En honor de los míos

En honor de los míos

Mi vida ha sido una constante aventura desde que nací. Creo que me di cuenta muy pronto, siendo todavía un niño, de que conformarse con lo que eres no es bueno, porque eso te va a impedir ver cumplidos tus sueños. Porque soñar, lo que se dice soñar despiertos, lo hacemos todos.

Nací en una familia de una pobreza extrema, de jornaleros del campo. Que haya podido averiguar, hasta mis tatarabuelos lo eran, tanto por parte paterna como materna.

Nadie de mi familia ocupó jamás un puesto destacado en la sociedad y de niño ya lo sabía porque me interesó saberlo y busqué la forma de averiguarlo. Mi padre fue porquero, cuidador de cochinos, cuando apenas levantaba un palmo del suelo, y luego trabajó en el campo y en todo aquello que le sirviera para ganarse la vida. Una vida corta, porque murió con solo 33 años, de leucemia. Sin conocerlo –tenía solo 2 años cuando se fue–, siempre fue mi principal referencia, supongo que porque lo he echado de menos toda la vida y, principalmente, por lo que supe de él cuando tenía edad para entender ciertas cosas vitales. La otra referencia ha sido mi madre, que fue también padre. Tuvo que serlo. Se murió hace diez meses y aún no lo he encajado, para que se hagan una idea de lo importante que fue para mí esta mujer. Me parezco a ella no solo físicamente, sino en muchas más cosas, y, sinceramente, de todas estoy muy orgulloso. Sin embargo, confieso que nunca creyó del todo en mis posibilidades.

Fui poco al colegio, solo hasta los 12 años, porque de lo que yo quería saber no lo encontraba en el estudio. Me gustaba más ir al campo con mi abuelo materno para aprender a hacer cisco, limpiar olivos o rebuscar. Mi abuelo era un señor gruñón, poco cariñoso y de escasa cultura, aunque, eso sí, era un maestro del campo, algo así como un catedrático del labrantío. Y eso es lo que me gustaba, estar a su vera, verlo destrozar terrones con sus botas, con las tijeras de podar olivos en el cinto y un celta sin boquilla quemándole siempre la comisura de sus labios. Aunque adoraba lo que hacía, esa forma de vida de la gente del campo, siempre supe que tenía que salir de eso y vivir mi propia vida, estudiar otras cosas, viajar y descubrir el resto del mundo que conocía, que era pequeño.

Siempre me gustó escribir y solía leer tebeos y novelas de vaqueros que mi abuelo tenía en el cajón de su mesita de noche.

Quería contar historias sencillas de las que nunca se escuchaban en la radio, se veían en la televisión en blanco y negro o salían en los periódicos. Historias del pueblo, de mi infancia, de la gente sencilla del campo. Un día descubrí el flamenco en una taberna de mi barrio y todo cambió. Aunque, ahora que lo pienso, creo que fue el flamenco quien me descubrió a mí, porque cada día estoy más convencido de que me eligió para que escribiera sobre la emoción, el pellizco, las dichas y desdichas de sus artistas, de los que se iban y llegaban, de aquellos cantaores, bailaores y guitarristas que, quizá sin pretenderlo, crearon una maravilla que hoy tiene al mundo entero enamorado.

En cuarenta años dedicado a este hermoso arte, creerán si les digo que he perdido ya la cuenta de cuántos artículos llevo escritos. Decenas de miles. A veces releo los primeros y me parecen tan horribles que me pregunto a mí mismo cómo sigo escribiendo de flamenco. Son demasiados años, cuatro décadas, más de la mitad de mi vida escribiendo, opinando, haciendo entrevistas y escribiendo libros, programas de radio y televisión. Y cuando, cansado, repaso lo que he hecho, me pregunto qué hubiera sido de mi vida si no hubiera descubierto aquella noche el cante en una taberna, si no me hubiese encontrado jamás con aquel primer cantaor aficionado que me metió dentro el cante, esa vieja y sabia manera de quejarse que tiene el pueblo andaluz. A veces, cuando me invade el desánimo y creo que nada de lo que he hecho ha servido para algo, siempre hay alguien que me dice que mire hacia atrás, que piense en lo que era hace cuarenta años y en lo que soy ahora. Que recuerde cuando apenas sabía leer y escribir o que no tenía ni idea de quiénes fueron los hermanos Machado, Lorca, Miguel Hernández, Silverio Franconetti, Demófilo o don Antonio Chacón, aquel cantaor jerezano con cara de obispo de Castilla que ni siquiera tenía pinta de cantaor de flamenco. Y, sobre todo, que piense en los míos, en mi familia, en aquellos de mi sangre que jamás destacaron en nada que no fuera saber buscarse la vida labrando el campo, que no es moco de pavo, por cierto. En las fatigas de mi padre y de mi madre, en los sueños que mi abuelo Manuel no pudo hacer realidad o en aquel maestro de escuela que cuando le dije que me iba del colegio, por necesidad, me despidió con una frase que me marcó: “Serás toda la vida un desgraciado”. En definitiva, en aquellos sueños que se hicieron realidad, como el de llegar a ser, ahora sí, el orgullo de los míos.

Por ellos, solo por ellos, por mi gente, por los que se fueron, por los que aún están y por los que siguen creyendo en mí, seguiré en la brecha.

