Algo nuevo sobre las Parrala

A los pueblos de Huelva, por su blancura

Las hermanas Parrala vivieron en Sevilla algunos años, cuando los cafés de Manuel Ojeda El Burrero y Silverio Franconetti eran la Universidad del Flamenco, según el testimonio de importantes artistas y personalidades del mundo de la cultura de la época. Dolores era una gran seguiriyera, de la altura de Silverio, El Nitri y el Chato de Jerez, de ahí que cuando Lorca escribió sobre ella dijera que, en este cante, “sostenía una conversación con la muerte”. ¿Se puede definir mejor el cante por seguriya con menos palabras que las que utilizó el insigne poeta granadino?

Dolores Parrales Moreno era de armas tomar y acabó muy mal sus días, desdichada como una rata y olvidada por todo el mundo. Fernando el de Triana dijo que murió en sus brazos, aunque está por saberse aún el año de su óbito y el lugar donde rindió cuentas con Dios. Se dice que murió en Sevilla, aunque no hemos podido encontrar el registro en el cementerio hispalense. Apostamos por Huelva, donde malvivía cuando, anciana, amenizaba fiestas con su propio guitarrillo.

Su hermana Trinidad cantaba también y destacó en unos pregones que se hicieron muy famosos en Sevilla. La hemos localizado empadronada en la ciudad de la Giralda compartiendo vivienda de alquiler con el célebre artista gaditano Antonio Sol. Guitarrista de Silverio, entre otros cantaores, era mucho más joven que ella pero consta como su amancebado.

Trinidad nació en 1858 y en el citado padrón tenía 30 años. Tanto ella como su hermana nacieron en Moguer –ahora sí podemos asegurarlo–, luego no eran de La Palma ni de Bollullos del Condado. Ni tampoco de Villarrasa, aunque circule por ahí una partida de nacimiento que obra en nuestro poder. Las hermanas Parrala eran de Moguer y ambas fueron hijas legítimas de Francisco Parrales y Josefa Moreno, según consta en el Padrón Municipal de Sevilla.

Ojalá algún estudioso de Huelva se decida a tirar del hilo, porque Dolores la Parrala fue una figura indiscutible del cante andaluz, además de un personaje con una vida digna de ser narrada en un libro. Nos atrae la palpitante aventura, pero no se puede estar en misa y repicando.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

Escribir comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *