El talento de Surco

Mi perro Surco, por el que daría la vida hoy mismo.

Mi perro Surco, por el que daría la vida hoy mismo.

Mi abuelo Manuel me contó un día que los cazadores de Arahal tenían una curiosa forma de saciar el hambre de los perros, porque en aquella época, en la posguerra, escaseaba hasta el desperdicio en la casa del pobre. Llenaban un cubo de agua y echaban un hueso para que se fuera al fondo. El perro tenía que beberse medio cubo de agua hasta poder alcanzar el deseado manjar. Entonces, acababa tan saciado que dejaba el hueso para otro día. No había perros obesos en aquellos años, como los hay en nuestros días, que hasta hay planes de adelgazamiento para canes, sobre todo para determinadas razas que tienden a engordar. El perro engorda porque no lo sacan a pasear y lo sobrealimentan con comida poco apropiada y chucherías. También nos pasa a los seres humanos. En cierta ocasión un paisano mío me dijo que había inventado un plan de adelgazamiento y me preguntó que cómo podía patentarlo. El plan consistía en comer solo conejos silvestres, del campo, en salsa, al ajillo o con tomate. Cuando le comenté que cómo podía adelgazarse de esa manera, por muy pocas calorías que tenga la carne de conejo del campo, enseguida me desveló el secreto: los conejos había que cogerlos corriendo, pero sin perros. Para que luego digan que en Arahal no hay talento. Hace unos días quise probar con Surco lo del hueso en el fondo de un cubo de agua. Llené el cubo, le eché una rodilla de buey recién traída de la carnicería y me puse a vigilarlo por la ventana del patio para ver cómo reaccionaba. Lógicamente, estuvo viendo la forma de llegar al hueso sin beberse medio cubo de agua, hasta que se le encendió la lucecita. Cogió un trozo de manguera que había en el patio, metió una punta dentro del cubo y absorbió por la otra. Cuando vació el cubo, se zampó el hueso. Increíble, pero cierto. Al día siguiente quise poner en práctica con él lo de alimentarlo solo de conejos del campo y lo llevé a ver qué pasaba. Estuvo tres horas corriendo detrás de los orejones, pero no pudo coger ninguno. Ese día no le di el pienso para intentarlo de nuevo al día siguiente, pero como tiene tanta confianza con una vecina la esperó en su puerta y le preguntó: “¿Vas hoy al Mercadona?”. Cuando le dijo que sí le hizo el encargo de que le trajera un conejo de granja, que a falta de pan buenas son tortas, pensaría. Esto me hizo pensar en que o los perros de la posguerra eran tontos o mi abuelo Manuel era tan fantástico como yo. Lo de desvariar puede ser un problema de familia.

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1 Comentario

  • Salvador Escrito el 23 mayo, 2014 13:24

    Manuel,cada vez que sacas a Surco,me acuerdo de mi Pastor Alemán que tuve hace muchos años,aún hoy me trae buenos recuerdos.Hoy tengo dos pequeñas perritas,cada una de raza distinta y les he hecho fotos y he montado un cuadro con los tres,Charly,el Pastor Alemán,Triana y Lunares y muchas veces me paso sus buenos minutos mirando el cuadro,aunque a las dos chicas las tengo siempre a mi alrededor.Saludos

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