Aquel pájaro al que llamaban Mochuelo

El Mochuelo, el día de esta entrevista

El Mochuelo, el día de la entrevista

A Ramón Soler

Antonio Pozo El Mochuelo fue un sevillano nacido en una barbería de la sevillana calle Sol. Falleció, según algunos estudiosos, en la localidad segoviana de San Rafael en 1937. El pasado año estuve buscando su partida de defunción en el Juzgado de este pueblo y allí no consta ningún Antonio Pozo. Es un cantaor al que algún día habrá que estudiar a fondo, porque los periódicos españoles y de gran parte de América  están llenos de noticias sobre su vida y su arte. Sólo es cuestión de ponerse a trabajar porque muchos de estos periódicos ya están digitalizados y se pueden consultar a través de Internet.

Esta entrevista fue publicada el día 13 de noviembre de 1933 en el diario madrileño La Voz, y no me consta que se haya dado a conocer en algún otro medio. En cualquier caso, aunque se haya hecho, es un documento interesante que los gazaperos deben conocer para saber algo más sobre este cantaor histórico, con una obra discográfica impresionante, al margen de la calidad de sus cantes y su estilo, que esa es otra cuestión.

Que la disfruten.

LOS QUE SON Y LOS QUE FUERON

El “Mochuelo” lleva sobre el corazón una medalla de oro

UNA ENTREVISTA EN RONDA CON EL “BIZCO DEL BORGE”

-¿Cuántos años tiene usted, Antonio?

-Setenta y tres, por ejemplo; que quien dice la verdad ni peca ni miente…

Estamos ante Antonio del Pozo, monopolizador del cante “jondo” por espacio de cuarenta años. El Pájaro le llamaban en su juventud, y después, el Mochuelo…

No hay español con edad de cuarto de siglo para arriba que no recuerde -unos, de más cerca; otros, de más lejos- aquella “farruca” que llegó por el abuso a atormentar los oídos de la Península:

Una farruca, en Galicia,

con sentimiento lloraba…

Ni la guajira aquella que alcanzó una multiplicación infinita:

Pronto vendrá la mañana

en que la neblina densa,

en que la neblina densa,

en que la neblina densa,

¡y ay ay!…

-Pues verá usted: no había yo cumplido aún los doce años cuando “comensé” a “cantá” en el café de Silverio, en la calle del Rosario, en Sevilla… ¡Lo que ha “pasao” desde entonces!… El maestro Franconetti fué quien se fijó en mí… Era de padres italianos; pero sabía de cante más que Castelar de labia… Y no estaría tan mal, cuando recuerdo que me daban unas monedas, “comío” y “vestío”…

Antonio del Pozo, que es hoy un viejecito venerable, que conserva de los días triunfales de su juventud ese no sé qué que unos llaman “señorío” y otros “ángel”, bate sus manos, pulcras como toda su persona, y guiñando picarescamente un ojo a la camarera -¡buena moza, pardiez!-, exclama festivo:

-¡Niña, la vida sin jamón no se comprende!… ¡Conque…! ¡A ver, una botellita y “algo” para estos señores!…

-¿Y en Madrid?…

-¡Vamos a dejar a Madrid aparte, que hoy no he “venío” vestido de etiqueta, y para hablar de Madrid hay que quitarse la chistera, el “clac”, como decían en mis tiempos.

Sorbe un trago de manzanilla, lo saborea, y luego de miramos fijamente añade:

-Antes de venir a Madrid, siendo yo niño “toavía”, y esto le dará a usted idea de cuándo nací, me ocurrió un “sucedío” que no puedo olvidar… En una de mis correrías con Silverio, aquellas correrías que hacíamos unas veces en barco, otras en diligencia, algunas en burro y muchas a pie, llegamos a Ronda. Lo primero que vi en la posada me encogió el corazón: ¡estaban allí con sus trabucos y sus mantas el “Bizco del Borge” y Melgares!… Ver a los dos bandidos y echarme a llorar, “to” fué uno… Bueno, ¿usted sabe quién fué el “Bizco del Borge” ?…

