El Festival de Nimes cumple 25 años

Moraíto Chico tocando por bulerías en el Festival de Nimes de 2011.

Moraíto Chico tocando por bulerías en el Festival de Nimes de 2011.

Aunque parezca que el interés del flamenco fuera de Andalucía es un fenómeno reciente, lo cierto es que viene de lejos. Para que se hagan una idea, a mediados del XIX un tal Farfán intentó llevarse de gira por Europa al gaditano Antonio Monge El Planeta y a la cañaílla María Fernández La Borrica, según la prensa de la época. No nos consta que se llevara a cabo esa gira, pero había interés en que los europeos conocieran el arte del carnicero adinerado y el de la hermana del Viejo de la Isla, la del bravo macho seguiriyero. Curiosamente, en Andalucía despreciaban a los flamencos y criticaban la inclusión del género en los teatros y cafés. Fuera de Andalucía, en la capital de España, se referían al éxito de los flamencos en sus teatros como “la plaga flamenca”. No llevaban bien que Silverio y Juan Breva llenaran el Café de la Bolsa con sus “jipíos” y “palmoteos” y que célebres tenores italianos o bailarinas francesas no se comieran una rosca. A pesar de tal ofensiva, los flamencos conquistaron España en el siglo citado, sus teatros y cafés, y viajaron por el mundo. Y no nos referimos a las boleras y boleros como Manuela Perea, Petra Cámara, Manuel Guerrero o Antonio Ruiz, sino a artistas flamencos. Directores de los más importantes teatros de Europa, y hasta de América, venían a Sevilla a ver espectáculos de cafés para hacer sus programas. Y ahí teníamos a los cantaores, las bailaoras y los guitarristas conquistando París o Berlín. A Aquélla Parrala de Moguer -que no de La Palma-, o a aquél Maestro Pérez del sevillano Barrio de la Feria. Hoy hay ya festivales flamencos internacionales en todo el mundo que nada tienen que envidiar a nuestra Bienal. El de Nimes, ciudad del sur de Francia, es uno de ellos. Veinticinco años hace ya que decidieron crear esta cita anual con el arte andaluz, que hoy es cita obligada y referencia ineludible para aficionados tanto franceses como españoles. Y también podríamos referirnos al de Mont de Marsan o a la Bienal de Holanda. Nimes es una ciudad muy española -más bien andaluza-, en la que gustan los toros y el flamenco una barbaridad. Su festival, al que hemos sido invitados varias veces y que conocemos, es todo un ejemplo de buena organización y compromiso con el flamenco. Y lo han conseguido grandes aficionados como Patrick Bellito y Pepe Linares, entre otros. Celebramos este primer cuarto de siglo del Festival de Nimes con un Olé con mayúscula.

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