No está todo perdido

A Ángel Vela Nieto

El pasado sábado presenté mi último libro, El cartel maldito, en la Peña Flamenca de Nerva, que lleva mi nombre desde hace mucho tiempo, de lo que me siento orgulloso de verdad. Es algo que tengo que agradecerle a mi gran amigo Pedro Ordóñez, creador de la entidad y padre de la idea de que fuera la primera peña flamenca del mundo en llevar el nombre de un crítico de flamenco. Si hay otra que no conozca estaría encantado de saberlo, queridos seguidores de La gazapera. Pero no les voy a entretener con mi peña flamenca, sino con otro asunto. Me he quedado gratamente sorprendido de la cantidad de jóvenes que han ido al acto y que han comprado el libro. Especialmente unas jóvenes cantaoras de Huelva, adolescentes. Me ha llamado la atención por la sencilla razón de que los artistas son los que menos libros de flamenco compran, quizás porque lo sepan ya todo y no quieran saber nada más. Salvo excepciones que están en la mente de todos, los artistas no son los que más saben de flamenco. Omito nombres por razones obvias, pero se quedarían turulatos si contara algunas anécdotas. En una ocasión me preguntó una figura del cante sobre la paternidad de un estilo de fandango que él solía hacer mucho, sin saberla. Pensando que quería examinarme -algo muy propio de los que no saben casi nada-, le dije un nombre simulado, pongamos por caso, El Niño de la Frasca. Y el tío va a ahora por todas partes diciendo: “Voy a cantar los fandangos del Niño de la Frasca”. Como esta anécdota, un montón. La mayoría de los artistas flamencos van a explotar un don y a ponerse ricos, seamos sinceros. El cantaor Luis de Córdoba, al menos, patrocinaba un premio literario –desconozco si aún lo hace–, algo verdaderamente loable en estos tiempos que corren. Ahora, de Hacienda, del IRPF y del IVA, saben la tira. Estando una tarde en la oficina del representante Antonio Montoya, escuché que le pedía un cantaor puntero: “Quiero hacer pocos festivales, cobrarlos muy bien y declarar mientras menos mejor”. El mismo cantaor me dijo una vez que tenía los seis cantes que grabó Manuel Escacena, cuando, como sabemos, el maestro sevillano impresionó un mínimo de cincuenta. Y el cantaor de marras es de los que pasan por estudiosos y cultos. Naturalmente, los hay que saben y que se preocupan por la parte cultural del arte jondo. Pero créanme si les digo, que se pueden contar con los dedos de una mano. Por eso me ha llamado la atención que unas cantaoras adolescentes hayan ido a la presentación de un libro y lo hayan comprado. Lo hacen habitualmente, según me dijeron ellas mismas. Esto me anima a seguir escribiendo y a hacerlo por puro amor al arte.

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6 Comentarios

  • Ángel Vela Escrito el 17 enero, 2010 10:18

    Muchas gracias, Manolo, por la dedicatoria. Y me alegro de que al menos haya un lugar en el que se reconozcan la labor y los conocimientos de los críticos de flamenco, tanto como para ponerle el nombre de uno, el tuyo, a una peña. Cuanto más leo y escucho de flamenco mejor cuenta me doy de que es una asignatura inabarcable, la más complicada -también enrevesada y resbaladiza- de cuantas existen en la “carrera” de la música. Por eso mi admiración por todos ellos, aunque, claro está, algunas veces no escuchemos en sus voces lo que nos gustaría escuchar. Pero esto no resta ni un ápice a lo dicho anteriormente. Gracias por todo.

  • Manuel Bohórquez Escrito el 17 enero, 2010 10:29

    Gracias a ti compañero por llevar tantos años luchando por Triana, donde tan feliz fui durante años, cuando vivía en el barrio Voluntad. El Mimbre me dijo una mañana en la taberna de Joselito Lérida, que nunca sería un trianero aunque viviera allí cuarenta años. Sólo viví seis y llevo a Triana en el corazón. En la actualidad voy muy poco al barrio, pero habrá que poner remedio a esa lejanía porque es el lugar más bonito y auténtico del mundo. Y habrá que esforzarse más en cantar su historia, en recordar a sus artistas, en pregonar su importancia en el mundo del flamenco, pocas veces ponderada.
    Feliz domingo, compañero.

  • Ángel Vela Escrito el 17 enero, 2010 20:38

    Amigo Manolo: Me veo en la necesidad de decir que en la historia de Triana ha habido muchos trianeros ejemplares a los que no le ha hecho falta nacer en su seno: trianero y sevillano es cualquiera que que ame a esta ciudad o a este singular apéndice de ella. Recuerdo que una tarde regresamos juntos, tú y yo, a Triana después de participar con palabras en un homenaje a El Mimbre, precisamente, en la Buhaira; fue la última actuación de este extraordinario bailaor; la ocasión sirvió para, en una larga caminata, poner al día -de aquella fecha- nuestra amistad. Mi abrazo.

  • lagazapera Escrito el 17 enero, 2010 21:00

    Lo recuerdo, claro. El Mimbre me dijo aquello tomando copas, pero no le di importancia alguna. Yo con 13 años ya trabajaba en Triana y con cuarenta vivía en el barrio y respiraba su aire y paseaba por sus calles y vibraba con su arte. Estoy de acuerdo contigo. La verdad es que me siento siempre de donde estoy a gusto. De Ávila, por ejemplo; de Sanlúcar de Barrameda; de Mairena del Alcor, donde vivo ahora; de Almería, sobre todo de la Isleta del Moro. Triana se caracteriza por su hospitalidad. Además de por otras muchas cosas.
    Gracias, Ángel.

  • Carmen Arjona Escrito el 18 enero, 2010 00:31

    ¡Ole, ole y ole! Viva la cultura y el flamenco.
    Aprovecho este comentario para recitaros virtualmente el poema que me ha traído hoy mi sobrino Miguelito. Son deberes del cole:

    Mi guitarra Sofía
    toca que es una alegría.
    Sabe tocar flamenco
    y música del momento.
    Se pasa todo el día
    tocando por bulerías.

    ¡Toma ya!
    Amigo Bohórquez, nada está perdido. Algo bueno tiene que salir, por fuerza.

    (Disculpadme si me patina el cerebro, pero es que yo con los pequeñajos pierdo pie).

  • Manuel Bohórquez Escrito el 18 enero, 2010 09:20

    ¡Qué arte! No sabemos la edad de Miguelito, pero ahí hay madera. Claro que no todo está perdido. Siempre se abre una puertecita.

    Tu sobrino Miguelito, ¡mira qué arte!
    Tocando la guitarra por bulerías.
    ¡Arza y toma, pastillas de goma!
    ¡Qué bien suenan las cuerdas de la Sofía!

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