Flamencos en la Alhambra

A Enrique Morente, el último árabe del cante

Aunque se haya dicho en ocasiones, el flamenco no entró por primera vez en la Alhambra cuando se celebró el Concurso de Cante Jondo de Granada de 1922. Digamos que entonces entró por la puerta grande, avalado por los más importantes intelectuales y artistas de nuestro país.

En junio de 1907 tuvo lugar un festival en uno de sus hermosos patios, y la prensa granadina arremetió contra las autoridades locales y la dirección de la Alhambra. Tanto indignó el asunto, que La Correspondencia de España publicó un artículo demoledor para denunciar lo que consideraban un atentado cultural:

UNA VERGÜENZA

LA ALHAMBRA, CAFÉ CANTANTE

Leemos en la prensa granadina indignados artículos, que claman protestas contra una verdadera profanación realizada no ha mucho en la ciudad de la Alhambra.

Es el caso, que noches pasadas invadió el palacio de Carlos V una turba de “cantaores” y “bailaoras”, y con la anuencia de las autoridades locales y del triunvirato encargado de la conservación de la Alhambra, organizó una “juerga” a su estilo, bailando tangos, adornando con “jipíos” sus cantares, y procediendo, como si se hallasen en un café cantante, sin respeto para el sitio merecedor de que se le libre de tales profanaciones.

No nos parece que el Palacio de Carlos V, ni otro recinto cualquiera de la Alhambra maravillosa, sea el lugar más adecuado para estas expansiones del flamenquismo. No creemos que la obra de los alminares deba reemplazar al extinto Café del Burrero sevillano.

Andalucía, por más que digan y hagan algunos enamorados de su “pandereta”, de su falso ambiente chillón y gitanesco, que la desacredita, amenguando su fama de país del arte y de la belleza, no está representada por el cante “jondo”, el “jipío” y las “pataítas”. Ya tienen semejantes manifestaciones de una idiosincrasia indigna de atención sus templos adecuados. Y querer llevarlas a la Alhambra es una profanación vergonzosa, contra la que clamarán, de fijo, cuantos aman nuestras glorias, y son celosos del buen nombre de España.

¡Qué canallas! Consiguieron acabar con los cafés cantantes y no satisfechos, cuando el flamenco intentaba conquistar nuevos escenarios continuaron con su ofensiva. Está claro que tiraban a matar contra los flamencos. Después de leer esto es difícil discutir el acierto que tuvieron Falla y Lorca al organizar en la Alhambra el famoso certamen de flamenco. Cometieron sus errores, pero fue una llamada de atención y un incuestionable paso adelante en la dignificación de lo jondo.

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2 Comentarios

  • Pedro Sanz Escrito el 23 octubre, 2009 11:23

    Lamentable, no solo fue Eugenio Noel y sus aláteres los que veían que el l Arte Flamenco, era una manifestación de, chulos, pendencieros, borrachos…, olvidando de donde venia, del “pueblo”, de las clases más oprimidas. Nunca quisieron entender que el Flamenco, conviven los valores más nobles, amistad, generosidad, solidaridad (Chacón y Manuel Torre), respeto y libertad. Estos personajillos, aduladores de los pesebres de los mas pudientes, solo obedecían la voz de su amo. Por eso grito ¡¡ Viva el Flamenco y toda su filosofia!!

  • Bohórquez Escrito el 23 octubre, 2009 21:37

    Tienes toda la razón, amigo Pedro. Menos mal que tú haces una gran labor en Valladolid que dará sus frutos. Ya los está dando. Ante los antiflamenquistas, que aún los hay, estamos nosotros metiendo el hombro. No desfallescas, amigo.

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