La generosidad del campo

Cuentan que un mendigo harapiento le pidió un dólar a Rockefeller cuando salía de su bloque de apartamentos de Manhattan. Después de darle el dinero, el millonario le preguntó: “¿Por qué no lo invierte en ropa limpia, joven?”. “Le agradezco la sugerencia -respondió el vagabundo-, pero, y perdone el atrevimiento, ¿le digo yo a usted cómo debe llevar sus negocios?”. Algo parecido me pasó una vez con un mendigo en el cruce de la Avenida de Andalucía con Ronda del Tamarguillo. Me pidió un euro y se lo di sin dudarlo, porque tenía cara de no haber desayunado. “Tómese un café, que le vendrá bien”, le dije. “No le quiero faltar al respeto, señor, pero por un euro no le voy a permitir que me diga lo que tengo que hacer con mi vida”, respondió el orgulloso indigente. Entonces, se me ocurrió que deberían de tener unas tarifas con idea de saber lo que tenemos que darles para poder ayudarlos no solo con un euro para un café o una magdalena, sino con lo que haga falta. Mi vida no ha sido fácil y alguna vez he tenido que pedir ayuda, aunque no en la calle. Si me viera en la necesidad de tener que buscarme la vida limosneando optaría mejor por aprovechar la esplendidez del campo. Mi abuelo Manuel era un genio arreglando olivos, pero el día que llovía no trabajaba y el mallete no le pagaba el jornal. Como que la olla hirviera dependía de sus ingresos, cogía un saco al amanecer y a la caída de la tarde aparecía por el pueblo con alguna liebre, un manojo de espárragos, un kilo de caracoles y alguna que otra tontilla cogida con trampas. Me parte el alma ver a tantos jóvenes y no tan jóvenes pidiendo en las calles de un país gobernado por un bipartidismo corrupto. Pero lo que de verdad me duele es ver que no son capaces de coger un saco y hacer lo que hacía mi abuelo Manuel. El campo es de una generosidad increíble y siempre está ahí.

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4 Comentarios

  • javier morentiano Escrito el 21 febrero, 2013 17:39

    En mi pueblo hay uno que dice que “el campo es un economato”. Creo que lleva razón.

  • Hendrix Escrito el 21 febrero, 2013 17:49

    A espárragos salgo un día
    y al otro hago hilillos
    doy una triste peoná el tercero
    y el resto por los cantillos.

  • José Alcántara Escrito el 21 febrero, 2013 19:37

    Si a una manada de cabras le llenas los comederos una buena temporada y le ahorras salir al campo, la manada engorda y coge brillo. Pero si un dia,de pronto, no le echas de comer y le abres las puertas para que salgan al monte a buscarse la hierva, que es su vida, le va a costar mucho trabajo, porque han perdido fuerza de voluntad y necesitaran Ventolín para subir a las piedras, porque también han perdido la forma física. Algo parecido está pasando ahora: tras el periodo de vacas gordas que hemos pasado ¿quién sube al monte? Nosotros, por el contrario, venimos de una época donde la comodidad nos incomodaba. Un abrazo

  • Felipe M. Chica Escrito el 22 febrero, 2013 07:01

    Aunque no está la cosa para bromas, al leer el poemilla de Hendrix no he podido evitar acordarme de esta estrofa que le escuchaba decir con cierta frecuencia a mi padre hace unos dos mil años:

    Del corazón de una pulga,
    en sabiéndolo aviar,
    sale una buena merienda
    y una cena regular.

    Yo no me lo creo del todo, pues parece un tanto exagerado, ¿verdad?

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