“¿No te cansas, Dios mío?”

Madre

Uno puede tener más o menos ganas de vivir, unas veces más y otras menos, depende del estado de ánimo y la situación de cada cual. La vida es maravillosa y solo nacemos una vez, que se sepa. Tengo muchos motivos para celebrar que aún estoy vivo y hago todo lo humanamente posible por disfrutar de lo que me gusta, de la familia y de los amigos, del campo y de los animales, de las aficiones y el trabajo, que en mi caso es también una afición que adoro. Sin embargo, desde hace años llevo muy mal las pocas ganas de vivir que tiene mi madre, de 87 años de edad y postrada en una silla de ruedas. Tiene todo lo que necesita para querer seguir viviendo: una casa, tres hijos que la cuidan y sus necesidades cubiertas. Pero no pasa un día sin que nos diga que no quiere seguir viviendo. ¿Qué podemos hacer en un caso así? ¿Se puede hacer algo cuando alguien no quiere vivir? ¿Hay algo más doloroso que alguien a quien quieres con toda tu alma te diga que quiere irse ya de este mundo? Mi madre no ha tenido una vida fácil. Perdió a su madre con solo 11 años de edad y cuando se casó, con 28, en cinco años tuvo tres hijos y enviudó. No eran unos tiempos fáciles y pasó las fatigas de la muerte para sacarnos adelante. Nunca quiso rehacer su vida con otro hombre, seguramente porque adoró a mi padre. Tampoco ahora quiere dejar su casa, una casa que hicimos entre todos con mucho esfuerzo ladrillo a ladrillo. Se quiere morir en ella. Y se quiere morir ya. Cabezota e independiente, piensa que es una carga para sus hijos, algo que les pasa mucho a las personas mayores. ¿Cómo podría meterle en la cabeza lo necesaria que es aún para nosotros, que se deje querer un poco más, que entienda lo importante que sigue siendo? No resulta nada fácil. Y creo que es porque mi madre nunca ha sido feliz, y si lo ha sido alguna vez no ha sido consciente de que lo era. Piensa que no merece serlo, que es aún peor. Y nadie en este mundo merece más la felicidad que mi madre, una luchadora nata a la que la vida no la ha tratado con justicia. Creyente, aunque llena de dudas, alguna vez la he oído hablar para ella, en voz baja, y preguntarle a Dios: “¿No te cansas, Dios mío?”. Y eso mismo me pregunto yo a veces: ¿No te cansas, Dios?

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5 Comentarios

  • José Ignacio Primo Escrito el 30 enero, 2014 12:24

    Manolo, tu artículo rezuma amor por los cuatro costados. Te envio unos versos del poeta y amigo Claudio Rodríguez, hoy cumpliría 80 años, falleció hace 14 años. También amó y sufrió, su obra da buena fe de ello. Espero que te sirvan de refugio, abrazos.
    Qué verdad,qué limpia escena
    la del amor,que nunca ve en las cosas
    la triste realidad de su apariencia.

    • lagazapera Escrito el 30 enero, 2014 12:40

      A José Ignacio Primo: Gracias, amigo, por esos versos y por tu amable y cariñoso comentario. Un abrazo.

  • Francisco o Paco Escrito el 31 enero, 2014 17:49

    Manuel veo tu amor por ella y estoy seguro que ella siente un amor muy grande por vosotros pero hay situaciones que hacen pensar de esa forma en especial aquella personas que tiene dolores o como tu madre que no tiene movimiento para poder ir donde ella quiera aunque sea a la habitación de al lado, Manuel te digo esto porque yo, que tú sabe mi problema el te puedo decir que esta totalmente controlado, pero tengo un problema que me ha venido depues, no puedo salir a la calle porque tengo dolores atroces en las piernas, te cura de una cosa y te joden otra. Manuel no te puede dar una idea de los malos pensamientos mios y por eso comprendo a tu madre, pero tambien te comprendo a ti por tu amor hacia ella. Un abrazo Manuel

  • Quino Castro Escrito el 3 febrero, 2014 14:11

    Que difícil es escribir de lo de uno. Todo un ejercicio de sinceridad por parte de tu madre por decir lo que piensa y tuyo por escribirlo. Mi padre también solía pedir el fin, recuerdo que, en su confusión, solía decir: Dios mío! muéreme ya.
    Un abrazo, Manuel.

    • lagazapera Escrito el 4 febrero, 2014 01:00

      A Quino Castro: Un abrazo, cuánto tiempo. Gracias.

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