Monarpublicanos o repumonárquicos

Una cosa que me encanta de España es la emoción con la que los partidos de la oposición reciben cada mes los datos del paro, que empiezan a ser de creación de empleo, aunque mi consejo es que no comiencen ya a consumir como locos porque son todavía modestos. Sé de buena tinta que hasta hacen barbacoas domingueras para celebrarlos. No sé en otros países, pero en España ocurre este extraño fenómeno: van todos a una a la hora de luchar por los intereses de los ciudadanos. En el Partido Popular, por poner un ejemplo, están encantados con el tirón electoral de Susana Díaz, que ya adelanté aquí hace unos meses que iba a suceder: “Los andaluces van a confiar en ella”, dije. Cada vez que Soraya Rodríguez comenta algo sobre el Gobierno de la nación, algo bueno, es increíble su expresión de alegría y satisfacción. Y ocurre igual con Carlos Floriano, de la otra acera -política, cuidado con las malas interpretaciones-, un hombre que se distingue por reconocer sin complejos los valores de la oposición. Algunas veces hasta he llegado a pensar si no será un socialista infiltrado en el partido conservador para dinamitar los cimientos ideológicos de la rancia derecha española.

Dios los cría y ellos se juntan

En las tabernas de los pueblos ocurre lo mismo. Por lo general, los clientes de las tabernas suelen ser trabajadores del campo, del metal o de la construcción. Por tanto, son casi todos de izquierdas, aunque siempre hay alguno que se ha salido del carril. Si quieren saber lo que es la tolerancia y el civismo, y el entendimiento entre convecinos, visiten alguna vez una de estas tabernas. Me maravilla cómo se diferencian de los representantes del pueblo en el Parlamento de la nación o el de Andalucía. Hace unos días, en una taberna cercana a mi casa, en Mairena del Alcor, uno de esos escasos obreros de derechas estaba viendo a Susana Díaz en Canal Sur -es raro verla en el canal autonómico, pero a veces se equivocan y se les cuela- y soltó esta perla: “¿A esa es a la que le hemos pagado entre todos los andaluces un curso para aprender a hablar y una liposucción?”. Me quedé turulato, aunque en esta taberna sintonizan por las noches El Cascabel y siempre hay sobre el mostrador un diario de tirada nacional hecho en Madrid. Por tanto, el señor estaba muy bien documentado. Nada como este programa y este diario, El Mundo, para que los andaluces estén bien informados y no sean manipulados. Otra cosa que me maravilla de nuestro país es el respeto que tenemos todos por las ideas de los demás, sean políticas o religiosas. No digamos ya si tienen que ver con el fútbol, los toros o el flamenco. No sé si saben la anécdota ocurrida con un conocido párroco de Santa Ana, cuando unos enfervorizados entusiastas de Belmonte le pidieron el paso de la Virgen para llevar en procesión a El Pasmo de Triana por las calles del arrabal y celebrar de esa manera el éxito de una corrida. El cura montó en cólera y los expulsó del templo, diciendo: “¡Habrase visto! A dónde vamos a llegar. Si por lo menos fuera para llevar en procesión a Joselito el Gallo”.

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Pero es en los asuntos de la política donde peor se entienden los ciudadanos, quizás por nuestra propia historia, con casi una decena de guerras civiles, la última todavía relativamente cercana en el tiempo e inacabada. Lo hemos visto estos días con la abdicación del rey de España, que ha convulsionado a la sociedad. Monárquicos y republicanos se han enfrascado en terribles trifulcas dialécticas en las televisiones y en las calles, que es lo que ha ocurrido también en otros países de Europa. Así que no sé de qué se asombran algunos. España es un país de desagradecidos. Los ciudadanos lo somos entre nosotros mismos. Somos criticones por naturaleza, poco tolerantes con las ideas de los demás y muy soberbios y prepotentes con las nuestras, que son siempre legítimas y geniales, claro. Si yo soy de izquierdas, al de derechas hay que matarlo, o al revés. Si no soy creyente, el que va a misa o a ver una procesión de Semana Santa hay que ridiculizarlo o mandarlo a la hoguera, o al contrario. Yo puedo ser del Betis, pero si usted es del Sevilla es un pijo de Nervión o un facha. Si a mí me gusta Antonio Mairena y a usted Valderrama, usted no tiene ni puñetera idea de cante. Así somos en este país, sobre todo en Andalucía. No podrían ni imaginar la cara que me pusieron el otro día unos vecinos porque al paso de una hermandad del Rocío, en Mairena, seguí mi camino con total indiferencia porque soy lo menos parecido a un rociero. Tenemos también muchas y buenas cualidades, pero somos miserables, cicateros e injustos a veces con los demás. Millones de españoles están siendo miserables con el Rey y lo dice alguien que no quiere a la Monarquía ni en pintura y que votaría mañana mismo por el regreso de una república, si fuera posible no tan corrupta y nefasta como la anterior. Se puede ser republicano, de izquierdas o de derechas, da igual. Podemos estar de acuerdo en que hay mucho vividor en todas las casas reales del mundo, también en la española, donde, además, algunos de sus miembros están imputados por corrupción. Pero ridiculizar al Rey el mismo día de su abdicación, ser tan duros con un hombre que ha hecho tanto por la libertad y la democracia en nuestro país, cuando Franco le dio todos los poderes para hacer con España lo que le hubiera dado la gana, es muy injusto y bastante miserable. No me atrevería a decir si España es  monárquica o republicana, y por lo visto tiene que ser partidaria de uno u otro modelo de estado. ¿Viviríamos por fin en paz si se celebrara el tan deseado referéndum? ¿Aceptarían las dos Españas el resultado? ¿Serían el regreso de la República y el fin de la Monarquía la solución a todos nuestros problemas? He leído de todo estos días, pero hay cierta ambigüedad en las opiniones de politólogos y sociólogos. Iñaki Gabilondo hablaba el otro día de la necesidad de consultar al pueblo, pero a renglón seguido aseguraba que “Felipe VI revitalizará a la Monarquía”. Y eso es precisamente lo que creo que opinan millones de españoles. Pero poco importa lo que opinen unos y otros, porque todo está pactado desde que se aprobó la Constitución de 1978, en cuyo paquete se incluía la continuidad de la Monarquía con el apoyo a la Corona de monarpublicanos o repumonárquicos. Dentro de un mes, pocos hablarán ya de esto.

 

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1 Comentario

  • Leopoldo Díaz Tardío Escrito el 9 junio, 2014 10:31

    Aunque suene raro, siempre he dicho que en España aun no hay una auténcia libertad de expresión. Pues aunque en nuestra Constitución viene reflejada pero a la hora de ponerla en práctica no parece tan sencillo, por desgracia a mí me ha pasado alguna que otra vez, hasta tengo que recordar con quien estoy hablando que es tan solo una opinión, pues cuando uno no piensa como la mayoría el personal se enciende al momento. Y hablando de la república, que también soy republicano. Pero me gustaría una república sin presiedente de la misma, es decir, que la jefatura del estado lo asumiera el mismo gobierno, para que pagarle un sueldo y todo los demás a alguien que se “moredador” y para colmo no coincida con el partido que estén en ese momento en el gobierno. Pero ni llegará el república ni la oportunidad para elegirla, un saludo Leopoldo Díaz.

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