El Paíti y su fábrica de genios del cante

Los flamencos somos muy dados a lo de conmemorar las efemérides, algo que solemos hacer casi siempre cuando se trata de algún artista o flamencólogo señeros. Nos encantan los muertos del cante, como a Mayte Martín. Más que flamencólogos, somos difuntólogos, para irritación de algunos. A mí me encanta recordar a los muertos del cante, rescatarlos del olvido, desenterrarlos y, si puede ser, resucitarlos, darles vida, devolverlos a la actualidad. Es lo que voy a hacer hoy con don Francisco Pavón Cruz El Paíti, un gitano herrero de El Viso del Alcor, aunque criado en Tocina y casado con una paisana mía de Arahal a la que llamaban Pastora la de Calilo, pero que en realidad fue registrada al nacer como Pastora Cruz Vargas. Los dos, Pastora y El Paíti, trajeron a este mundo a tres de los intérpretes del cante más importantes de la historia: Arturo, Pastora y Tomás Pavón. Ahí es nada: un sabio, una reina y un genio del cante jondo, gitano, flamenco o, sencillamente, andaluz. El Paíti y La Calila no hacían el amor: se dedicaban a tallar genios del cante, como Martínez Montañés o Ruiz-Gijón tallaban nazarenos.

El Paíti nació en El Viso del Alcor en 1853, cuando El Planeta y María Borrico planificaban la proyección internacional del cante gitano. ¿Sabían ustedes que un tal Farfán se los quiso llevar de gira por Europa? Frasco el Colorao criaba hijos en Triana y El Fillo apuraba ya su escaso aire, en el arrabal también. Juan el Pelao aún no había nacido y Tomás el Nitri era aprendiz de herrero en Cádiz. Y Silverio Franconetti proyectaba su viaje a América para quitarse de Sevilla y ganar el jurdó necesario para, a su regreso, comenzar a darle valor al flamenco o género andaluz, recogiendo el testigo de Manuel y Miguel de la Barrera, los célebres boleros de Sevilla, los maestros de La Campanera.

Pasdtora con su hermano Tomás y su marido, El Pinto.

Pasdtora con su hermano Tomás y su marido, El Pinto.

Francisco Pavón El Paíti era gitano como su madre y su padre, María del Rosario de la Cruz Carrillo y José Pavón Olivera. Nieto de los gitanos Francisco Pavón, de Cantillana, y de María Jesús Olivera, de Mairena del Alcor. Y por línea materna, de Gabriel de la Cruz y de Dolores Carrillo. Todos herreros y de la labranza, desde sus abuelos, Juan Cruz Salguero e Ignacia Cruz Romero, casados en El Viso en 1802, de donde eran naturales. Son los ancestros de Arturo, Pastora y Tomás. Gitanos nacidos todos en la provincia de Sevilla, dedicados a la forja del hierro, cuidadores de caballos y, seguramente, cantaores, aunque no profesionales. Ni siquiera El Paítí fue profesional del cante, aunque cantaba y, según su nieta, Tolita, la hija de Pastora, bordaba en bronce el martinetey la debla.

Aunque de El Viso, El Paíti se crió en Tocina, de donde era natural su padre. Cuentan que era un gitano de una fuerza descomunal y muy valiente, aficionado a pescar esturiones gigantes en el río y a mirar las estrellas, como El Planeta. Se cuentan muchas anécdotas sobre él, pero hay una que lo retrata perfectamente. En Tocina hubo un señor muy bromista que se disfrazaba de fantasma para asustar a las muchachas y, en su papel de aparición, las miraba cuando dormían ligeras de ropa en las calurosas noches de verano. Esto tenía al pueblo revuelto y El Paíti decidió desenmascarar una noche al espectro. Se escondió en un portal con una llave de hierro liada en un trapo y cuando se acercó el fantasma le dio tantos golpes que no tuvo más remedio que identificarse: “¡No, Paíti! ¡No, Paíti!”, dicen que gritaba.

