Cante auténtico con sabor a Mojama

A Salomé Pavón

Juanito Mojama. Archivo Rondón.

Juanito Mojama. Archivo Rondón.

Hasta hace muy pocos años, en que se ha recuperado su memoria pública y se han reeditado sus cantes, Juan Valencia Carpio, Juanito Mojama, era un absoluto desconocido para la gran mayoría de los aficionados actuales. Sólo se sabía de él por unas líneas que le dedicó Fernando el de Triana en su célebre libro (Arte y artistas flamencos, 1935), y por lo que contaban algunos cantaores viejos que ya han desaparecido, además de los pocos que aún viven y que no han olvidado cómo cantaba y bailaba este gitano menudo y serio. Descendiente del gran seguiriyero Paco la Luz, Juan Mojama nació en el barrio de San Miguel de Jerez de la Frontera, en el seno de una familia gitana de gran tradición flamenca. Recibió su primer beso de luz el día 23 de agosto de 1892, en el número 12 de la calle Honsario, según publicó hace años años el joven investigador Ramón Soler Díaz, en un excelente trabajo editado en la revista Candil. Hijo de un gitano de Santiago, Juan Valencia Romero, y de Joaquina Carpio Heredia, que también era gitana, destacó primero como bailaor en las fiestas del barrio, y después despuntó como cantaor. En 1912 se trasladó a Madrid y comenzó a trabajar en locales como Fornos, Villa Rosa y Los Gabrieles, donde lo llamaban Clarito Mojama. Es entonces cundo Miguel Borrull padre le pone el remoquete de Mojama. Raro para las fiestas y, desde luego, para los escenarios, le resultó muy difícil hacerse un sitio entre los Chacón, Escacena, José Cepero y Fernando el Herrero, entre otros cantaores que también emigraron a Madrid para probar suerte. El jerezano no la encontró, aunque nada más llegar a la capital de España se ganó el cariño de todos estos cantaores, y el de muchos aficionados. Don Antonio Chacón fue uno de sus más grandes admiradores, quizá porque Juanito había forjado su manera de cantar con elementos del estilo del jerezano y del de Manuel Torre, cantaor también de Jerez al que idolatraba Chacón. O sea, que Mojama supo situarse entre las dos escuelas que marcaron el cante en la primera década del pasado siglo, las de Chacón y Manuel Torre, como hicieron otros dos grandes artistas de la época: el Niño Medina y la Niña de los Peines. Era una escuela creada a partir de elementos del cante gitano y el cante andaluz, que ya inició Silverio Franconetti en el inicio de la segunda mitad del siglo XIX. Mojama no fue nunca un cantaor para el público, de ahí que rehusara cantar en los espectáculos de la Ópera flamenca, lo mismo que Tomás Pavón, Fernando el Herrero, Matrona y otros. Tampoco le atrajo nunca la idea de grabar discos, como a otros de su tiempo, pero lo hizo y gracias a ello podemos gozar hoy de una manera de cantar que, lamentablemente, se está perdiendo.

Mojama aparece al lado del segundo guitarrista, con bastón. Canta José Ortega.

Mojama aparece al lado del segundo guitarrista, con bastón. Canta José Ortega, y al lado, su hermana Rita toca las palmas.

En 1929, y con la guitarra de otro de sus grandes admiradores, don Ramón Montoya, grabó ocho discos para el sello Gramófono, legándonos un verdadero tesoro: tientos, soleares, granadinas, alegrías, seguiriyas, caracoles, tarantas y bulerías. Tenía 37 años de edad y estaba en plenitud de facultades. Después de la guerra civil grabó en Columbia otros siete cantes, con Montoya también. Valderrama me contó que acompañó a Mojama en este viaje, estando presente en la grabación de los discos. Lástima que sólo grabara estas placas, porque dicen quienes le escucharon muchas veces, como es el caso de Juanito Valderrama, que tenía un repertorio interminable de soleares y seguiriyas, y de otros cantes como la caña de Chacón y una gran variedad de tonás jerezanas y trianeras. Como no podía ser de otra manera, dado su carácter, los últimos años de su vida los pasó con más pena que gloria. En 1949 le tributaron un homenaje benéfico en el Teatro Alcalá de Madrid y vivió algún tiempo del dinero recaudado y de las pocas fiestas que le daban. Envejecido y sin dinero, abandonó la capital de España tras la muerte de sus dos hermanas, que eran su único consuelo, y se fue a Jerez buscando el calor de sus paisanos. Allí tuvo incluso que vender tabaco para sobrevivir, según asegura Ramón Soler en el reportaje ya citado. Más tarde se vino a Sevilla, donde, al parecer, olvidado por todos y con la cabeza perdida no se sabe dónde, abandonó este mundo en 1957. Precisamente cuando la afición comenzaba a darle valor al cante gitano más auténtico. Sus discos son un tesoro.

