Escuelas y profesores de cante

El Carbonerillo, con 11 años. ¿Quién lo enseñaría a cantar?

El Carbonerillo, con 11 años. ¿Quién lo enseñaría a cantar?

El Carbonerillo, con 11 años. ¿Alguien lo enseñó a cantar?

El Carbonerillo, con 11 años. ¿Alguien lo enseñó a cantar?
El Carbonerillo, con 11 años. ¿Alguien lo enseñó a cantar?

El Carbonerillo, con 11 años. ¿Alguien lo enseñó a cantar?

SEVILLA. El pasado martes dábamos a conocer en nuestro blog a una joven cantaora de Córdoba, Rocío Luna, de sólo 11 años, que fue presentada por FlamencoRadio.com en la Tertulia Flamenca de Juan Badía, dueño de Jamones Badía y conocido degustador de flamenco.

Cada quince días, esta emisora flamenca de Internet va a presentar a un nuevo valor del cante para darlo a conocer en todo el mundo, lo que puede dar sus frutos a la vuelta de unos años. Este asunto, el de las jóvenes promesas, pone sobre la mesa de debate un fenómeno que viene ocurriendo desde hace algún tiempo: el de las escuelas de cante flamenco y, por consiguiente, de los profesores que preparan a estos jóvenes para ganar concursos, como, por citar sólo a dos muy conocidos, el sevillano, de Puebla de Cazalla, Fernando Rodríguez y el onubense Ildefonso Pinto, de Bollullos Par del Condado.
Está claro que para cantar flamenco hay que nacer con unas cualidades determinadas, aunque en algunas escuelas estén intentando enseñar a cantar por soleá a finlandeses, rusos y belgas. En algunos casos, con profesores/as que todavía están aprendiendo y cantando en concursos, que es algo denunciable a todas luces.
Hemos asumido que vengan extranjeros a dar cursos para en seguida regresar a sus países de origen a montar el negocio de la docencia flamenca. Pero no deberíamos quedarnos de brazos cruzados con que esto ocurra aquí mismo, en la cuna del arte jondo, como está ocurriendo. No es que estemos en contra de las escuelas de flamenco, que, por otra parte, son tan antiguas como el flamenco mismo. De lo que estamos en contra es de que   algunas de estas escuelas pongan a aficionados/as entre el profesorado o a profesionales poco preparados que a lo mejor son buenos artistas, pero que no tienen ni idea de lo que es la docencia. Por eso estamos viendo cómo de estas escuelas vienen saliendo muchos cantaores prefabricados, cortados por la misma tijera, que lo que hacen es reproducir como loros las letras y las formas de sus maestros.
Entre cursos y estas escuelas, que proliferan de una manera asombrosa, aquí van a cantar por soleá hasta los Niños de San Ildefonso, dando el número del Gordo de Navidad. No es mucho más correcto lo que hacen algunos profesores particulares: descubren a un nuevo talento, lo pulen y lo preparan para ganar dinero en los concursos de La Unión, Córdoba o Mairena del Alcor. En algunos casos, estos profesores se llevan el cincuenta por ciento de la cuantía de los premios, lo que no deja de ser un negocio como otro cualquiera.
Los jóvenes deberían prepararse en buenas academias de baile, guitarra y cante, pero habría que hacerlo de una manera que no saquemos al mercado cantaores en serie, como se sacan copias de bolsos y gafas de sol de conocidas marcas. Los modos de aprendizajes han cambiado y ahora, al parecer, esto tiene que ser así. Pues si tiene que ser de esta manera, será cuestión de organizarse, de ser responsable y de olvidarnos del negocio, en beneficio del arte. El cantaor siempre ha aprendido escuchando a otros cantaores, acercándose a ellos, viviendo el ambiente. Así nacieron genios como Caracol, la Niña de los Peines y Marchena.

A José Orozco

El Carbonerillo, con 11 años. ¿Quién lo enseñaría a cantar?

El Carbonerillo, con 11 años. ¿Quién lo enseñaría a cantar?

El pasado martes dábamos a conocer en nuestro blog a una joven cantaora de Córdoba, Rocío Luna, de sólo 11 años que fue presentada por FlamencoRadio.com en la Tertulia Flamenca de Juan Badía, dueño de Jamones Badía y conocido degustador de flamenco. Cada quince días, esta emisora flamenca de Internet va a presentar a un nuevo valor del cante para darlo a conocer en todo el mundo, lo que puede dar sus frutos a la vuelta de unos años. Este asunto, el de las jóvenes promesas, pone sobre la mesa de debate un fenómeno que viene ocurriendo desde hace algún tiempo: el de las escuelas de cante flamenco y, por consiguiente, de los profesores que preparan a estos jóvenes para ganar concursos, como, por citar sólo a dos muy conocidos, el sevillano, de Puebla de Cazalla, Fernando Rodríguez y el onubense Ildefonso Pinto, de Bollullos Par del Condado. Está claro que para cantar flamenco hay que nacer con unas cualidades determinadas, aunque en algunas escuelas estén intentando enseñar a cantar por soleá a finlandeses, rusos y belgas. Eso se llama mangar, claramente. En algunos casos, con profesores que todavía están aprendiendo y cantando en concursos, que es algo denunciable a todas luces. Hemos asumido que vengan extranjeros a dar cursos para enseguida regresar a sus países de origen a montar el negocio de la docencia flamenca. Pero no deberíamos de quedarnos de brazos cruzados sabiendo que también ocurre aquí, en la cuna del arte jondo, como está ocurriendo. No es que estemos en contra de las escuelas de flamenco, que, por otra parte, son tan antiguas como el flamenco mismo. De lo que estamos en contra, es de que  algunas de estas escuelas pongan a aficionados entre el profesorado o a profesionales poco preparados que a lo mejor son buenos artistas, pero que no tienen ni idea de lo que es la docencia. Por eso estamos viendo cómo de estas escuelas vienen saliendo muchos cantaores prefabricados, cortados por la misma tijera, que lo que hacen es reproducir como loros las letras y las formas de sus maestros. Entre cursos y estas escuelas, que proliferan de una manera asombrosa, aquí van a cantar por soleá hasta los Niños de San Ildefonso, dando el número del Gordo de Navidad. No es mucho más correcto lo que hacen algunos profesores particulares: descubren a un nuevo talento, lo pulen y lo preparan para ganar dinero en los concursos de La Unión, Córdoba o Mairena del Alcor. En algunos casos, estos profesores se llevan el cincuenta por ciento de la cuantía de los premios, lo que no deja de ser un negocio como otro cualquiera. Los jóvenes deberían prepararse en buenas academias de baile, guitarra y cante, pero habría que hacerlo de una manera que no saquemos al mercado cantaores en serie, como se sacan copias de bolsos y gafas de sol de conocidas marcas. Los modos de aprendizajes han cambiado y ahora, al parecer, esto tiene que ser así. Pues si tiene que ser de esta manera, será cuestión de organizarse, de ser responsable y de olvidarnos del negocio, en beneficio del arte. El cantaor siempre ha aprendido escuchando a otros cantaores, acercándose a ellos, viviendo el ambiente. Así nacieron genios como Caracol, la Niña de los Peines y Marchena. También los hay en nuestros días y ninguno ha pasado por ninguna escuela de cante como las de hoy. Es cierto, claro, que algunos maestros actuales, como Menese o Morente, contaron también con maestros que les apuntaron los cantes. En el caso del cantaor de La Puebla, esa función la cumplió nada menos que todo un Paco Moreno Galván, al que Menese se lo debe casi todo. En cuanto a Morente, él mismo me dijo un día que nadie le dictó cómo tenía que cantar, pero que supo pegarse a quienes podían enseñarle sólo abriendo las orejas. Ahí está el secreto del aprendizaje y no en ir a una escuela a que te enseñe un mal profesor.

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12 Comentarios

  • Paul Escrito el 15 enero, 2010 18:06

    Si tuvieramos un sistema educativo competente, el falmenco estaría integrado en él. Caso del Jazz en la universidades de USA. Que salgan güenos artistas es otro cantar, pero lo de enseñar el flamenco con sistema ¿porque no?, en esto hay que oir lo que dicen autoridades como Manolo Sanlucar.

  • faustino Escrito el 15 enero, 2010 19:09

    Estimado Manolo, si difícil es cantar más difícil es de hablar de cante. La didáctica del cantaor, que como en cualquier tipo de música ‘artística’ es imprescindible, digamos que suele ser de andar por casa. Aquí te pillo aquí te mato. Si tienes las orejas abiertas, como dice el maestro, y un buen oído, memoria e inteligencia musical, y estás en el sitio y momento adecuados, tienes medio camino andado, el otro medio es como en la mili, color de pelo: marrón, ojos: marrones, valor: se le supone. Creo que el talento musical no se aprende en una escuela, se va adquiriendo desde que el oído es capaz de percibir sonidos, allá por el sexto mes de gestación. Ni RH ni otras purezas. Un abrazo fuerte.

  • noplup@hotmail.com Escrito el 15 enero, 2010 19:11

    De esas escuelas pueden salir muchos que se aprendan algunos cantes, pero no los pueden enseñar a ser artistas ni mucho menos a tener arte en su interpretaciòn.

  • Manuel Bohórquez Escrito el 15 enero, 2010 20:01

    Gracias a todos por vuestras aportaciones, amigos. Me encanta que se discutan estas cosas, y animo a los que me mandan correos particulares, a que manden comentarios, porque así vuestras opiniones llegan a más gente.
    Está claro que las buenas academias cumplen un buena función. En algunos conservatorios ya hay buenos maestros enseñando, y en algunas escuelas también. El problema es que aquí cualquiera da ya clases de flamenco y cualquiera monta una escuela. Yo le pedí a Farruco que me enseñara a dar una pataíta por bulerías y cuando me miró de arriba a bajo, dijo: “Como te cobre por metros, estás arruinado”.
    Abrazos para todos.

  • Carmen Arjona Escrito el 15 enero, 2010 21:46

    Entrar en el tortuoso camino de los RH y de las purezas no facilitará respuestas a las cuestiones planteadas en este debate. Enseñar a cantar flamenco. Bueno, enseñar se puede y se hace. Todo el que está enfrente del maestro algo aprende, aunque sea a no aprender nada, si me permitís la paradoja.
    Pienso que todo lo que se sistematiza paga el precio de la repetición. Y si se sistematiza la enseñanza del cante nos encontramos con repetidores o imitadores de fórmulas y modos de ejecución de los maestros.
    ¿Dónde surge el artista, el genio, el innovador? Sólo en aquéllos que rompen con lo aprendido y buscan ejecutar los cantes bajo su propia personalidad con la intención sanísima de aportar algo a este arte. Claro está, que no todos lo consiguen.
    Hay una alta dosis de sello propio, de rebeldía contra lo impuesto, en la genialidad de los que han escrito nuevas páginas en el “libro del cante”.
    Semejante disparate preparar a los cantaores para que ganen concursos. Eso ya lo hacen las autoescuelas para que apruebes el carné de conducir y luego ahí te las ves con tu cochecito. Entonces ¿los que no van a escuela alguna pierden posibilidades de ganar en los concursos? Flaco favor se le hace al arte de lo jondo en tal caso.
    Lanzo una propuesta: Si antes se aprendía escuchando a unos y otras cantaores, de aquí y de allí, propongo que las academias deben implantar este sistema. Es decir, en lugar de un número limitado de profesores fijos en plantilla, que cada día o cada semana pase por el aula un cantaor o cantaora diferente. En ese caso la imitación no creo que fuera fácil. Por contra, el enriquecimiento de los alumnos sería indiscutible.
    Saludos a todos.
    P.D. Antes las tertulias eran reuniones de aficionados en un local (bar, peña…) Ahora estamos con esta tertulia a través de Internet, sin vernos las caras, en el blog de Bohórquez y en el sofá de nuestras casas. ¡Vaya si cambian las cosas!

  • Manuel Bohórquez Escrito el 16 enero, 2010 00:44

    Los jóvenes aficionados de hace décadas buscaban a los maestros para acercarse a ellos, aprender directamente, escucharlos en fiestas y pedirles una fotografía. Hoy no suele pasar eso. No hace muchos meses, uno de estos nuevos que cantan me decía que tenía ganas de cantar con Morente para “tumbarlo”. Mario Maya me contaba que cuando veía a Pilar López o Antonio, le daban ganas de ponerse de rodillas delante de ellos, de lo que los admiraba. Estando Mario de cuerpo presente en el Ayuntamiento de Sevilla, en la capilla ardiente, su mejor discípulo organizó una fiesta en el Casino de la Exposición para celebrar su éxito en el Maestranza. Ahí está uno de los problemas, en que la mayoría de los jóvenes de hoy se creen autosuficientes porque han dado un curso o tienen mil cantes en un MP3. Como siempre, amiga, das en la diana: en vez de vernos y charlar de cante tomándonos una copa, estamos debatiendo en Internet. Sitio y hora, Carmen.
    Un abrazo.

  • Carlos Escrito el 16 enero, 2010 01:33

    Manolo son las 1:30 de la mañana acabamos de venir de Córdoba, pero no de trabajar si no de ir a buscar a uno de los maestros mas importantes actuales y de los que no te enseñan para que ganes un concurso, imagino de que sabes de quien se trata, pues no veas le ha puesto a Toñi unas seguiriyas de arte,
    Un abrazo
    Carlos

  • lagazapera Escrito el 16 enero, 2010 01:48

    No lo sé. ¿Faustino Núñez?, ¿Luis de Córdoba? Tú eres inteligente y seguro que habrás elegido a alguien que sepa lo que lleva entre manos. Toñi tiene algo natural que no debería anular ningún profesor irresponsable.
    Un abrazo para los dos.

  • Gualberto Escrito el 16 enero, 2010 10:09

    Hola Manuel, el conocimiento que se utiliza para expresar el sentimiento siempre vale. Pongamos por caso el de un niño que escucha cantar por primera vez por soleá y se interesa por conocer los rudimentos y está pendiente cuando alguien que él admira canta. El conocimiento sin sentimiento es como tu muchas veces has dicho, como un loro. Cabría hacer otra pregunta. ¿hay alguien que nazca sabiendo?, todas las noticias que yo tengo es que incluso los mas sabios en cualquier disciplina, siempre han tenido una caida del caballo (como san Pablo) donde se le han abierto los ojos , o en este caso la garganta. Personalmente a veces pienso que a quienes les hace más daño las escuelas de cante son a los maestros, porque los alumnos no tienen todavía ni conocimiento ni por lo tanto responsabilidad, pero los maestros cuando solamente se dedican a enseñar…. pierden el contacto con lo importante del cante. Ahora bien si el maestro o profesor de cante sigue actuando en los escenarios y el alumno va a verlo en los teatros además de verlo en la clase, entonces si me parece estimulante para el alumno y parta el maestro. Volviendo a tu pregunta ¿Se puede enseñar a alguien a cantar por soleá? Si no tiene esa cosita que no tiene nombre no, y si tiene esa cosita necesita mucho conocimiento, y no solo conocimiento sino que vaya cumpliendo años sin dejar de aprender como comentábamos el otra dia a raiz de la chica que parece que acaba de nacer para el cante, o sea que tiene esa cosita, !!bendita sea!!. Un abrazo

  • Manuel Bohórquez Escrito el 16 enero, 2010 10:15

    Gualberto es el mejor músico que conozco. Recuerdo que una vez, en su casa, cogió una cañita, le hizo unos agujeritos y me dio un concierto fastuoso. Siempre ha enviado correros, en vez de comentarios. Éste es interesante.
    Gracias, genio.

  • Pedro Madroñal Escrito el 16 enero, 2010 12:49

    La pregunta tiene faena, ¿enseñar a cantar por soleá? Pienso, que se puede trasladar la cuestión a otras artes e intentar hacer un paralelismo. ¿Se puede enseñar a pintar, esculpir, escribir….? En todos los casos la respuesta es afirmativa, ahora bien, ser Picaso, Miguel Angel o Lorca, es imposible de enseñar y mucho menos de aprender.
    Me inclino por pontenciar las escuelas, quizás con una reglamentación a cumplir. Como bien dice Carmen Arjona, los tiempos varian y en estos que nos toca vivir es complicado buscar a los grandes maestros en los bares o fiestas, el flamenco mercantil está en su mejor momento de la historia pero el “de uso”, el flamenco como relación interpersonal agoniza si es que vive aún. Así que la docencia flamenca en escuelas es de los pocos mecanismos existentes para el aprendizaje de técnica, estilos, ritmos, letras… Si los alumnos salen de ellas como cantaores hechos en serie es más un problema del aprendiz que del maestro.
    Un saludo a toda la comunidad gazapera.

  • lagazapera Escrito el 16 enero, 2010 22:25

    Me estáis convenciendo, sinceramente. Pedro, de acuerdo con lo que dices. En definitiva, lo importante es que el flamenco se mueva y que cada día seamos más. Sólo pido responsabilidad a los maestros que enseñan y buen ojo a los que quieren aprender. Me fastidia que se haga de esto un negocio, pero ¿hay algo que no lo sea? ¡Cuánto estoy aprendiendo en esta gazapera.
    Abrazos!

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