La educación de antaño o la búsqueda de la libertad

Cada vez que escucho hablar o leo algo sobre cómo está la educación en España recuerdo mi propia experiencia en el colegio, que fue tan fugaz como apasionante. Nunca acepté la disciplina escolar y pasé a la historia del colegio como el único alumno que jamás hizo los deberes. Sencillamente, porque no estaba de acuerdo. Se reunieron una vez los profesores para analizar el extraño fenómeno y les di una sencilla pero convincente explicación: “En la formación de un niño es tan importante el colegio como saber por qué croan las ranas al anochecer, mueven la nariz los conejos o cacarean las gallinas cuando acaban de poner el huevo. Y saber eso requiere su tiempo”. Se quedaron turulatos, pero dejaron de obligarme a hacer los malditos deberes. “Es un caso perdido”, dijo el director. Con el tiempo he entendido que los tres o cuatro profesores a los que tanto desobedecí fueron fundamentales en mi formación como persona. El secreto estaba en la relación profesor-alumno. Del escaso tiempo que estuve en el colegio solo recuerdo bien a dos maestros: don Celso y don Miguel. Eran tan diferentes como la noche y el día. Don Celso tenía un punto de chifladura encantador, pero su sentido de la disciplina rozaba lo marcial.  Se le veía más feliz que a un rucho cuando nos mandaba a formar y nos obligaba a cantar el Cara al sol cada mañana. Antes de comenzar las clases colocaba una mesa en el patio, se ponía un bañador y hacía que sus hijos le tiraran cubos de agua helada, porque practicaba el culto al cuerpo de una manera increíble. Tenía un estuche de terciopelo negro con cinco palmetas para castigar a los alumnos, y a cada una les tenía puesto un nombre. Tepillé y Mirameynometoques, eran las más temidas por todos. Luego tenía otra que era una fina vara de olivo, Tepicoelmosquito, con la que te daba en las orejas cuando menos lo esperabas, diciendo: “¡Uy!, te picó el mosquito”. En aquella época los niños teníamos siempre las orejas muy a la vista porque nos pelaban al cero para provocar el éxodo de las malditas liendres. Nos rapaban tanto que un día me cogieron un piojo con sombrero de paja y gafas de sol.

ESCUELA

Pero don Celso era también un hombre trabajador y con una gran capacidad para enseñar. Como yo andaba siempre en las nubes, que fueron mi primer medio de locomoción, un día que explicaba Física me hizo una pregunta: “A ver, Manolito, ¿cuál es la distancia más corta entre dos puntos?”. No entendí bien la pregunta y me la volvió a hacer de una manera más sencilla, para que la comprendiera: “¿Cuál es el trayecto más corto, por ejemplo, entre Palomares del Río y Almensilla”. Le respondí, con la voz temblona: “Cogiendo por Cuatrovientos, don Celso, por dónde va a ser”. Enfurecido, comenzó a gritar: “¡La línea recta, Manolito, la línea recta!”. Cogiendo por Cuatrovientos era la línea más recta, pero no me dio la opción de que se lo explicara. Naturalmente, abrió el estuche del terror y me dio a elegir entre las cinco palmetas para recibir el castigo. Como ya tenía las orejas encallecidas, elegí Tepicoelmosquito. Don Miguel Aguilar era todo lo contrario. Recuerdo muy bien la tarde que llegó al pueblo en La Viajera. Informados de su llegada, algunos niños nos sentamos a esperar el autobús en el malecón de Ricardo. Supimos en seguida quién era porque vimos a un hombre con un traje oscuro, sombrero y un paraguas en la mano. En la otra traía una carpeta también negra. Era de un parecido a Franco increíble, aunque algo más alto que el dictador. Fue el mejor maestro que pasó por el colegio de Palomares, porque explicaba las cosas muy bien y las entendíamos perfectamente sin necesidad de tener que pegarnos con la palmeta ni de obligarnos a ponernos de rodilla, con los brazos en cruz y libros en las manos, que era otro sistema de castigo del singular don Celso. Don Miguel me preguntó una mañana que qué era un quebrado y, como no me había enterado de la lección, le dije que un quebrado era un inútil. “¿Un inútil?”, preguntó asombrado y un tanto cejijunto. En seguida me di cuenta de que hablábamos de cosas distintas: él se refería al quebrado de las matemáticas y yo a los que estaban quebrados, enfermos de hernia. Se lo expliqué y se tuvo que interrumpir la clase del cachondeo que se formó. Cuando nos fuimos al colegio de Coria del Río, porque ya no cabíamos en el de Palomares, se acabó el contacto con don Miguel Aguilar Carvajal, un gran hombre, un gran maestro que sabía enseñar y tratar a los alumnos como personas y no como animales. Durante muchos años me acordé de este hombre y alguna vez pensé en la posibilidad de localizarlo, cuando ya vivía en Sevilla. No lo hice nunca y me pesa, porque siempre quise darle las gracias por cómo me trató a mí personalmente, que no era lo que se dice un buen alumno, sino un niño despistado y rebelde que lo enfadó muchas veces con sus viajes a las nubes. Desconozco cómo son hoy los maestros de escuela, pero entonces el profesor te intentaba convencer de que la mejor educación es la que uno se da a sí mismo, además de la que recibes de tus padres, que es más importante que la que adquieres en el colegio. La primera premisa de la educación es la disciplina, pero es muy importante dejarle espacio al alumno para que desarrolle su propia disciplina en libertad.

Publicado hoy en El Correo de Andalucía, pagina 4. Desvariando.

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4 Comentarios

  • paco de cai Escrito el 9 febrero, 2013 13:26

    Desde luego sino lo leo no me lo creo vaya manera de hacerme reir, mi mujer se creia que estaba algo majarón porque reirme delante del ordenador, tú me dice en otro comentario que hice que se me ve la sal de la tacita y yo te digo que tú es mentira que neciera en el Arahal tú tiene que haber nacido en el Saporito, lugar de La Isla de León donde estaba las salinas, hoy ya no hay, ahora hay muchos pisos nuevos y te llevaste toda la sal para Palomares. Joe con el Manolito tengo hasta dolor de barriga de reir.Saludos

    • lagazapera Escrito el 9 febrero, 2013 16:13

      A Paco de Cái: No te lo debería de decir, pero lo he escrito para que te rías. Misión cumplida.
      Un abrazo, y gracias.

  • paco de cai Escrito el 9 febrero, 2013 19:01

    En esta España hace falta muchos como tú que nos hagan reir, porque de Mas, Pujol, Bárcenas, Blanco, Rubalcabra y otros estamos hasta los mismos forros de lo que ponen las gallinas, hacer reir es lo que nos hace falta, sigue así Don Manuel porque los artistas como tú tienen que llevar el DON por dos motivos, porque un grande de España, aunque no tenga sangre azul, creo que nadie la tiene, y por el don que te dió la Señora PEPA. Ole tú! un abrazo amigo.

  • Esperanza Jiménez Escrito el 13 febrero, 2013 20:29

    Manolo, siempre me quedo prendada de la ternura con la que escribes. También me he reido. La educación es fundamental en nuestras vidas, la de la escuela, la de nuestra casa, la de la calle…. y se nota la tuya, eres estupendo. Muy bonito tu artículo. Un abrazo.

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