La mirada inmóvil ante los móviles

Estos dos meses accidentado, sin poder conducir mi coche y yendo cada tres días al Hospital de Valme o al ambulatorio de Mairena del Alcor me han servido para conocer mejor cómo está el país y, sobre todo, cómo evoluciona la especie humana. He caminado mucho por el pueblo y por Sevilla, cogido autobuses y trenes y me he informado de todo a través de las llamadas redes sociales. Naturalmente, he visto mucho la televisión, esas películas que vas dejando para cuando te partas un brazo o una pierna, o para cuando te quedes en el paro. En uno de mis muchos viajes en autobús de Mairena a Sevilla observé una mañana que la mayoría de los viajeros no hablaban entre ellos, que ni siquiera se miraron a los ojos en todo el trayecto porque iban casi todos jugando con sus respectivos móviles. Llamaba la atención que en la era de la comunicación estuviesen todos incomunicados entre sí. Y no me refiero solo a los jóvenes, que viven mirando un móvil o una tablet, sino también a las personas de mediana edad y a las más mayores. Temiendo estoy que mi madre me pida un día de estos un móvil para mandarles whatsapps a sus primas del pueblo, aunque estaría más justificado  que si lo hicieran mis sobrinos porque su invalidez le impide viajar para visitarlas, tomar café y charlar sobre sus cosas, sobre el hambre que pasaron en la posguerra y lo bien que se vivía en la huerta de Antonio Reina entre frondosos olivos y generosos naranjos y granados.Me acordé de cuando llegó la televisión a mi casa de Palomares del Río. Antes de tan señalado acontecimiento escuchábamos la radio en el salón sentados en torno a la mesa camilla y jugábamos al parchís o al trincarro mientras nuestra gata perseguía ratones o salamanquesas. Mi abuelo contaba anécdotas de su infancia y mi madre hacía preciosos paños de crochet. Pero cuando llegó la televisión cambió todo porque nos reuníamos a ver los programas y dejamos de hablar entre nosotros. “Popá Manué, ¿cómo fue aquello que nos contaba usted el otro día, de que solía ir a pelar la pava con una escalera?”. Y el abuelo, absorto ante la pantalla, decía: “Espera, a ver cómo mata Paco Camino a este toro de Jandilla”. Mi madre se enamoró platónicamente de El Santo y mi hermano Antonio comunicaba siempre que televisaban al Real Madrid porque ni pestañeaba intentando averiguar cómo Amancio le partía la cintura a Rifé con alguno de aquellos regates prodigiosos. Alguna vez vi a nuestra vieja radio de lámparas haciéndonos señales con la antena para que le echáramos cuenta, pero el último invento tecnológico la había desplazado y una mañana se puso su ropita de encajes y desapareció de la casa en compañía del viejo tocadiscos donde mi hermana Loli escuchaba a Raphael.

adolescente_movil_n-640x640x80El último grito en comunicación entre los seres más o menos humanos es el whatsapp, que si no lo tienes instalado en tu móvil es que no estás en el mundo. Pero este no va a desplazar a la televisión porque es perfectamente compatible con ella, con el teatro, con el cine y hasta con hacer el amor. Lo excitante que tiene que llegar a ser estar haciendo el amor frenéticamente y escuchar el tono que te avisa de que tienes un whatsapp en el móvil. Estás a punto de caramelo y un plin plin te anuncia que el cuñado del vecino del quinto quiere enseñarte la carpa que pescó en en el pantano de La Minilla, como si a ti te importara algo la desdichada carpa. Claro, como se supone que el whatsapp es gratis… Hay hasta grupos de whatsapp. Mis vecinas ya no salen a la calle en batín para comentar sus cosas, como antaño. Ahora lo hacen a través de los móviles, se mandan chistes, fotografías de sus niños, recetas de cocina y hasta vídeos caseros más o menos interesantes. La calle está siempre solitaria desde que los niños comenzaron a jugar a la play y sus progenitores a mandar whatsapps desde el cuarto de baño o la cocina. Apenas suena ya el teléfono, solo el dichoso plin plin del whatsapp. ¿Es esto comunicación o incomunicación? Es una auténtica revolución en el campo de la mensajería a través de los móviles. Casi 1400 millones de personas en todo el mundo utilizan ya este sistema de comunicación instantáneo y gratuito, sin límites fronterizos, que puede llegar a crear una dependencia enfermiza, obsesiva. ¿O ya lo ha hecho? Me entristece ir en el Ave y ver a decenas de jóvenes mirando el móvil en todo el trayecto, como autómatas. En mi último viaje a Madrid se sentó frente a mí una hermosa joven a la que no fui capaz de verle los ojos en ningún momento. Todo fue sentarse en Atocha, ponerse a mirar el móvil y levantar la mirada en Santa Justa. Sus ojos parecían dos puñaladas en un tomate, de pequeños que los tenía. Se los estaba comiendo el puto celular. Ese aislamiento de los jóvenes de todo lo que les rodea, su falta de concentración en los estudios o en la vida familiar es más que preocupante, pero nada se puede hacer. ¿Tan poco atractiva es la realidad social que hemos construido para los jóvenes, que prefieren reducir su vida a una pantalla de escasos centímetros cuadrados? Esto me recuerda al que perdió un ojo y le propusieron uno nuevo o una indemnización económica. “Total, para lo que hay que ver…”.

