Más feliz que un rucho en un verde

A la memoria de Cortázar

Si hace sólo veinticinco años alguien me hubiera dicho que un artículo mío iba a formar parte de un libro conmemorativo de El Correo de Andalucía, en el que compartiría protagonismo con poetas y escritores como Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Julio Cortázar, Luis Montoto, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, Miguel Delibes, José Luis Borges, Carlos Fuentes, Gonzalo Torrente Ballester, Eduardo Harotegglen, María Zambrano, Ángel Vela Nieto, Pepe Guzmán y Antonio García Barbeito, le hubiera preguntado, sin duda, qué clase de medicación estaba tomando. Si el hecho de que me dejaran escribir de flamenco algún día en un periódico como El Correo, lo veía tan difícil como besar a la luna desde el fondo de un pozo, con los ojos cerrados, se pueden imaginar lo que significa para mí este libro memorable. No se lo creerán pero ahora me levanto por las mañanas y cuando me miro al espejo para averiguar por dónde tengo que empezar a emperifollarme y salir a la calle sin asustar a los niños, suelo decirme a mí mismo: “Lo has logrado, Manolito”. No necesito ya el coche para desplazarme porque vuelo por la vega de Mairena y por los soleados campos de Palomares y por encima de los olivos de Arahal y veo cómo me saludan los cernícalos, las tórtolas y los conejillos del campo; cómo agitan sus ramas los difuntos olivos de Cuatro Vientos y afinan sus cantos los jilgueros de Mampela; cómo nadan las ranas por las lagunas dibujando en el agua coronas de laureles; cómo corren por los prados celestes del cielo el cerdito Flipper y el chivito Norit y Lobo, aquel perro que acabó triunfando en el circo; cómo llora mi abuelo Manuel desde el más allá y cómo mi madre me dice, con gracia, que al final voy a ser tan importante como Juan Imedio. No aspiraba a tanto, sinceramente, cuando me colocaba con el caucho de la fábrica de porrones tuneados de Palomares; cuando repartía el pan en Coria, Gelves y San Juan de Aznalfarache; cuando planchaba trajes en la sastrería de Ángel Sierra, en Triana; cuando empapelaba pisos en las Tres Mil Viviendas o habría zanjas por las calles de Sevilla. Entonces no vivía la vida, sino lo que leía, como le ocurrió a Cortázar, al que ahora que somos vecinos de este pueblo de papel me gustaría escribirle una carta para decirle, conteniendo las lágrimas, que tenía toda la razón cuando dijo que leer era vivir. Él me presentó a Allan Poe y sus cuentos aliviaron mi soledad en una adolescencia dura y llena de complejos, entre ellos, el de no saber hacer la o con un canuto. El flamenco me obligó a escribir para que le regalara el oído de por vida y veía películas subtituladas en Cine Club para saber dónde tenía que poner las comas y cómo manejar los signos de admiración y de interrogación. Más que talento, lo que tenía era muchas ganas de decir cosas, de contar la vida de los flamencos, de narrar mi infancia en Palomares, de denunciar las penalidades que pasó mi padre y aún pasa mi madre; en definitiva, de describir la vida. Óscar Wilde dijo que no existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Los que han estudiado en Oxford lo dicen de una manera, y los que recibíamos los palmetazos de don Celso, en Palomares, por no saber lo que era un diptongo, lo decimos de otra. Don Miguel de Unamuno me dio una vez un consejo, sin conocerme de nada: “Si sientes que algo te escarabajea dentro, pidiéndote libertad, abre el chorro y déjalo correr tal como brote”. Siempre he seguido este consejo al pie de la letra. Perdonen si les he resultado vanidoso, pero es que verme en este libro me ha hecho más feliz que un rucho en un verde.

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5 Comentarios

  • Pilar Marchena Escrito el 23 enero, 2010 19:02

    Nuestras más efusiva felicitación. Estamos totalmente de acuerdo con Unamuno y con tu deseo y acierto de hacernos seres sensibles a la belleza de la vida cotidiana, de motivarnos a pensar y ver las cosas desde tus relatos de escritor sencillo, sensible, con alma. Tienes un don y debes compartirlo con los demás.

    De parte de estos dos amigos de Marchena.

  • Lagazapera Escrito el 24 enero, 2010 00:13

    Amiga Pilar, mil gracias por tu precioso comentario. Pilar Marchena es la soprano del cante flamenco, una gran artista, con una voz que me ha emocionado siempre que la he disfrutado. Es un placer escribir para tan ilustre artista.
    Un abrazo.

  • Luis Escrito el 24 enero, 2010 11:22

    Manolo, sí, es un verdadero placer leerte. Tienes la virtud, el talento o lo que sea, para que con tus palabras seamos capaces de ver el paisaje que describes. Le has hecho caso a D. Miguel y tienes mucho que decir. Hoy siento especial ilusión porque Pilar Marchena se suma a
    una sugerencia que timidamente te hice ya hace algún tiempo y espero que con las peticiones que seguiran te
    animes y se haga realidad esta ilusión de quienes te admiramos.
    Un saludo cordial desde Puerto Real.

  • lagazapera Escrito el 24 enero, 2010 11:27

    Lo que es un placer es contar con vuestra colaboración en el blog. Sé que estáis ahí todos los días, y eso me anima a no dejar de escribir. El otro día estuve en Cádiz y me acorté de ti amigo Luis. Prometo que la próxima vez me llegaré a Puerto Real para tomarnos una copita.
    Saludos a la familia.

  • antonio torres Escrito el 1 marzo, 2011 14:33

    Amigo manuel lo del planeta de numero 1 adelante un fuerte abraso

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