Demasiados asuntos por resolver

No sé si España es el único país del mundo con tantos asuntos históricos por resolver, pero lo parece. Y esos problemas pendientes de ser resueltos no nos dejan vivir en paz y estamos siempre a matarnos. Lo noto en cosas sencillas, cotidianas. Me encuentro a veces con personas en las calles del pueblo donde vivo a quienes doy los buenos días y unos los devuelven y otros no. Y cuando esto sucede, cuando alguien no contesta, pienso que es de esa media España que está encabronada con la otra media. Pero a lo mejor es que es sordo como una tapia y lo desconozco, no lo sé. Uno tiende a ser mal pensado, quizás por la educación recibida. No hace muchos días le pregunté a uno en una taberna que cómo estaba, por iniciar una conversación de esas de mosto y cacahuetes, y el hombre me respondió con una pregunta un tanto envenenada: “Bien, gracias. ¿Es que tengo que estar mal?”. Enseguida pensé: “Este tiene el síndrome de los asuntos pendientes que no acaban de arreglarse”. No fueron unos mostos agradables y, encima, los cacahuetes olían a humedad. En el décimo aniversario del brutal atentado del 11 de marzo de 2004 en Atocha, los españoles, seguramente millones, siguen pensando que ese asunto aún no se ha resuelto. Unos dicen que fue un golpe de estado para acabar con el gobierno de la derecha tres días antes de que eso lo decidieran los españoles en las urnas. Y otros que el culpable fue el expresidente Zapatero cuando en la campaña electoral que lo llevó a la presidencia prometió que retiraría a los soldados de la guerra de Irak si ganaba las elecciones. Y, claro, los islamistas quisieron echarle un cable. Es lo que piensan muchas personas. Para colmo, ni Aznar ni Zapatero estuvieron el pasado martes en los actos conmemorativos del décimo aniversario del atentado, al lado de las víctimas. Ahora resulta que es que no fueron invitados al acto por “un error involuntario”. ¡Cagondiez! Menos mal que no se olvidaron del Rey. Ambos son expresidentes y tendrían que haber estado, porque si lo son para ganar decenas de miles de euros enchufados en Endesa, en el caso de Aznar, y para seguir cobrando del Estado, en el de Zapatero, deberían serlo también para dar la cara ante los ciudadanos, aunque a estos se les hubiesen revuelto las tripas mirándolos porque todavía tienen muchas dudas de por qué ocurrió aquel horrible atentando, que unos achacan al hecho de llevar soldados a Irak y otros a la promesa de retirarlos. La Justicia lo cerró, pero el pueblo tiene aún la herida abierta y piensa que no se hizo justicia. También sigue abierta aún la herida de la Guerra Civil española de 1936. Es todavía un asunto no resuelto, una losa demasiado pesada en la conciencia colectiva de los españoles. Se hizo borrón y cuenta nueva al inicio de la Transición y, aunque a regañadientes, se cerró esa historia para que una vez muerto el dictador los ciudadanos pudiéramos convivir en democracia. Y aquí no hay dios que conviva, unos porque odian a la izquierda y otros porque odian a la derecha. Hay pueblos donde si te ven tomar un café en el Casino, donde solo paran los señoritos, se te cataloga enseguida como renegado y pasas a ser un traidor, como si los de mi generación hubiésemos violado a monjas o llenado las cunetas de cadáveres. A mí no me educaron para odiar a los señoritos, a la derecha, pero sufrí las consecuencias de quienes explotaban a los pobres, a mi familia, en la que alguno murió precisamente en la maldita guerra que aún colea. Pasaba por allí por casualidad y lo dejaron seco con 21 años. Era hermano de mi padre, mi tío Frasquito Bohórquez. Los desprecio, pero no los odio. No se puede vivir con odio y en España es imposible dormir en paz porque hay una intolerancia incrustada en nuestra piel desde hace siglos y siglos. Y la hay en todas las ideologías políticas y religiosas, en cada región de España, en cada ciudad y en cada pueblo por pequeñas o pequeños que sean.

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Recuerdo que quienes me iniciaron en la política me contaron una parte de la historia de España, la que les interesó contarme, que era muy distinta a la que me dijeron en el colegio. Una vez los grises nos majaron a palos en una manifestación por reclamar el derecho a no vivir como ratas. “Esto no pasará cuando gobierne el proletariado, el pueblo”, me dijeron. Y cuando llegó la hora de que el pueblo eligiera a los gobernantes, o sea, de la democracia, la policía seguía y sigue dando mamporros a los ciudadanos, como pasó hace unos días en Galicia con los pescadores. Y recuerdo una marcha de jornaleros andaluces a la capital de España para que los recibiera Felipe González, quien al final no lo hizo. Mandó a la policía a darles la bienvenida a sus paisanos y no precisamente para invitarlos a tomar un cafelito.Y ya ven en qué se ha convertido hoy el político de Bellavista, que hasta ha dejado un buen trabajo porque se aburría como una ostra, con la de personas de su tierra que se aburren en el paro. Nuestro país tiene demasiados asuntos pendientes que nunca se van a solucionar. Asuntos de carácter histórico y otros, quizás menores y recientes, que tardan en arreglarse. Los casos de corrupción se eternizan en los juzgados. En el caso de la infortunada Marta del Castillo, cuatro niñatos se han reído de todo un país, solo permanece en la cárcel uno de estos desgraciados y estará ya mismo en la calle. En otro caso, el de los quince subsaharianos ahogados en Ceuta, sigue sin aclararse si se ahogaron porque ya no querían vivir o porque las pelotas de goma de la Guardia Civil les evitaron alcanzar la orilla. Son casos que se van acumulando y que no contribuyen a que los ciudadanos confíen en la Justicia de su país. Pero hay un asunto que debería solucionarse algún día, que es el de la convivencia entre los españoles, de todos, los de la izquierda y los de la derecha, los religiosos y los ateos, los catalanes y los andaluces. Y este asunto no depende solo de quienes gobiernan, sino de cada uno de nosotros. A mí ya no me engañan más con lo de la derecha y la izquierda, con el miedo, como si en esta todo fuera bueno y en aquélla todo malo. Mi asunto por resolver era el de empezar a tener mi propio criterio y aceptaré lo que decidan libremente la mayoría de los españoles.

 

 

 

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1 Comentario

  • Paco de mismo Cái Escrito el 15 marzo, 2014 13:35

    Todo lo escrito esta bien y muy bien dicho todo pero cuando vamos a olvidar todo lo ocurrido en el 36, yo nací en ese mismo año y no me dí cuenta de lo que hacía algunos y también los otros lo que si me acuerdo, cuando tenía cuatros añitos la hambre que pase, eso no se me olvida. Pensar bien en Alemania, que allí fueron más millones de muertes que en la nuestra, ellos, los alemanes no olvidan, pero no van ha estar toda la vida pensando en lo que hizo ese hijo de p… de Hitler y aquí que hubo otro hijo de cual quier madre estamos todos los días darle que te darle y todo por cuatros que quiere mandar en España y no es por otra cosa, hacer por recuperar los seres queridos que cayeron, pero no con tanto odio que formentan esos politicos. Querido Manuel en tu pueblo de nacimiento hicieron barbaridades y por cierto no fueron los de la derecha sino aquellos que pensaban como Stalin.

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