Fantasea como un niño y toca como un viejo

El joven guitarrista jerezano Manuel Valencia ha caído de pie en Sevilla, y eso puede ser tan bueno para él como lo fue para otros artistas jerezanos que vinieron a trabajar y fueron adoptados para siempre por esta ciudad. Venencia en Los Palacios, Giraldillo en la pasada Bienal y ahora, sin apenas bagaje como concertista de guitarra, concierto en los Jueves Flamencos de Cajasol. No es que sea mucho para él, porque toca de maravilla, sobre todo muy flamenco, pero suponemos que debe ser una gran responsabilidad para un artista tan joven. Lo suyo no fue un concierto de guitarra flamenca a la antigua usanza, cuando los guitarristas tocaban ocho o diez piezas en solitario, sin acompañamiento alguno, y maravillaban a los amantes de la guitarra española. El jerezano se vino poco menos que con el Séptimo de Caballería, con “mis niños”, que tuvo su gracia porque casi todos eran de más edad que él. Y alguno, como el caso del bailaor El Junco, con muchísimas más tablas. Manuel Valencia toca la guitarra de ensueño. Y no es solo que la toque bien, sino cómo la toca y qué sonido tan flamenco saca de ella. Técnica y sensibilidad al servicio de una música que el joven jerezano siente en lo más hondo de su alma, que para eso es de familia flamenca. Es bueno cuando acompaña y lo es también cuando toca en solitario. Su bulería por soleá, “de cosecha propia”, es de mecanismos complicados, con un equilibrio insólito entre la mano derecha y la izquierda. En la rondeña de su paisano José Luis Balao fue sorprendente esta cualidad suya, añadiendo una seguridad impresionante en la ejecución, lo mismo en el mástil que en la boca de la guitarra. Muy buenos también sus fandangos con preámbulo de minera y, sobre todo, la seguiriya, de un corte muy tradicional, aunque colosal. Pocas veces hemos oído sonar una guitarra por seguiriyas como lo hizo la de Manuel Valencia, que parecía que iba a pasar por allí El Chocolate para evocar a Tomás el Nitri desde aquella ventana, que al campo salía. Sus “niños” estuvieron colosales, en parte también por cómo los acompañó él. Su prima, Felipa del Moreno, estupenda en las cantiñas. Extraordinario David Carpio, cantaor también jerezano, que suena con hondura y profundidad. Y fuera de lo normal, el bailaor gaditano El Junco, que bailó una soleá para sacarlo a hombros, con detalles por bulerías francamente geniales, sobre todo de pies, de una gran originalidad. Eso sí, con un guitarrista de lujo, un cantaor que crujió, el Cepillo en la percusión y en las palmas, Diego Montoya, Manuel Salado y Carlos Grilo. El mundo del flamenco está loco si no sabe valorar algo así. Después de ver bailar a El Junco por soleá y bulerías, costaba quedarse en la butaca. Manuel Valencia quiso cerrar por bulerías, cosa seria en Jerez, pero ya era demasiado para el cuerpo. Nos esperaban en Triana, en la calle Pureza. De una pureza a otra. Gran noche de flamenco.

Ciclo Jueves Flamencos. Artista invitado: Manuel Valencia. Cante: Felipa del Moreno y David Carpio. Percusión: Cepillo. Palmas: Diego Montoya, Carlos Grilo y Manuel Salado. Baile: El Junco. Entrada: algo más de medio aforo. Sevilla, 20 de febrero de 2015.

 

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