Se enamoró de Pastora, una de las hijas del gitano herrero Tomás el Calilo, de Arahal. Era su prima hermana, pero se enamoró de tal manera que iba andando desde Tocina a Arahal solo para verla, atravesando olivares y huertas, cruzando por Carmona. Se casó con ella y el día 3 de noviembre de 1882 tuvieron el primer hijo, Arturo, aunque en realidad se llamaba José Ángel, rezando en sus documentos solo como José. Vino al mundo en el número 7 de la calle Juan Pérez. Lo de Arturo es porque al Paíti le gustaban las novelas de Enrique Pérez Escrich.

Como el padre de los Pavón era un estupendo herrero, un gran machacador, encontró trabajo en la fragua de los Lérida de Triana, en la sucursal que abrieron en la calle Sol, en San Román. Decidió irse a Sevilla tirando de toda la familia de su esposa, y en 1890 nació La Emperadora del Cante, Pastora, en la casa de su tía Manuela, una de las hermanas de su madre, en el número 19 de la calle Butrón. Tres años más tarde nació Tomás, en la calle Leoncillos, en la mismísima Puerta Osario. Que sepamos, solo tuvieron estos tres niños, criados en la Puerta Osario de Sevilla hasta que la familia se afincó en la Alameda de Hércules.

Estando trabajando en la construcción de un puente en Mérida, El Paíti cayó al vacío y se partió la espalda, quedando impedido para trabajar. Fue entonces cuando Pastora la de Calilo decidió vender flores por las calles de Sevilla y permitió que Arturito empezase a cantar en fiestas para ayudar a la familia, primero en la Puerta Osario, en Casa Ceferino, y luego en la Alameda. Pero como le gustaba empinar el codo, un día faltó a su cita y La Calila decidió que había que salvar el sueldo e hizo debutar a Pastorcita en la Feria de Sevilla, con tanto éxito que ese día nació la mejor cantaora de todos los tiempos, la Niña de los Peines, remoquete que le pusieron en Madrid por cantar una conocida letra por tangos que aprendió de un ciego de Pilas que vendía peines en la Alameda: Péinate tú con mis peines/ que mis peines son de canela/ quien con mis peines se peina/ canela fina se lleva.

Siempre se había dicho que El Paíti murió a principios de siglo, cuando eran niños los tres hermanos –yo mismo lo decía–, pero no fue así. Murió ya mayor, en 1915, cuando Pastora tenía 25 años y era la reina del cante. No murió como consecuencia de su grave lesión en la espalda, sino de neumonía vírica, el día 10 de enero del citado año, cuando la familia vivía en el número 41 de la Alameda de Hércules. Los gitanos de entonces eran enterrados en fosas comunes, en cajas o sin ellas, pero Pastora quiso que su padre fuera sepultado en primera clase, como los señores de parné. Y los restos del célebre Paíti fueron enterrados en el número 65 de la calle San Benigo del Cementerio de San Fernando, con todos los honores, con los que merecía aquel gitano de El Viso que, cantara o no cantara con duende –dicen que sí, que era un maestro–, se puso de acuerdo con la hija de Tomás el Calilo para traer al mundo a tres genios del flamenco sin los que hoy el cante de Sevilla no ocuparía el lugar que ostenta en el universo de lo jondo.

Los restos del Paíti descansan en el panteón familiar de los Pavón Cruz, en el camposanto sevillano, con su amada esposa, sus hijos Pastora y Tomás; Reyes Bermúdez Camacho, la esposa de Tomasito, y El Pinto, el marido de La Niña, que también fue otro gran artista del cante.

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1 Comentario

  • Jose Luis Escrito el 7 febrero, 2015 22:44

    Sabes, querido Manuel, que no acepto la palabrita, pero que, pertenezcan a ella, sean de su ámbito, hacienda, apoteosis, sean frutos suyos o no, me encantan estas entradas tuyas, que lejos de ser cosa de difuntos, creo que vivifican este arte, que de haber carecido de la mágica factoría de la genética –digo de sus cojones- de Don Francisco, no estaría hoy tan vivo como lo contemplamos. Un abrazo.

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