Jeromo Segura y su curiosa antología de los cantes mineros de La Unión

Jeromo-Segura_02El Festival Internacional del Cante de las Minas nació por iniciativa de un cantaor de Torredelcampo (Jaén), llamado Juan Valderrama. En una de sus actuaciones en La Unión el público le pedía sus canciones más comerciales y él, que siempre fue un gran aficionado, les dijo que lucharan por los cantes de la tierra, por los estilos mineros. Y así nació el festival que con el paso de los años se ha convertido en el más mediático de todos. Nació como un concurso en el inicio de la década de los sesenta, pero ya es algo más que eso: es un festival de corte muy comercial, que maneja la propaganda como ningún otro y que en los últimos años ha alcanzado una proyección internacional como producto de una estudiada campaña de marketing. Y todo con el fin de promocionar en el mundo los estilos mineros o de levante, que son posiblemente los estilos menos comerciales de la baraja de palos flamencos. Eso es una cosa y otra que en La Unión quieran adueñarse de estos preciosos cantes ignorando la importancia que una parte de Andalucía tuvo en la creación de estos estilos, como fueron Almería y localidades jiennenses como Linares o La Carolina. Por no hablar de Málaga. Pero en La Unión han decidido que todo ese universo musical es de ellos, de ese pueblecito minero pegado a Cartagena en el que a finales del XIX aterrizó un alicantino de Callosa de Segura, el Rojo el Alpargatero, para montar un café cantante y promover allí estos estilos, cuyos principales maestros fueron siempre andaluces: el Niño de San Roque, Don Antonio Chacón, Manuel Escacena, el Cojo de Málaga, la Niña de los Peines, Pepe Marchena o Juan Valderrama, por citar solo a unos cuantos. Pues ahora, un joven cantaor de Huelva, Jeromo Segura, ganador de la Lámpara Minera el pasado año, acaba de lanzar al mercado una antología con el título La voz de la mina. Antología de los cantes mineros de La Unión. Esta obra, que consta de veintitrés cantes, cuenta con el apoyo de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, donde no sabemos si antes de aprobar esa ayuda se preocuparon de conocer su contenido musical y el libreto que acompaña al cedé, donde se ignora descaradamente a la mayoría de los grandes intérpretes andaluces y el papel que Almería y Linares jugaron en la creación del llamado cante de levante. Es llamativo, al menos, que un cantaor andaluz, de Huelva, se haya atrevido a esta barbaridad. Igual que lo es que la Junta haya apoyado su edición. Con independencia de la calidad o no de Jeromo Segura, que es un cantaor interesante, cabe preguntarse si tiene bagaje profesional suficiente para acometer una obra de esta envergadura. Si solo se tratara de aprenderse los cantes y grabarlos, cualquier cantaor o cantaora podría haberlo hecho. Pero grabar una antología de los cantes de levante no es solo eso, sino llevar a cabo una investigación previa para no meter la pata, que es lo que ha hecho Jeromo Segura. Es admirable su intención y demuestra que quiere hacer cosas importantes. Pero se ha equivocado en el título genérico de la obra, atribuyendo la paternidad de todo este universo musical al pueblo de La Unión. Olvidando, además, dónde aprendieron y de qué maestros, grandes artistas como  Chacón, el Cojo de Málaga, Manuel Escacena, Marchena o Valderrama. Desde luego, en cualquier sitio menos en La Unión, se pongan como se pongan en el pueblo murciano, porque una cosa es que lleven años haciendo una buena labor por estos cantes y otra muy distinta, que sean suyos. Esto ocurre, en parte, porque tanto en Almería como en Linares se han dejado comer el terreno y no hacen apenas nada por apoyar los cantes mineros. Linares tiene un concurso con más de cincuenta años, dedicado a la taranta, pero solo eso. Y en Almería han olvidado la importancia de esa tierra en la creación del cante de levante. No sé si en la Junta de Andalucía tienen algo que decir al respecto, pero se lo deberían mirar.

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1 Comentario

  • José F. Ortega Escrito el 26 marzo, 2015 10:51

    Estimado Sr. Bohórquez:

    Casualmente he recalado en su página y he leído con asombro su crítica al disco de Jeromo Segura, La voz de la mina, las líneas de cuyo libreto, en lo que atañe a los cantes y su historia, he tenido a bien redactar.Usted afirma de modo taxativo que en el contenido musical y el libreto que acompaña al cedé “se ignora descaradamente a la mayoría de los grandes intérpretes andaluces”. Pues le recomendiendo encarecidamente que (se es que lo ha 0hecho) vuelva a leerlo atentamente, pues comprobará como por allí asoman nombres imprescindibles en la gestación, fijación y transmisión de los estilos minero-taranteros: me refiero a artistas como Fernando el de Triana, el Cojo de Málaga, el Niño del Genil, la Niña de los Peines, Manuel Escacena, el Niño de la Isla, Antonio Chacón, Pedro el Morato, Chilares, Manuel Vallejo, Manuel Ávila, Manuel Torre o Rafael Romero (los recojo tal y como paulatinamente van apareciendo en el texto y seguro que alguno me dejo). Pero es que no puede ser de otro modo pues, insisto, cualquier aficionado sabe que son nombres y referentes ineludibles cuando se trata de estos cantes. Ahora bien, si me habla de criterios interpretativos, esto es harina de otro costal y, para gustos, los colores. En conclusión que, su más que apreciable encono hacia el festival unionense, resuélvalo de otro modo, pero no faltando a la verdad.

    José F. Ortega

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