Juanito Mojama por Seguidillas gitanas. ‘Que tanto he dormío’. Guitarra, Ramón Montoya. 1929.

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7 Comentarios

  • Pedro Madroñal Escrito el 19 febrero, 2010 19:33

    Mojama, al igual que Tomás, han sido reconocidos en una época posterior a las que les tocó vivir. Como le pasa a otros artistas en otras disciplinas, la pintura por ejemplo, parece que sus cualidades artísticas no son entendidas por completo en su tiempo y despues cuando el grueso de la afición vamos comprendiendo el arte valoramos en su justa medida. La afinación de mojama, su sentido del compás, la forma de ejecutar los tercios y la simbiosis estética entre las dos grandes escuelas flamencas de todos los tiempos es difícil encontrarla entre sus coetáneos, así que como una herencia que no esperabamos, nos ha sido legado su obra, ole Mojama!

    • lagazapera Escrito el 19 febrero, 2010 21:02

      Fue magnífico, pero, como bien dices, descubierto un poco tarde. ¡Con las ducas que pasó el pobre!
      Saludos.

  • Ramón Soler Díaz Escrito el 20 febrero, 2010 15:31

    Hola Manuel:

    Es estupendo que te acuerdes de uno de los grandes, al menos para mí. Si acudimos a la discografía, que es lo más fiable que tenemos hoy, observamos que mientras Chacón redondeó musicalmente todos los cantes que tocó (¿quién puede superar su siguiriya de Curro Dulce?), Manuel Torre les imprimió una gitanería llena de misterio. La grandeza de Mojama fue retomar esas concepciones anteriores y crear a partir de ahí lo que es el verdadero quejío musical corto, a ráfagas, sabiendo “tragar” el cante, algo novedoso que a partir de él pudieron retomar cantaores como Antonio de la Calzá, Terremoto, Camarón, El Torta y unos cuantos privilegiados más dotados con las facultades apropiadas.

    Por cierto lo de “Clarito Mojama” pienso que pudo ser una errata del periódico donde apareció. Me lo mandó Antonio Barberán y sospecho que el periodista en vez de escuchar “Juanito” oyó “Clarito”. Puede ser ¿no?

    Un abrazo desde la isla Borinquén

    • lagazapera Escrito el 20 febrero, 2010 16:38

      Lo de Clarito Mojama lo leí en ese mismo periódico, seguramente. Es probable que fuera un error del periodista, como dices. GRacias, Ramón, por tus acertados comentarios.
      Un abrazo.

  • Luis Chacón Escrito el 2 junio, 2010 19:08

    Muchas veces oyes una voz y dices…”ese es…”
    Con Mojama no pasa eso;un sólo “ay” suyo y le reconoces al instante.Esto para mí es escuela,estilo y lo tuvieronunos pocos privilegiados: Terremoto,Vallejo,Canalejas…todos, poseedores de unos tonos mágicos.
    Mojama no vocaliza ,lo suyo es un quejío continuado que esperas no se acabe en dos minutos y medio.Fue un descubrimiento y como los “raros,raros”,también tenía sus cosillas…además metía los pies pa rabiar!!!eso sí…cuando se le antojaba,que él no cantaba cada noche…

    • lagazapera Escrito el 2 junio, 2010 19:19

      Mojama era pura mojama de Cádiz. ¡Qué voz! Soy mojamero.

  • Luis Pérez Escrito el 28 enero, 2013 00:00

    Terremoto de Jerez decía que no se puede cantar más gitano de lo que lo hacía Mojama. Yo no sé dónde está exactamente la diferencia, ni si existe, con el cante payo. Creo que se refería a que no se puede cantar con más hondura o jondura, y es verdad, es un llanto contínuo, pero a la vez resulta dulce, aterciopelado, muy musical. A mí me vuelve loco.

    Por cierto, que quisiera romper una lanza por el antiguo barrio de la Albarizuela (hoy San Pedro), que fue desde antiguo asentamiento intramuros de familias gitanas en Jerez, al sur de la actual plaza de toros y junto al matadero, y que nada tiene que ver con el arrabal de San Miguel.

    La Albarizuela estaba entre la calle Arcos y la calle Clavel, y allí nacieron Juanito Mojama, en la calle Honsario (la misma donde dicen que vivió el señor Manuel Molina), y la Sarneta, que vio su primera luz aquí (calle Don Juan) y vivió sus primeros años en este barrio, en la calle Rui López y en la calle Gitanos, actual Gómez Carrillo, antes de mudarse con su familia al barrio de Santiago.

    Un abrazo, Manuel, y también a todos los gazaperos y gazaperas.

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