– ¡Digo!…

-Temía yo que fuesen a matarme; pero Silverio me convenció de que en vez de llorar que cantase una letrita. Canté, y en lugar de hacerme daño me dieron un puñado de monedas… De aquellas isabelinas de entonces, de cuatro un real…

El Mochuelo, que figura ya como una reliquia del cante viejo -¡privilegios de la edad!-, leyó en los periódicos con honda emoción hace algunos días que en Málaga ha fallecido, a los noventa y tres años, Pepa Anaya.

-Si que lo he sentido, sí, señor… Pepa Anaya fué una hembra de bandera… ¡De las mejores flamencas de la época de Isabel II!… Ganó los billetes como quiso… Últimamente, aún se defendía por los colmados del Palo y de la Caleta…

También  el Mochuelo ganó con el cante una fortuna… Pero las mujeres, los viajes, el gusto de vivir bien… ¡y la edad! le arrastraron casi hasta la miseria…

-¡Vendiendo décimos de lotería por las calles estuve el año pasado!…

Hoy vive el Mochuelo con extremada modestia, pero satisfecho, porque tiene seguro su haber diario como encargado de un típico colmado madrileño.

-Desde Sevilla… Apunte usted que nací en una barbería de la calle del Sol…; desde Sevilla vine a Madrid a cantar en el café El Imparcial, y luego, en el Circo-Hipódromo, que estaba donde hoy el Ritz y que era propiedad de D. Francisco Ducazcal…

-¿Y de viajes?…

-¡Muchos! Por América, tal como Buenos Aires, Rosario de Santa Fe, Montevideo, Méjico, La Habana, Veracruz… Luego, en Berlín, en París, en Lisboa…Me llamaban para trabajar en la máquina”…

La máquina, para el Mochuelo, es el gramófono;

-Sí, señor, el gramófono; pero no de estos de ahora, que también he trabajado para ellos, sino para los primitivos, para los de cilindro…

Como recuerdo de sus correrías por América, Antonio lleva sobre el corazón, pendiente de la cadena del reloj, una medalla de oro que le regalaron en Buenos Aires en 1909.

-¡Ya lo ve usted!… ¡Con alusiones a la música y todo!

-Vamos a ver, Antonio. Ahora, una pregunta inocente: ¿qué opina usted del cante de hoy?

-Que no es cante. Es una jerga… ¡Si la copla lo dice!:

Para dormir los chiquillos,

las mujeres de la sierra,

en vez de cantar el coco,

les cantan por fandanguillos…

-Sin embargo, algunos hay…

-¡Algunos hay, es verdad! Niño de Marchena, Cepero, Vallejo… Yo soy respetuoso para con todos… Pero, bueno, usted me entiende…

De cuantas ciudades ha visto Antonio, la que más le gusta es La Habana

-Aquello es como mi tierra. ¡Y qué mujeres, y qué cielo y qué flores!… Luego, la cadencia al hablar… ¡Nadie usa allí el no!

Antonio del Pozo, viejo y solo al final de una vida famosa, dedica sus ternuras y su afecto a “Currito”, un gato asustadizo, maleducado a fuerza de mimos, que sólo se siente a gusto y seguro en brazos de su dueño.

-¡Hombre, a propósito de amores! ¿No me dice usted nada de ese capítulo?

-¡Para llenar su “papel” de usted habría!… Pero ya que quiere usted saber—y al evocar el recuerdo aun guarda emoción la voz del “Mochuelo”—, vaya que quise a una hembra como no volví a querer nunca… ¡La Pascuala! ¡Ocho años juntos! Pasaba yo con ella por la calle de Sevilla cuando aun estaba en la esquina de Alcalá el café Suizo, y a todos los señoritos se les iban los ojos detrás de nosotros… Luego, ella se fué a América y yo me quedé aquí…

Unos chatos más, unas tapas, y el “Mochuelo”, antes de despedirnos, dándonos a entender que la Pascuala -de Alcañiz era—no se le borrará nunca del corazón ni del cerebro, nos canta al oído:

La encontré sola y perdía,

y me la llevé a mi casa.

