La Señá Gabriela

Escanear0026El día había amanecido cerrado, de un color grisáceo que le confería a Sevilla aspecto de ciudad escandinava. A pesar de que la Señá Gabriela llevaba tiempo enferma y de que su muerte era ya un hecho aceptado por todos sus seres queridos, aunque a regañadientes, los sevillanos andaban ese día desalentados y con el pájaro de la tristeza posado en sus semblantes. En la casa de los Gallo no paraba de sonar el teléfono y la Alameda de Hércules parecía el final de una peregrinación funeraria, con las tabernas sin ambiente y las mancebías sin consumidores. La Niña de los Peines lloraba sin consuelo por seguiriyas y acariciaba el endrino pelo de Joselito con la ternura de una enamorada. Caracol padre, el del bulto, consolaba a Rafael el Gallo hablando con él de toros, como siempre; El Cuco, su hermano, secaba las lágrimas de su esposa, una de las hijas predilectas de la Señá Gabriela, de su mismo nombre, que veía cómo se le iba la vida a su madre mientras miraba por una amplia y luminosa ventana el llamativo ir y venir de los gorriones. La Señá Gabriela fijó su vista en un punto lejano, seguramente buscando Cádiz, y se fue apagando poco a poco como la luz de La Caleta al atardecer. Cuando cerró del todo sus ojos de color azabache, un manto negro dejó a Sevilla a oscuras.

La Señá Gabriela llegó a la capital andaluza cuando Silverio y El Burrero ya habían dirimido sus diferencias tirando cada uno por su lado. La hija de Enrique Ortega Díaz, el amigo de Silverio, dejó Cádiz para buscarse la vida en compañía de sus hermanos José, Enrique, Manuel, Carlota y Francisco, el célebre Paquiro el Cantaor, al que el también cantaor sevillano Larita despachó una noche de un certero navajazo, en 1909.

La gitana enamoró a los sevillanos con su baile racial y su belleza, pero fue El Gallo quien la eligió para él. “Esa es para mí”, dijo el gran torero viéndola bailar por alegrías en El Burrero, pero los Ortega se cerraron en banda y no permitieron que el gaché llevara a la gitanita al altar. Como el torero cantiñeaba algo, le cantaba esta soleá a su amada Gabriela:

De qué le sirve a tu mare

el tenerte tan guardá,

si te vas a vení conmigo

por la puerta principá

Locamente enamorado, un día se fue a Cádiz a buscarla y la raptó, escondiéndola en Madrid, en la Plaza de Matute, donde estuvo el Café Imparcial y el diario del mismo nombre. Fue allí donde nació Rafael el Gallo, en cuyo bautizo cantó el gran Silverio, que estaba actuando en la Villa y Corte esos días. Tres años más tarde, en 1885, Fernando el Gallo y Cabriela Ortega se casaron en Sevilla y se dedicaron a traer más chaborrilllos al mundo para que revolucionaran el toreo en leal competencia con Juan Belmonte. Gabriela tenía solo 23 años.

La familia al completo se afincó en una huerta de Gelves propiedad de la Casa de Alba, El Algarrobo, donde nació José. Cuando murió El Gallo, el cabeza de familia, la Casa de Alba puso a la Señá Gabriela en la calle con un carro cargado de colchones y cuatro cacharros de cocina. Sus hijos eran todavía pequeños y Gabriela Ortega tuvo que luchar lo inenarrable para darles de comer. El Gallo le había pedido a El Guerra que, cuando él faltara, se ocupara de su familia, de su mujer y de sus hijos, pero el torero filósofo cordobés no cumplió su palabra y en la casa de la Señá Gabriela se vivió un auténtico drama.

Muy pronto comenzarían a torear Rafael y Fernando, con lo que la economía mejoró bastante y la Señá Gabriela empezó a vivir como una reina. Más tarde rompería Joselito, el revolucionario, enriqueciendo del todo a la familia. Tanto quería la Señá Gabriela a Joselito Gómez Ortega, que presintiendo su trágica muerte, una mañana de 1919 cerró los ojos por última vez a la venusta luz de Sevilla. José moriría en Talavera de la Reina unos meses después.

En Madrid murió Granero

y en Sevilla Valerito.

Y en Talavera la Reina

mató un toro a Joselito.

¡Qué doló de La Gabriela!

Noventa años hace que murió la Señá Gabriela y aún brillan los ojos de los gorriones de la Alameda cuando sale el sol cada mañana.

En vez de gastar tanto dinero en culebrones inaguantables, Canal Sur debería crear una serie que se llamara como este artículo, La Señá Gabriela. Los andaluces se lo agradeceríamos, porque es historia.

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6 Comentarios

  • _matarrese Escrito el 8 octubre, 2009 13:43

    Al margen del cariño que cada cual le tenga al Flamenco, es un placer poder leerte y la razón tu la has dicho; el Flamenco es una parte muy importante de nuestra Historia y nuestra historia, en muchos casos, pasa a formar parte de nuestro Flamenco. Quizá por eso cuando te leo, lo siento todo tan cercano, tan próximo; hablas de lo que somos y somos de lo que hablas.

  • El Carbonerillo Escrito el 17 octubre, 2009 01:16

    Manolo, para que quiere tu mujer ver el canal sur si contigo se lo tiene que pasar pipa con estas historias. Ni arrayán ni “na”. Eres estupendo. Gracias por haberme enchufado al flamenco.

  • Luis Pérez Escrito el 14 marzo, 2011 10:31

    Y luego la Duquesa estuvo en primera fila en la inauguración del monumento a Joselito en Gelves.

    • lagazapera Escrito el 14 marzo, 2011 13:04

      A Luis Pérez: Fíjate qué cosas. Un abrazo, Luis.

  • Gastón Ramírez Cuevas Escrito el 21 mayo, 2011 13:23

    Me felicito de haber hallado tu blog. Me premito el tuteo porque soy del primero de enero del 1958… ¡Enhorabuena! por los artículos sobre Pastora Imperio (buscando leer algo sobre ella di con tu página) y sobre la mítica Señá Gabriela. Ya iré leyendo con calma todo lo demás y recomendando el sitio.
    Gracias.

    • lagazapera Escrito el 21 mayo, 2011 15:44

      A Gastón Ramírez Cuevas: Celebro que me hayas encontrado. Hay mucho que leer y creo que acabarás recomendando el blog a tus contactos. Somos ya miles en todo el mundo. Si te interesa Pastora Imperio, estoy encontrando cosas interesantes sobre ella. Estamos en contacto.

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