte. Convertido ya en todo un mozo y en un cantaor que prometía, Silverio Franconetti lo hace debutar en Sevilla, en su famoso café cantante de la calle Rosario, después de que gustara en El Filarmónico, otro importante café de la época. En el Café Silverio cantó durante nueve meses seguidos, al parecer porque lo engañó a la hora de redactar el contrato, según le confesó a Galerín en 1922:

Me dieron coba. Yo creo que enmendaron el contrato, y donde decía un mes pusieron un nueve, y canté en el Silverio nueve meses seguidos. De Silverio pasé a Málaga, al Café Siete Revueltas, con cinco duros diarios. Esto fue en el año 87. Trabajé un mes y volví a Sevilla, al Burrero, al café de la escalerilla, en calle Amor de Dios y Tarifa. A los dos meses, otra vez a Málaga, al café Chinita, ya con ocho duros. Por cierto que cantaba antes en un café que no era cantante, El Universal, donde cobraba catorce duros diarios. Recuerdo que la Prensa de allí me decía “bandido” porque cobraba veintidós duros diarios. ¡Y hoy gana cualquier grillo en un tablado doscientas pesetas, y más!.

Chacón y Javier Molina en una fiesta en Tomares (Sevilla), con Bombita y Belmonte, sobre 1912.

Chacón y Javier Molina en una fiesta en Tomares (Sevilla), con Bombita y Belmonte, sobre 1912.

Chacón en Sevilla

La etapa más brillante de Chacón fue la de Sevilla, ciudad a la que llegó con sus padres dispuesto a convertirse en el rey del cante, una vez que Silverio vivía sólo dedicado a su café de la calle Rosario. El joven cantaor jerezano tuvo la gran suerte de llegar a la capital de Andalucía en una época de muchos e importantes cafés cantantes, donde triunfaban destacados artistas de distintos puntos del sur de España, como eran Fosforito de Cádiz, El Perote, La Trini, Juan Breva y el infortunado Canario, que fue asesinado en el puente de Triana precisamente cuando Chacón llegó a Sevilla para instalarse definitivamente, en 1885, según le dice a Galerín. Chacón se hizo pronto el amo del cante, compitiendo primero con Fosforito el viejo, y algo más tarde, con otro genio de Jerez, Manuel Torre. Éste, como cantaor gitano que era, y de las escuela de los raros (El Nitri, El Marrurro, Frijones…), representaba el cante de pellizco, de inspiración, y Chacón la perfección musical, la creatividad, la seguridad, el estar siempre a buena altura. Los dos dividieron pronto a los aficionados de media España y fijaron el cante tal y como lo conocemos en nuestros días, aunque con los lógicos cambios evolutivos del paso de los años.

Chacón en Madrid con Ramón Montoya a la guitarra.

Chacón en Madrid con Ramón Montoya a la guitarra.

Conquistada Sevilla, donde vivió con sus padres algunos años, y donde ayuda a introducir el cante, como concierto, en los mejores teatros de la ciudad en estrecha colaboración con la Niña de los Peines, que empezaba, decide afincarse definitivamente en Madrid como habían hecho Manuel Escacena, Fernando el Herrero, El Macareno y, entre otros, Pepe el de la Matrona, a la sazón discípulos suyos. Y en Madrid se hizo de nuevo el dueño de los ambientes flamencos, siendo considerado por todos como el verdadero rey de los cantaores, y reconocido como algo más que un cantaor al uso por aristócratas, artistas, escritores, poetas y políticos de fama. Aunque en 1922 le dice a Galerín que en Madrid se huye del flamenquismo, y que se detesta a los flamencos, lo cierto es que la capital de España encumbró al cantaor jerezano y lo miró como algo muy especial. Tan mal no le iría en la Villa y Corte, cuando tomó la decisión de acabar allí sus días, siendo siempre el cantaor mejor pagado de las fiestas de Fornos, Los Gabrieles y Villa Rosa, es porque encontró al final su sitio. Y desde Madrid, su cuartel general, se desplazaba muchas veces a Andalucía, bien para participar en fiestas del alto rango, para actuar en teatros, o por el simple hecho de gozar de unos días de descanso con los muchos amigos que dejó en Sevilla, ciudad en la que vivió algunos años, y en distintas calles: Tinaja, Cañaverería, Mendoza Ríos, y en Trajano, donde tuvo una pensión que regentaba su esposa, Ana Ariza Urbano, una malagueña de gran belleza con la que no tuvo hijos.