 

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5 Comentarios

  • Salvador Escrito el 12 enero, 2014 15:40

    Me alegro leerte de nuevo,enhorabuena por tu vuelta.Y pasando al tema de hoy te diré que es normal lo que sucede.Yo antes solia utilizar el coche con mucha frecuencia,pero ahora cojo el metro,porque me viene bien para los sitios determinados a los que voy.Pues aún asi,te digo que cuando iba en el coche hablaba con mas gentes que ahora en el metro,y os preguntareis como,muy facil,en el coche siempre habia alguno que hacia una maniobra mal,no encendia el intermitente, paraba sin pensarselo en cualquier sitio y eso te daba para esos “monologos” que se mantienen al volante.Hoy he cogido el metro,de Olivar de Quintos a Puerta Jerez, solamente una pareja mantenia una conversación,el resto,mudos,yo me limité a ver el terruño y observar.Saludos

    • lagazapera Escrito el 12 enero, 2014 19:41

      A Salvador: Gracias, amigo Salvador. Es una pena, pero estamos condenados a comunicarnos a través de máquinas.
      Un abrazo.

  • jose luis de Puebla del rio Escrito el 14 enero, 2014 19:26

    Situacion: comida de empresa estas Navidades pasdas,yo con mi movil de hace 5 años,pedimos la comida y acto seguido,cabeza abajo y dedos gordos en funcionamiento(que hay que ver la habilidad de algunos joe) tan solo de vez en cuando alguno soltaba algun pequeño esbozo de sonrisa pero sin levantar los ojos del movil,pedian las cervezas sin levantar los ojos del aparato,solo cuando llego la comida movilesal bolsillo ,pero es que resulta que la mitad se estaban hablando entre ellos.INCREIBLE.Pero mientras ellos guaseban….me comi la mitad de las gambas.ME ALEGRO DE PODER VOLVER A LEERTE FELIZ AÑO

    • lagazapera Escrito el 15 enero, 2014 14:15

      A José Luis de Puebla del Río: Jajaja. Yo hago lo mismo: mientras los demás se ponen a guasear por el móvil en las bodas, como gambas como un poseso. Gracias, un abrazo.

  • Luis Chacón Escrito el 15 enero, 2014 20:00

    Saludos Manuel desde La Mezquita.
    Vaya inventos nos cuelan los tiempos…
    Carezco de móvil y duermo muy bien.Un día conduciendo y con mis dos hijas en el coche,les regalé una pequeña pero clara charla de lo que es prescindible para vivir y lo que no, estrellando el dichoso aparatejo sobre el asfalto a la vez que les nombraba la comida y ropa como imprescindibles…de eso hace un año…y con tener teléfono en casa…basta.
    Total…si estamos vivos de milagro…como decía Enrique,verdad,Manuel?
    Cuídate.
    Como decía Enrique: “…si estamos vivos de milagro…” Manuel…
    Cuídate.

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