El dolor de los besos que nunca dimos

Beso

Este artículo ha sido modificado, porque un error me llevó a atribuirle al poeta sevillano Rafael Montesinos una soleá que, en realidad, es de otro gran poeta, Antonio García Barbeito.  Tantas veces me recitó soleares de Montesinos, a la par de las suyas propias, que la memoricé erróneamente. La soleá es la siguiente: Los besos que no te di/ te estarán doliendo ahora/ como me duelen a mí. Pido disculpas al maestro Barbeito y mantengo que es la mejor soleá creada jamás por el hombre. Al menos, es la que más me ha llegado a mí desde que la conocí.

Alguien que no recuerdo bien dijo que el hombre siempre muere antes de haber nacido por completo. Puede parecer una tontería bien dicha, de esas que sueltan los grandes pensadores, pero es cierto. Nacemos la primera vez cuando venimos al mundo, cuando nos pare nuestra madre, pero volvemos a nacer cada vez que descubrimos algo maravilloso: cuando escuchamos la primera música, cuando la lluvia nos moja la piel por primera vez, cuando olemos la primera flor, cuando damos el primer beso o descubrimos el amor. La vida es un continuo nacimiento, aunque con fecha de caducidad. La muerte, en cambio, es el final de todo. Solo morimos una vez y suele ser el remedio de todos los males. Pero, como dijo Moliére, solo debemos echar mano de él a última hora. Morirse tendría que ser algo tan sencillo y natural como saber el día exacto en el que vamos a encontrarnos con La Pálida y tener como mínimo un mes para despedirnos de nuestros seres más queridos y arreglar los asuntos pendientes con el pasado. Todos tenemos cuestiones no resueltas en la memoria que tendríamos que solucionar antes de marcharnos del todo. Lo haríamos si supiéramos cuándo va a ser el gran momento, pero pensamos que para eso siempre habrá tiempo. Y en realidad no tenemos tanto tiempo. Dijo hace unos días un conocido y científico de Atapuerca que los seres humanos acabamos de llegar a este planeta que habitamos, en comparación con los miles de millones de años que tiene de antigüedad. Tengo solo algo más de medio siglo de vida y me parece que llevo aquí millones de años, que ya estaba cuando nos calentó por primera vez el sol. Pero en realidad acabo de llegar. Todos somos unos recién llegados. Sin embargo, y la verdad es que no sé a qué es debido, siento desde hace unos meses la imperiosa necesidad de ajustar ciertas cuentas pendientes con el pasado. Es como si presintiera que está cerca mi viaje definitivo y deseara dejar algunas cosas en su sitio. ¿Qué asuntos pueden ser esos? Muy variados. Si tuviera la certeza de que me iba a morir dentro de un mes no me vengaría de nadie, a pesar de que haya por ahí personas respirando que merezcan dejar de ventilarse. A todos nos gustaría vengarnos de alguien, pero es más bello renunciar a la venganza. La venganza más cruel es el desprecio de toda venganza posible, aunque estamos viendo cada día en los periódicos que no todos pensamos así.

