El ‘joder’ se va a acabar

Ser andaluz está dejando de ser un chollo. No me refiero ya a que Andalucía sea la región con más paro de España y parte de Andorra. Tampoco a que tengamos tanta corrupción en las instituciones ni a que nuestros jóvenes tengan menos futuro que Paquirrín como barítono. Ni siquiera a que Cañamero y Gordillo nos vayan a meter en bronca con los del Peñón de Gibraltar. Me refiero sobre todo a esa amenaza del Ayuntamiento de Sevilla de que eso de jugar al dominó en la calle tiene los días contados. Esto y otras cosas que forman parte de nuestra forma de vivir, de nuestra cultura, como lo de gritar en los bares en el tono de La Paquera, cantar fandanguillos de Alosno fuera de tono en las tabernas o dejar que tu perrito plante un pino de la variedad de Royal canin donde le dé la gana, que para eso es tuyo. Quieren acabar con la placentera tradición de joder a los demás. Por otra parte, dedicarse a la política ya no será garantía de forrarse porque eso de meter la mano en la caja pública se va a acabar, que lo ha dado a entender Susana Díaz. Y ya sabemos cómo se las gasta. Y si eliminan la posibilidad de forrarnos, casi que no va a merecer la pena trabajar de manera altruista para la comunidad. Lo del dominó lo podríamos solucionar fácilmente fabricando las fichas con carne de membrillo de Puente Genil o eliminando el mármol y la formica de las mesas y colocando en su lugar corcho del país, que en eso estamos a la cabeza de las exportaciones. Tampoco sería un problema lo de las heces de los perritos en las aceras porque los exterminamos y punto. No plantearía un problema serio en una región donde tanto maltratamos a los animales, por ejemplo con los cohetes y los petardos, que por cierto producen más decibelios que las fichas de dominó y vuelven macandés a perros y pájaros. Si obligamos a los políticos a ser honrados, a los parados a cambiar el dominó por la petanca, a los jóvenes a vomitar en sus casas y a celebrar las botellonas en el campo, y a los flamencos a cantar por señas, ¿qué ocurrirá con la Sevilla eterna? Sería una ciudad mucho más habitable, sin duda, con las aceras más limpias y sus zonas verdes más verdes. Dormiríamos mucho mejor la siesta, oiríamos de otra manera a José Ramón de la Morena y mejoraríamos la imagen de cara al turismo, del que vivimos en un importante porcentaje. Hay quien sueña con una Sevilla muda y funérea que no cante ni baile en las calles, en la que todos vayamos en bicicleta, en silencio, salvo los rocieros, porque no hay nada más castizo que esa estampa de bueyes tirando de carretas mientras las hermandades lo celebran espantando con sus cohetes a los vencejos y gorriones. Lo de las fichas de dominó de carne membrillo es buena idea, ¿no? Por si pudiera ser una alternativa.

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