España apunta maneras…

A quienes apuestan siempre por la vida

En la Varsovia de 1886 tuvo lugar una historia que pone la piel como el carapacho de un centollo. Según publicaron algunos diarios sevillanos, una hermosa y joven mujer apareció muerta en su casa y le dieron piadosa sepultura. Le faltaban semanas para dar a luz. A los pocos días de su óbito un familiar interpuso una denuncia por malos tratos contra el viudo de la interfecta, acusándolo de haber matado de una somanta de golpes a la protagonista de esta increíble historia. Admitida a trámite la denuncia un juez ordenó la exhumación del cadáver para hacerle la correspondiente autopsia y, al abrir el sarcófago, descubrieron boquiabiertos una escena dantesca: en el ataúd estaba el cadáver de un niño recién nacido, como dormido entre las piernas teñidas de sangre de la madre, quien se había destrozado la lengua a mordiscos y los dedos al querer desclavar con las uñas el aterciopelado forro del ataúd. La mujer fue sepultada viva, con una especie de coma, creyéndola cadáver. Cuando despertó de su letargo, seguramente por el forcejeo del hijo en su vientre, la polaca luchó lo indecible por salvar no su vida, que fue siempre un martirio y la odiaba y no la quería, sino la de su hijo recién nacido, pero no pudo ser. El destino y la fatalidad quisieron que el crío fuera a nacer en una tumba, la de su propia madre, sin posibilidad alguna de vivir. No deja de ser curioso que un siglo y cuarto después millones de mujeres luchen para conseguir el importante progreso social de que niños no deseados tengan por tumba el vientre de sus madres. Y conste que en este delicado asunto, el del aborto, confieso que no la tengo todas conmigo, que no sé muy bien cómo se puede luchar por el derecho a la vida contra el derecho que una mujer tiene de no traer a este mundo a un hijo que no desea y que engendró por un error o contra su voluntad. Cada vez que pienso en el aborto sólo me surgen preguntas difíciles de responder por mí mismo, como, por ejemplo, por qué una mujer puede matar legalmente al hijo que lleva dentro, si no lo desea, y esa misma persona no puede pedir legítimamente que la dejen morir con dignidad aunque lleve años impedida en una cama o un médico le haya diagnosticado un cáncer incurable. Me refiero a la eutanasia, como habrán adivinado ya. Puede pedirla, pero no es legal en España. Tampoco entiendo muy bien que una adolescente de 16 años de edad pueda abortar reglamentariamente sin contar con la opinión de sus padres, pero no puede votar en unas elecciones hasta la mayoría de edad, que en España está estipulada en los 18 años. ¿Es que acaso es más fácil decidir abortar que elegir al alcalde de tu pueblo o ciudad? O sea, un lío. Creo que las personas debemos de tener derecho a decidir sobre todo lo que concierne a nosotros mismos, aunque con ciertos límites que tiene que poner el Estado, que es quien establece las leyes. Y en caso de no alcanzar la mayoría de edad, la familia. La vivienda digna es un derecho constitucional en España igual que lo es la libertad de expresión. Este último podemos ejercerlo sin problemas, aunque de forma controlada, porque el Estado lo controla todo, pero el de la vivienda sólo lo puedes ejercer si te la compras y te entrampas durante media vida. O sea, que el Estado financiará abortos legales a mujeres de 16 años, decide actualmente que a esa edad la abortista es joven para votar veintitrés meses más tarde de poder interrumpir una vida y, a la vez, le vende a precio de oro el derecho a una vivienda digna y a una jubilación decente. ¡Caramba con el Estado! Encima, si quieres vivir al margen de éste, eres anarquista, o sea, un bicho raro, un agitador, un revolucionario, porque el anarquismo es una filosofía de vida totalmente marginada en nuestro país desde que el franquismo lo aniquiló. La completa libertad del individuo es una utopía, un sueño, una quimera. Sin embargo, de aquí a nada una mujer de 16 años podrá decidir en España la interrupción de un embarazo no deseado, o sea, acabar con la vida de su hijo en su propio vientre, con el consentimiento y la financiación del Estado. España apunta maneras…

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7 Comentarios

  • Luis Castillo Escrito el 7 diciembre, 2009 13:39

    Cuando un corazon late en el útero de una mujer es un ser vivo, por más que se empeñe en no aceptarlo la miembra del Gobierno Sra. Bibiana Aído (a ído a revolucionar algunas cosillas) y si por la circunstancia que sea se decide que ese latir deje de producirse, se está segando una vida y eso tiene un nombre y cuando se promulga una ley que según ella, la ley, se puede hacer no ha cambiado nada el hecho, solo que una ley ampara un atentado contra el derecho supremo:LA VIDA
    Pero eso se está “vendiendo” como progreso. Que pena
    de estar gobernados por mentalidades tan insensibles.