El ocaso de su vida

Don Antonio Chacón nunca quiso cantar en grandes recintos, sobre todo si éstos eran al aire libre. Pero lo tuvo que hacer el último año de su existencia, posiblemente obligado por las necesidades económicas, que se acentuaron en el ocaso de su vida, aunque siempre vivió como un verdadero señorito. Vedrines, el agente artístico más influyente y poderoso de la época, creador de la ópera flamenca, estuvo algún tiempo intentando convencerlo para que encabezara el cartel del siglo con la Niña de los Peines y Manuel Vallejo, las dos figuras de aquel tiempo, además de José Cepero, el Chato de las Ventas, el Niño de Sevilla, Barnardo el de los Lobitos y el guitarrista Ramón Montoya, entre otros. Sólo un sueldo muy alto para la época, 1000 pesetas por noche (el contrato era para más de veinte funciones, lo que suponía un dineral), logró convencer al viejo artista y al final decidió cantar en las plazas de toros, cometiendo, sin duda, el gran error de su vida, porque la experiencia no fue buena. Chacón debió haber tenido en cuenta que una cosa era trabajar en fiestas para buenos aficionados, que sabían valorar su grandeza cantaora, y otra bien distinta, hacerlo para el gran público, para esa masa de gente que pagaba una entrada, en la mayoría de los casos, para escuchar al ídolo de moda y no a una especie de catedrático del cante andaluz, que al final de sus días, de una carrera repleta de éxitos, soportó los abucheos de quienes sólo entendían los gritos desafinados de Guerrita y los chistes de Rovira, el bailaor cómico del magno espectáculo que recorrió las principales ciudades de España en el verano de 1928.

El Papa del Cante Flamenco falleció en su domicilio de la madrileña calle Toledo el 21 de enero de 1929, a las catorce horas. Antes de morir le dijo a su esposa Anita que, llegada la fatal hora, le metiera en la caja una fotografía de Silverio Franconetti que tuvo muchos años en su mesita de noche, como prueba de cariño y admiración. Con esa pasmosa serenidad y dignidad humana se fue el cantaor más grande de todos los tiempos, al que sólo han discutido cuatro osados y otros cuatro ignorantes.

Su obra discográfica

disco3La obra discográfica de Don Antonio Chacón no es tan completa, en cuanto a número de cantes registrados, como las de la Niña de los Peines, Manuel Vallejo o Pepe Marchena. Grabó en total cincuenta y ocho estilos, sin contar los rulos fonográficos, de los que poco se sabe: catorce malagueñas, diez cartageneras, ocho seguiriyas, seis tientos, cinco granadinas, cinco soleares, tres caracoles, tres medias granadinas, dos mineras, un mirabrás y una milonga. Nunca vamos a saber cómo cantaba la saeta, la caña, la bulería, la petenera, el garrotín, la farruca, el fandango y los cantes a palo seco: tonás, martinetes y deblas. ¿Por qué no grabó estos cantes en pizarra y sí la milonga argentina y los caracoles, estilos que significan poco en el cante jondo? Seguramente, como le ocurrió a otros cantaores de su tiempo (Manuel Torre, Tomás Pavón, Manuel Escacena…), Chacón no tuvo nunca conciencia de la importancia que alcanzarían sus discos de pizarra, que le dieron tan pocas satisfacciones, aunque sí mucho dinero. De haber sabido el valor que alcanzaría su obra grabada con el paso del tiempo, entre los entendidos y artistas del cante, estamos seguros de que habría ampliado su producción discográfica mucho más, de lo que se habría beneficiado el cante andaluz, que experimentó un gran progreso, en cuanto a técnica interpretativa, con su concurso. Cuando se afirma hasta la saciedad que Chacón era un gran intérprete del cante de levante, malagueño y granadino -tarantas, cartageneras, malagueñas y granaínas-, parece que se le está restando méritos en los llamados cantes básicos, como la seguiriya y la soleá. Será porque aún existe la creencia de que no se puede ser un gran seguiriyero sin ser gitano. Recordemos que, en su entrevista con El Caballero Audaz, el mismo Chacón llegó a declarar que de niño sólo cantaba soleares y seguiriyas. Entonces, en el último tercio del siglo XIX, era lo que se cantaba en Jerez y en otros puntos de la geografía flamenca como Cádiz, Triana o los Puertos. Cuesta entender que a un intérprete de la calidad musical del jerezano, que hacía estos cantes desde su más tierna infancia, y que los aprendió de verdaderos genios como Enrique el Mellizo, el Loco Mateo, Manuel Molina, Salvaorillo, Curro Dulce y Silverio, se le resistiera la seguiriya. Y lo mismo podemos decir de la soleá. Otra cosa bien distinta es que comunicara más o menos emoción, algo que ya entra en el terreno de lo subjetivo. Pero en lo meramente artístico, Chacón era un extraordinario intérprete de la soleá y la seguiriya. Aunque creara escuela en otros estilos, como las malagueñas, granadinas y cartageneras, donde hizo cosas todavía no superadas.

El Pinto y Pastora Pavón, dos grandes admiradores de Chacón. Fotografía inédita.

El Pinto y Pastora Pavón, dos grandes admiradores de Chacón. Fotografía inédita.

El testimonio de Pastora Pavón

Chacón izo mucho por la conservación del cante puro, y en su lucha contra el mal gusto del gran público, sufrió mucho; los últimos años de su vida fue abundantemente silbado por no rebajarse a adaptar su repertorio, que era un tesoro de tradición, a los imperativos de la moda. Yo iba capeando el temporal y con un poco más de transigencia, sin olvidar lo que es el cante viejo y cultivándolo por poco que el ambiente lo permitía.

Revista Mirador de Barcelona.

Julio de 1934

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6 Comentarios

  • Faustino Escrito el 11 febrero, 2010 15:38

    Si Chacón hubiese registrado su obra como Malagueña opus 1, opus 2, … granaína opus 8, cartagenera opus 12, sus herederos estarían ricos y ya le hubieran rendido los honores pertinentes. ¿Qué cantaor no ha cantado y canta por Chacón? Con Don Antonio la injusticia es supina, lo que significó para el repertorio de cante, creador y recreador inmenso, lo que de él comentaron los flamencos más imponentes, sin duda la más gorda de todas las que se cometen contra la música de tradición oral más importante de Europa. Si fuera francés tendría una calle lindando con la Ópera de la Bastilla. ¿Qué decir? Que gracias por recordarlo. Saludos

  • La gazapera Escrito el 11 febrero, 2010 17:01

    Como siempre, amigo Faustino, contundente e incontestable. Es una pena que tengamos que estar recordando lo importante que fueron (que son) estos grandes artistas.
    Saludos.

  • Lourdes Gálvez del Postigo Escrito el 15 junio, 2010 10:05

    Manolo, he leído en alguna parte que Chacón era hijo de madre soltera, de Bornos, y que lo dio en adopción a los que se consideran sus padres ¿qué hay de cierto? ¿se sabe algo al respecto?

    • lagazapera Escrito el 15 junio, 2010 12:31

      Blas Vega hizo una magnífica biografía de Chacón y en ella se da mucha información. Hace años que leí esa biografía, pero parece que, en efecto, era he padres desconocidos y lo adoptaron un zapatero de Bornos y su esposa, que era de Jerez. Los encontré empadronados en Sevilla, en 1888, y ahí hay datos curiosos que un día daré a conocer.
      Un abrazo, Lourdes.

  • Lourdes Galvez del Postigo Escrito el 15 junio, 2010 19:43

    Qué interesante! Gracias
    Un abrazo

  • Revitol Hair Removal Cream Escrito el 30 marzo, 2011 17:34

    Hoy en dia hay muchas paginas con contenido generico, pero despues de haber revisado la tuya tengo que decir que es algo diferente. Que sigas haciendo ese buen trabajo

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