Ahora, con este nuevo proyecto, una nueva ilusión, otra tribuna de opinión en la que, por cierto, solo saldrá lo poco o mucho que me quede dentro, todo aquello que crea que deber ser dicho con independencia, sea de flamenco o de cualquier otra cosa, y con sentimiento. Y espero que sigan estando conmigo, como siempre han hecho. En honor de los míos, si no es mucho pedirles, que sé que no lo es.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

21 Comentarios

  • Pilar Fuertes Escrito el 27 marzo, 2017 09:53

    Gracias por esta maravillosa página. Gracias por entregarte así. Preciosas letras a tu familia. Te honra. Aquí estaré pendiente entre soleares y escritos por bulerías.
    ¡Enhorabuena!

    • Manuel Bohórquez Escrito el 27 marzo, 2017 20:12

      Gracias a ti, Pilar, por estar siempre ahí.

    • jose rubio, Escrito el 29 marzo, 2017 11:06

      Excelente como siempre,,! Vamos que el maestro que te dijo que serias toda la vida un desgraciao, un mojón pa e,,, asi de claro,.,,,,, Una curiosidad Manuel…. Tus hermanos también son flamencos,?,, un abrasó!

      • Manuel Bohórquez Escrito el 29 marzo, 2017 16:36

        Mis hermanos no son flamencos, aunque les gusta. Te agradezco que andes por aquí, un abrazo grande.

  • Lourdes Pareja-Obregón Escrito el 27 marzo, 2017 10:36

    Te sigo, siempre!

    • Manuel Bohórquez Escrito el 27 marzo, 2017 20:12

      Siempre fiel, amiga Lourdes. Besos.

    • Manuel Bohórquez Escrito el 29 marzo, 2017 16:38

      Lo sé, Lourdes, y me haces feliz con tus comentarios. Un abrazo.

  • José Cenizo Jiménez Escrito el 27 marzo, 2017 19:33

    Mucha suerte. Y gracias por tu entrega.

    • Manuel Bohórquez Escrito el 27 marzo, 2017 20:11

      Gracias, José. Un abrazo.

  • Antonio Canales Escrito el 28 marzo, 2017 09:13

    Qué maravilla leerte y disfrutar de tus historias… La WEB está muy bien diseñada … Tiene clase y es limpia y clara…

    • Manuel Bohórquez Escrito el 28 marzo, 2017 23:34

      Gracias, Antonio. Quico Pérez Ventana ha hecho un gran trabajo, y aún no está acabada. Te agradezco tu comentario, maestro.

  • Pepe Esquivel Escrito el 29 marzo, 2017 10:48

    Enhorabuena Manuel, magnífico trabajo.
    Un abrazo

    • Manuel Bohórquez Escrito el 29 marzo, 2017 16:37

      Gracias, Pepe. A ver si nos vemos pronto en Las Cadenas, que con tanto trabajo casi no tengo tiempo. Un abrazo.

  • Milagros Angel Escrito el 29 marzo, 2017 12:25

    Aquí también soy muy fan tuya.

    • Manuel Bohórquez Escrito el 29 marzo, 2017 16:33

      Muchas gracias, Milagros, ‘Mila’ para los amigos. Encantado de que andes por aquí también, un abrazo.

  • jeronimo velasco rodriguez Escrito el 29 marzo, 2017 15:48

    El que reniega de su pasado y de su familia no vale nada como persona. Yo me alegro que estés en un trabajo que llevas muchos años y te gusta, lo que hace que alguno no te comprende o no quieren enterarse de lo que tu dices. Adelante y suerte. Un saludo flamenco de Moron de la frontera, Sevilla.

    • Manuel Bohórquez Escrito el 29 marzo, 2017 16:35

      Gracias, amigo Jerónimo, es un placer tenerte entre mis lectores, y más si eres de Morón, pueblo al que adoro. Un abrazo.

  • Juan Páez Escrito el 29 marzo, 2017 19:29

    Enhorabuena Manuel, por la iniciativa, por llevar por bandera tu
    tierra, tu abnegada voluntad de superacion y el amor a la familia.
    En esta gran entrada nos identificas a muchos de tu quinta y que pasamos justito por el paseo de la niñez. Gracias.

    • Manuel Bohórquez Escrito el 31 marzo, 2017 18:49

      Gracias, Juan, ahí estaremos.

  • Andres Bravo Escrito el 14 abril, 2017 18:55

    Bueno, Manuel, solo decirte que me encanta todo lo que comentas y escribes, y no no se mucho de flamenco, pero me gusta, y esas anecdotas tuyas me encantan y me hacen sonreir. Bueno tambien naci en Arahal, cuando jugaba con mi primo cerca de la fabrica de aceituna. Buenos recuerdos de ti, la ultima vez que te vi, en la c/costa y llovera, siempre nos saludabamos, adios Manolito. Recuerdo tu eras un castillo tan alto. Yo vivia en Ricardo Palma al lado de la peña del chozas. Luego me fuy con mi madre a padre pio y estando alli, no puedo contar la de veces que me ponia a hablar con tu madre, me gustaba estar con ella y mi madre no se si eran primas, o primas segundas, yo me pierdo ahi. Pero me dolio mucho su perdida, aunque tambien a mi me paso unos años antes. Bueno solo felicitarte por conseguir por lo que luchaste y lo que mereces, y lo que te queda… Un abrazo y un beso para Pepa, que orgullosa estara….

    • Manuel Bohórquez Escrito el 15 abril, 2017 18:06

      Hola, Andrés. Si no me equivoco, tú eres hijo de Fernando, primo hermano de mi madre. No sé si es cierto o no, y espero que lo digas. En cualquier caso, celebro que me leas y te agradezco mucho tu comentario. Un abrazo.

Escribir comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *