Las castañas de Piedrahíta

A Jesús y Mercedes

Palacio de los Duques de Alba.

Palacio de los Duques de Alba.

Voy a Piedrahíta una vez al año y siempre me abrazo al tronco del castaño donde Goya admiraba la lindura de la duquesa de Alba. Piedrahíta es un pueblo de Ávila donde, además de una iglesia románica y algún que otro convento, lo que suele visitar el peregrino es el Palacio de los Duques de Alba, edificio neoclásico con un vergel de fantasía y una alberca que ya sólo es un marjal donde las libélulas toman baños de sol. Para mí es, sobre todo, el pueblo de dos grandes amigos, Jesús y Mercedes, amantes del flamenco más puro y buenos catadores del vino de la vida. Goya visitó en más de una ocasión este palacio, dada su amistad con la duquesa. Hay dos cuadros suyos que lo demuestran, El Verano y La Vendimia, obras de estilo rococó que el genio aragonés pintó en 1786. El jardín está lleno de castaños y uno de ellos, al parecer, es el de la suerte. Dicen que todo el que guarda en su casa el fruto de este árbol es como si tuviera en disfrute perpetuo el talismán de la buena estrella. Algo hay de cierto porque en mi primera visita a este fastuoso lugar cogí una castaña del castaño preferido de Goya y la guardé en mi coche, en una especie de joyero donde, curiosamente, apenas miro. Hace unos días lo hice y descubrí la castaña, algo fosilizada, como cuando se guarda una amapola en un libro. Recordé la fábula y comprendí el por qué de mi buena estrella últimamente. ¿Cómo es posible que estén ocurriéndome tantas cosas hermosas en estos últimos años, si desde que nací he tenido a mi vera un despiadado espectro negándome la placidez, estirando a los enanos si ponía un circo o promoviendo la ley seca si abría una taberna? Tiene que ser por esa castaña que me guardé en un bolsillo del pantalón aquella otoñal mañana en la que, enamorado y con un sol de rayos anaranjados, una voz me dijo que la suerte es una flecha que hace blanco en el que menos la espera. Era la del espíritu de Goya, que andaba queriendo esbozar en un tapiz la mirada lasciva de la hija del Gran Duque, el antecesor de la célebre currista del Palacio de las Dueñas.

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2 Comentarios

  • Jesus Palomino Escrito el 12 febrero, 2010 22:39

    Muchas gracias por la dedicatoria. No le des todo el mérito a la castaña que la buena estrella que te acompaña es porque te la mereces.
    Nosotros que también guardamos una castaña tenemos la fortuna de contar con vuestra amistad.
    Salud.
    Jesús y Mercedes

  • Manuel Bohórquez Escrito el 13 febrero, 2010 00:09

    La verdad es que desde que guardé aquella castaña todo me está saliendo bien. Habrá que guardarla mejor y coger otra nueva, por lo que pueda pasar.
    Un abrazo para los dos, de dos amigos que os apreciam un montón.

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