Isabel Bayón

IBAYON

Pocas bailaoras han entendido la evolución como la sevillana Isabel Bayón. Femenina, aunque sin pasarse de melosa. Clásica y moderna, apasionada y trabajadora, de niña era ya un prodigio de sabiduría y magisterio. Antonio Mairena me dijo una noche que era la reencarnación de la Macarrona, aquella genial bailaora jerezana que hizo su carrera en Sevilla, donde dejó una luz inmortal. Otros, en cambio, le achacaban su gran parecido a Matilde Coral, su maestra y la de casi todas las bailaras de aquel tiempo. Pero cuando Isabel Bayón había aprobado ya con sobresaliente aquella asignatura, se puso a evolucionar y lo hizo sacudiéndose solo las virutas que le sobraban. Desde entonces no se cerró a nada, pero eligiendo siempre con talento. Hoy es una de las mejores, una bailaora -se le puede seguir llamando así- que emociona por igual con una bata de cola que sin ella. Aprendió el oficio desde abajo, desde la base, y ha entendió bien que en el arte solo deben existir las barreras que uno mismo se imponga.

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