  • Pedro Madroñal Escrito el 7 diciembre, 2009 22:30

    Me resulta difícil opinar sobre asunto tan delicado, pero no puedo resistirme. Hasta que mi hijo llegó a demostrarme en qué consiste ésto de vivir, no me había planteado ciertas disyuntivas como la que expones, hoy, en tu admirado blog. El destino, dios, la vida, alá o quién sea, no siempre es interactivo, quiero decir, no se comporta como uno decide. La fortuna de concebir un ser cuando lo deseas no es privilegio de la mayoría. Cuento con varios amigos que están volcados en cuerpo, alma y cuenta corriente en hacer suyo el primer niño que algún estado le ponga por delante. A lo mejor la solución de los embarazos no deseados la tienen estos amigos míos y muchas parejas igual que ellas. Una ley que buscara una familia a los hijos no deseados de madres con edad de hijas, haría feliz a los negados a procrear y tranquilizaría a aquellos que se creen los guardianes de la moral nacional

  • lagazapera Escrito el 8 diciembre, 2009 00:43

    Amigos Luis y Pedro. Yo no puedo tener hijos y por eso no los tengo, porque adoro a los niños y, seguramente, sería un gran padre, aunque un gazapero dijera el otro día que tengo el corazón lleno de odio y que lo esparzo cuando escribo. Siento dar esa imagen. Con respecto al aborto, estoy con Pedro: los miles de niños que matan en el vientre de sus madres, sus propias madres, harían felices a miles de parejas que no pueden traer hijos al mundo. Sería un acto de generosidad sin límites, sin duda. No perdamos la esperanza.

  • Antonio Escrito el 9 diciembre, 2009 00:26

    Manuel, yo creo que el mundo está al revés, no entiendo tampoco que para que mi hija vaya de excursión tenga que darle una autorización si es menor de 18 años y para abortar no necesita mi autorización.

  • lagazapera Escrito el 9 diciembre, 2009 01:09

    Pues tiene su gracia, aunque el tema sea muy serio. Creo que la nueva Ley del Aborto pretende evitar que unos padres obliguen a una hija a tener un hijo que no desea, por cualquier motivo. Con esta ley, una adolescente puede decidir por sí misma, al margen de sus padres u otras personas, si tiene el niño o no lo tiene. Es su vida. En una amplia mayoría de los casos, las chavalas expondrán el asunto a sus padres y no habrá problemas. Lo malo es que hay padres muy talibanes, y creo que esta ley va por ahí. De todas formas, Antonio, es un asunto peliagudo, del que se irá hablando menos conforme pasen los años. Yo, por principios, estoy en contra de que se interrumpa la vida de un ser humano, pero me temo que poco podemos hacer porque deciden los que mandan.
    Gracias por tu participación.

  • Carmen Arjona Escrito el 9 diciembre, 2009 20:08

    ¡Ojú, vaya dónde has ido a poner la era Manolo! Tema delicado donde los haya éste del aborto. Como mujer y directa conocedora del tema embarazo e hijos me cuesta un montón tomar partido y hablar de este asunto. Mucho más me aterroriza la ligereza con que en ocasiones se habla de él. Tengo hijos, dos como bien sabes, y ni imaginar en abortar. Pero existen tantos casos disparatados que yo no quisiera ni para mí, ni para mi hija, ni para ninguna otra mujer. Tantas realidades a tener en cuenta antes de publicar una Ley de este calibre. No obstante, me planteo la siguiente cuestión: ¿Por qué tanta gente se toma esta Ley como una obligación a cumplir? Esta Ley no es para todos los días, ni para todo el mundo, ni para usarla como las subvenciones, a troche y moche. Abortar es una decisión tan terrible y tan dura que sólo en la sincera intimidad con una misma se puede y debe decidir si hacerlo o no. Dudo que nuestras adolescentes vayan a cambiar de manera de comportarse respecto de su familia por una Ley . ¡Si fuera así el Estado tendría la obligación de legislar un montón de cosas! Pero no. Habrá chicas que no cuenten con sus padres y otras que no moverían un centímetro de su falda sin su madre o su padre (como siempre). Recuerdo en tiempos, que ahora parecen remotos, cierta familia que envió a su hija a Londres para que abortara (no sé en qué condiciones) en un viaje que pocos podían podían costear. Luego los veía en misa, que me llevaba mi madre todos los domingos, más beatos que el propio papa de Roma. Pero no se hablaba del asunto, todos lo sabíamos, pero como se hizo muy bien y de tapadillo pues chitón. Miedo me da la hipocresía que se practica en estos casos. El aborto no es una novedad en España, no nos engañemos. La Ley sí, la Ley es toda una novedad. Yo, no quiero opinar si buena o mala, pues no dudo que el uso que se haga de ella es personal y, probablemente, veremos casos acertados y otros deplorables. Si yo me viera en el caso de que mi hija abortara sin buscar mi apoyo y mi ayuda como madre y como mujer ¡La providencia no lo quiera!, en ningún caso le echaría la culpa a la Ley. Lloraría amargamente de dolor preguntándome en qué he fallado, qué he hecho mal para que mi pequeña no confíe en mí. La Ley es sólo papel.

  • lagazapera Escrito el 9 diciembre, 2009 23:48

    Como siempre, Carmen, dices cosas que me hacen pensar en otras. Como bien digo en el comentario de arriba, de esta polémica Ley apenas se hablará de aquí a unos meses, como ya no se hablaba del aborto desde hacía años. Tienes toda la razón en una cosa: si yo tuviera una hija y abortara sin decirme nada, reconocería que había fracasado como padre. Lo normal es que tu hija te lo diga y que tú la apoyes en lo que ella quiera hacer, porque es su vida y tiene derecho a equivocarse.
    Felices sueños.

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