Otro asunto pendiente podría ser el de declararnos por fin a la mujer que hemos amado toda nuestra vida y que, en su momento, dejamos de hacer por vergüenza, inseguridad o miedo al rechazo. ¿No les perece estúpido? Hemos querido durante toda nuestra vida a una mujer y no se lo hemos dicho nunca por alguno de los motivos ya expuestos. Tres días antes de morirnos la buscamos y le confesamos el drama de nuestra vida. Estúpido, digo, porque si ella nos dijera ahora que siente lo mismo que nosotros sentimos, que también ha estado toda la vida amándonos en silencio y esperándonos, apenas tendríamos tiempo de hacer el amor cien veces.  Si alguien nos asegurara que de aquí a un mes nos íbamos a ir del mundo de los vivos, ¿dedicaríamos nuestros últimos treinta días de vida a explicarle a esa mujer que hace mil años renunciamos a ella por su felicidad? Esas cosas se suelen hacer cuando se ama con locura, aunque nos cuesten la vida. Alguien dirá, con toda la razón, que por qué hay que esperar a tener la certeza de que nos vamos a morir dentro de un mes para buscar a esa persona y resolver con ella este gran asunto del pasado. Sencillamente, porque después de sentarnos junto a ella, de mirarla a los ojos y decirle que hemos sufrido toda nuestra vida como un penado, que renunciamos a ella para que fuera feliz, descubriríamos que eso es mucho dolor para un solo corazón. Nos harían falta dos, como mínimo, y tan grandes como el de un dinosaurio. Sería duro seguir viviendo. Solo podríamos soportarlo dándole los besos que nunca le dimos -que le habrán dolido siempre, como nos han dolido a nosotros-, regalándole las rosas y los bombones que nunca le compramos, llevándola de la mano a lugares a los que nunca la llevamos, desnudando aquellas partes de su cuerpo que jamás desarropamos, descubriendo las diminutas montañas rosadas de su piel que no exploramos y, sobre todo, haciéndola sentirse la mujer que nunca la hicimos sentirse. ¿De verdad hay que saber que nos vamos a morir en breve para hacer algo así? El gran poeta sevillano Antonio García Barbeito lo resolvió escribiendo la mejor soleá jamás creada por el hombre: Los besos que no te di/ te estarán doliendo ahora/ como me duelen a mí. La copla de tres versos, lo que llamamos los flamencólogos una solearilla, como restándole méritos a lo que puede llegar a ser una obra maestra de la literatura andaluza, resume todo el sentido de esta reflexión sobre la vida y la muerte. Sobre aquellas cosas que nunca hicimos porque en su momento pensamos que siempre habría tiempo de llevarlas a cabo. Pero el tiempo no siempre encuentra un final de película. Qué manera de desvariar esta semana. Me estaba poniendo ya más políticamente incorrecto de lo recomendable.

Publicado hoy en El Correo de Andalucía, página 4. Desvariando.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

18 Comentarios

  • Emilio P Escrito el 12 enero, 2013 09:37

    Qué cúmulo de verdades,amigo Bohórquez.El alcanzar la madurez,en edad y carácter,es adquirir máscaras engañosas hasta llegar al final.Sòlo el niño es psicològicamnente perfecto,su honradez anímica va enfermando y mintièndose para poder vivir.La muerte recoge un payaso trasvestido de mentiras y deseos no satisfachos.Todos desperdiciamos la vida.Sólo la música y el desvarío flamenco para mí indican que pudo haber otra cosa,y quizás me equivoqué.Un abrazo

    • lagazapera Escrito el 12 enero, 2013 09:39

      A Emilio P: Profundo, Emilio. Buen fin de semana.

    • lagazapera Escrito el 12 enero, 2013 18:06

      A Emilio P: Un abrazo, Emilio. Qué sensibilidad la suya.

  • Felipe M. Chica Escrito el 12 enero, 2013 09:54

    “Sòlo el niño es psicològicamnente perfecto”. Totalmente de acuerdo, Emilio. Por ello sólo en él podrá encontrarse la dichosa PUREZA. (Copiado de una respuesta de Morente a la pregunta de ¿un/a? periodista).

  • S.Vergara Escrito el 12 enero, 2013 14:55

    Mayúsculo artículo. Hermosa prosa cercana.

    Me pregunto que si las personas que amamos una vez volvieran de nuevo a nuestras vidas muchos años después, por ejemplo en un encuentro junto antes de nuestra muerte, serían las mismas personas. Si nos volveriamos a encontrar con aquella niña (o niño) cuyos gestos y palabras cuadraban perfectos a compás en nuestros corazones. O si por el contrario, los años habría hecho que aquella persona ya no existiera. Que se hubiese convertido en otra, otra que ya no conocieras. Creo que eso sería lo peor de todo porque destruirá lo más inalterable e íntimo: el recuerdo. Y lo haría al final, sin tiempo para mucho más. Creo que me quedo con los recuerdos. Me llevaría mis recuerdos.