¡Mira si yo la querría!

Iba por la calle abajo;

la encontré sola y perdía.

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5 Comentarios

  • Ramón Soler Díaz Escrito el 17 noviembre, 2009 18:17

    Estimado Manuel:

    -Efectivamente la discografía del Mochuelo merece un estudio exhaustivo pues, como sugieres, no siendo un cantaor cuyos cantes nos emocionen hoy sí que nos ayuda a saber cómo era “el cante” en la época de Silverio e inmediatamente posterior, por lo que es una especie de piedra Rosetta del flamenco, pues siempre hay cosas en sus cantes que nos enseñan algo sobre el cante primitivo.

    -La Pepa Anaya de la que habla parece que es Ana Amaya Molina ‘Anilla de Ronda’, que falleció en el año de la entrevista.

    -Da la casualidad de que los dos bandoleros que cita el Mochuelo son, uno del pueblo de mi mujer, El Borge, y el otro, Manuel Melgares, de Lagos (hoy pedanía de Vélez-Málaga), donde nació mi madre.

    -Curiosamente el Mochuelo critica a los fandanguilleros modernos y termina la entrevista con una letra de fandango ciertamente mediocre.

    -Pido disculpas si en mi intervención en la entrada de la entrevista a Chacón me extendí y ¡por supuesto que es buenísimo que se den a conocer estas cosas aunque ya hayan visto la luz antes! No vamos a saber todos la totalidad de las cosas que se publican, faltaría más.

    -Agradecido de que te acuerdes de Pepe Vergara, uno de los mejores representantes de la Álora cantaora.

    Un cordial saludo y gracias por la dedicatoria.

  • Manuel Bohórquez Escrito el 17 noviembre, 2009 18:27

    Nada de pedir disculpas. Sé que te encanta escribir. Luis Soler ya hizo un estupendo estudio de su discografía en la enciclopedia de Tartessos. Daría cualquier cosa por ver la cara del Mochuelo delante de El Bizco y Melgares. ¡Ay, aquellos tiempos!

  • Pedro Madroñal Escrito el 18 noviembre, 2009 10:07

    Y dicen los flamencos, que hoy está la cosa mu mala! Qué difícil sería para los aficionados del XIX!! Solo hay que fijarse que en el gran Silverio, buscandose la vida por la serranía malagueña, antes de que ésta estuviese salpicada de chalés alemanes o ingleses, tratando con bandoleros y sabrá dios que tipo de gentes. Aunque ya se sabe que podría haber relación entre los bandoleros de XVIII y los origenes del flamenco, algo en lo que no creo mucho pero que es de valorar. Por cierto, ¿por qué palo le cantaría este pájaro, el Alejandro Sanz de su tiempo, al bizco ? ¿Y la letra? Lo que es seguro que algo temblorosa le saldría la voz ante distinguido público. Saludos

  • Manuel Bohórquez Escrito el 18 noviembre, 2009 11:01

    No estaría mal que Canal Sur grabara una serie sobre aquella época, los inicios del flamenco. En vez de Arrayán, que tiene guasa la cosa. Yo daría lo que tengo por poder meterme en una especie de túnel del tiempo y viajar a aquellos años. “¿El Sr. Silverio? Hola, soy Manuel Bohórquez y he venido a ver si rompe usted o no el azogue de los espejos, como decía Lorca”. Silverio diría: “Maestro Patiño, póngala usted a tono que voy a cantarle unas serranas a este gaché”.
    Gracias, Pedro.

  • MªLuisa Escrito el 18 noviembre, 2009 16:43

    Fantástica entrada,habrá que investigar sobre el tal Mochuelo.
    Un saludo como siempre,sentiíto y jondo.

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