    Un abrazo a todos.

    • lagazapera Escrito el 12 enero, 2013 18:03

      A S. Vergara: Veo que te he hecho reflexionar sobre el asunto. me alegro. Precioso comentario, amigo Vergara.
      Feliz 2013.

  • Paco de Cái Escrito el 12 enero, 2013 15:57

    Manuel en esta carta, porque para mi es una carta de una persona muy triste y con mucha noltagia, para poner algo en orden de su vida en sus ultimos dias. Me parece que tú esta algo triste y esa tristeza ha sido la causa de esa carta, tu que esta en la flor de tu vida, solo medio siglo, que es lo que tendria que escribir yo que soy más viejo que el acueducto de Segovia que lo hicieron los romanos, y no me pongo a pensar esas cosas tan funebres. Lo que si me gusto es esa solearilla, mucha veces las cosas pequeñas son más grandes que las grandes. No piensa en esas cosas y piensa en disfrutar con tu Surco corriendo por los campos de Mairena. Un abrazo

    • lagazapera Escrito el 12 enero, 2013 18:01

      A Paco de Cái: Es solo modesta literatura, Paco, pero literatura al fin y al cabo. No te preocupes por mí que estoy estupendamente. Luchando, como siempre.

  • Felipe M. Chica Escrito el 12 enero, 2013 17:22

    Manolito, tal y como te prometí por el twitter, aquí tienes un ejemplo de poema paralógico de J.A. Soler, que quizá pueda venir a cuento del tema que comentas hoy:

    El destino lo hace uno
    dándole forma a su suerte;
    el azar siempre es seguro
    y más segura, la muerte.

    • lagazapera Escrito el 12 enero, 2013 17:59

      A Felipe Martín Chica: Preciosa copla por soleá, Felipe. No sabía yo que Soler hacía esas maravillas. Dale un saludo de mi parte cuando le veas. Muchas gracias.

  • Enamorada de ti Escrito el 12 enero, 2013 18:09

    Este artículo suyo es una gran reflexión sobre la vida que todo el mundo debería hacer. Al llegar a estas conclusiones yo les diría, hagan como yo, cojan el toro por los cuernos, como se dice en nuestra tierra, y hagan cada día algo que harían si fuera el último: disfrute de un beso, con tranquilidad, disfrute de un pequeño paseo, escuche el sonido del viento, el olor del campo o simplemente acaricie una piel, sintiéndola, la suya, la de su pareja, la de surco, sienta en ese instante lo que esté haciendo, no lo haga de forma mecánica. De esa forma puede que un día eche la vista atrás y no piense que tiene algo que arreglar, si no que el momento que sea será y todo estará bien. Perdón por la extensión.

    • lagazapera Escrito el 12 enero, 2013 19:34

      Enamorada de t: No hay nada que perdonar. Al contrario, amiga. Gracias por el comentario y por los consejos. Saludos, y espero que siga opinando. Un abrazo.

  • Esperanza Jiménez Escrito el 12 enero, 2013 22:18

    Los besos que nunca dimos, las palabras que no pronunciamos, las cosas que dejamos sin hacer… ¿Que pasaría si se hubieran dado, dichas o hechas?.Pues que sería imposible, algo quedaría en el tintero. Serían otros los besos que no habríamos dado. No podemos volver atrás y eso es en el fondo lo que nos duele. Me fui de Sevilla con 26 años, el 8 de enero cumplí 56 y sigo añorando mi vida allí. Pero creo que lo que echo de menos es mi vida DE ENTONCES y esa no volverá aunque yo regrese. Porque la vida sigue su curso y cada momento que pasa somos diferentes del anterior y no se puede retener. Pero si deberíamos tener presente que la vida termina y que no sabemos cuando. No se si sería bueno conocer la fecha de caducidad, ya se sabe que la certeza de la muerte es aún peor que la propia muerte. Pero si deberíamos cambiar el chip. Llevamos una vida muy equivocada, el hombre no ha sido creado para trabajar todo el día, el supermercado, la cuenta corriente, etc. La vida se nos va en eso y dejamos aparcado lo verdaderamente importante, pensando que tendremos tiempo. Y sabemos que no es verdad y yo se -porque lo he vivido- que no es verdad. Me quedo con esta frase que resume lo que quiero decir: “vive como al momento de morir quisieras haber vivido”.
    Me ha encantado tu artículo, como siempre. Un abrazo.

    • lagazapera Escrito el 13 enero, 2013 10:52

      A Esperanza Jiménez: Precioso comentario, Espranza. Me quedo con una frase: “Vive como al momento de morir quisieras haber vivido”. Ahí queda eso. Buen domingo.

  • Carmen Arjona Escrito el 13 enero, 2013 11:43

    A Emilio P: Me uno a tu comentario y aplaudo la certeza de tus palabras. Cuando Bohorquez se pone a rebuscar en los pliegues del alma encuentra cosas tan profundas como este artículo.
    No quiero saber mi fecha de caducidad, algo hay que dejar reservado a la sorpresa. Lo único que quiero es morir viviendo. Supongo que me arrepentiré de cosas, si me da tiempo, porque hay a quien le pilla tan súbita y subrepticiamente que no le da tiempo a nada. Pero, eso sí, quiero irme en silencio, sin hacer ruido, como la que escapa en la noche con su amante. ¿Qué más puedo pedir?
    Saludos, gazaperos.

  • Paco de Cái Escrito el 14 enero, 2013 17:40

    Yo ya he escrito un comentario pero he leido los otros y hay uno que me gusta más casi que el articulo de Manuel, (todo el mundo le llama Manolo, yo Manuel, me parece más flamenco) porque lo que escribe esa señora Esperanza Jiménez lo he vivido yo en mis propia carne, yo sali de mi Cái en el año 1960 y volvi en el 1998 y a los tres meses de esta aqui ya queria irme otra vez de donde vine, mi Cái no era el mismo, lo que yo vivir en aquellas fechas lejana era una fantasia que yo tenia en mi cabeza.Saludos

  • P. Fuertes Escrito el 19 enero, 2013 07:51

    Maravillosos pensamientos.
    Toda la razón. Sin embargo, y a pesar del dolor de los besos que nunca dimos en el pasado, creo que deben ser más dolorosos los besos que nunca daremos en el futuro (si no morimos enseguida,claro). Aquellos que quisieras dar mañana y se convierten en imposibles. Aquellos que deberían ser posibles y no lo son. Esos que convierten tus pensamientos en dudas, en sí o en no.
    Esos besos futuros que pueden acabar en aquellos que “nunca dimos”. Como lo del huevo y la gallina. Que tormento viene primero? Que dolor es más grande? Si piensas que nunca lo hiciste es porque hubo un momento en que fue posible, no? Era futuro?
    Creo que yo también estoy políticamente incorrecta y me estoy “atronando”.
    Gracias, genial. Saludos a todos. Pilar.

    • lagazapera Escrito el 19 enero, 2013 07:58

      A P. Fuertes: Buenos días, Pilar. Celebro verte por aquí también. Precioso tu comentario y atinada tu reflexión. Si un artículo ayuda a pensar al lector, es válido. Los besos del futuro todavía tienen solución. Los que no dimos en el pasado, evidentemente no. El corazón también se equivoca, pero pocas veces. Suelo hacerle caso, quizás por eso he sufrido más de lo necesario.
      Un abrazo.

Escribir comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

istanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escort
istanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escort
istanbul escortsistanbul escortsistanbul escortsistanbul escortsistanbul escorts
istanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escortistanbul escort