A Dios no le gustan los pestiños

No puedo tener descendencia de forma natural y solo podría ser padre a través de la inseminación artificial o de la adopción. Lo intenté hace más de veinticinco años pero fue una experiencia frustrante, de una dureza brutal. No tengo ningún reparo en reconocer públicamente mi infecundidad porque ello no me va a hacer menos hombre, aunque de lo que realmente me enorgullezco no es de ser un varón hispano, sino una persona. Lo digo porque hasta hace pocas décadas en los matrimonios sin hijos siempre había una culpable, la mujer, que se responsabilizaba para tapar la vergüenza de su macho ibérico. A los hombres nos ha costado siempre y nos sigue costando aún reconocer cualquier problema relacionado con el sexo, seguramente por una cuestión de educación puesto que el franquismo no fue de más carnes. Reconozco que se me ha ido la ilusión de ser padre, porque con el medio siglo ya cumplido estaría más en edad de llevar a los nietos a la guardería o a Isla Mágica. No puedo decir que sea un castigo de Dios, ya que no soy de la cofradía y, por tanto, no reconozco su poder. Cuando era un niño escuchaba hablar tanto de su fuerza sobrenatural que lo busqué un día para varias cuestiones vitales y no me hizo ni puñetero caso. Le hablaba siempre de noche, cuando me iba a la cama y apagaban la luz en casa, por si acaso era un dios tímido. Le pedía algo y me echaba a dormir con la ilusión de que me iba a conceder el deseo, pero cuando la luz del día iluminaba la habitación comprobaba que había ignorado mis súplicas. Llegué a dejarle en la mesita de noche unos pestiños y una copa de aguardiente, pero ni así atendió mis ruegos. “A Dios no le gustan los pestiños”, pensé una mañana muy afligido y acurrucado en el humilde colchón de foñico. Lo comenté en una ocasión con el cura del pueblo, pero solo ponía interés en que le confesara los pecados inconfesables. Me preguntó que cuáles habían sido mis pecados de aquella semana, y le dije que los de siempre. Era un cura campechano, aunque indiscreto en sus preguntas sobre las intimidades más esenciales. “Puedes decirme lo que quieras comunicarle a Dios, que regento una franquicia del cielo en el Aljarafe”, me sugirió. “Es que para estas cosas tan íntimas, y sin que usted se vaya a ofender, prefiero hablar con el director general”, le contesté.

Dios

El hecho de no haber podido ser padre no tendrá nada que ver con todo esto, sino con las escrófulas o cualquier otra cuestión biológica. Y siento en el alma no haber podido serlo porque creo que reúno muchas condiciones para ello. Por eso no entiendo a quienes son capaces de hacerle daño a un niño, a sus propios hijos. Supongo que ser padre no es solo una demostración de habilidad en el manejo del pene, sino la imperiosa necesidad de dar amor a alguien. A pesar de no haber podido tener hijos, cada día que pasa tengo más dudas de que los niños de hoy estén recibiendo mejor formación cultural y humanística que la que gozamos los de la generación de la leche en polvo y la televisión en blanco y negro. Lo único que había en el pueblo donde me crié era un sencillo futbolín. Los que no teníamos televisor en casa, que éramos la mayoría de los niños pobres, solíamos acudir a un bar del pueblo a ver Bonanza. El dueño ponía unos costeros encima de unas cajas de cerveza a modo de bancos y cobraba una peseta por dejarnos ver esta entrañable e inolvidable serie de vaqueros. Los que queríamos ser futbolistas y no teníamos ni una maldita pelota de goma, le colocábamos un tapón de corcho a una botella de plástico, de las del aceite, poníamos dos piedras en la carretera a modo de porterías y emulábamos al bético Rogelio o al sevillista Lora, según los colores de cada uno. Los partidos televisados se solían ver en el bar de Pepe, que hoy es la cervecería de Manolo. ¡La que se formaba en este local cada vez que televisaban al Real Madrid o a la Selección Española! Más que por el acceso a la cultura y a la enseñanza, los niños de aquella época conocíamos muchas cosas porque sabíamos escuchar a nuestros padres y abuelos, que nos contaban hermosas historias del pueblo o del resto del mundo que ellos habían escuchado de sus antepasados. Siendo todavía niños sabíamos distinguir más de veinte clases de pájaros, diferenciar entre la aceituna morcaleña y la manzanilla, una tagarnina de una lechugueta o cómo se hacían el gazpacho y las sopas de tomate. Con solo meterle el dedo en el culo a una gallina calculábamos cuándo iba a poner el huevo, si por la mañana o a la caída de la tarde. Conocíamos decenas de villancicos y tonadillas populares y sabíamos quién fue José María El Tempranillo y cómo se hacía un abanaó de palma para avivar la copa de cisco o el anafe. Sin embargo, cuando dejábamos el colegio para ayudar en casa se quedaban con nuestros certificados de estudios primarios porque no sabíamos quién había sido Aristóteles o lo que significaba un diptongo. Éramos medio analfabetos, pero ni mucho menos incultos. La sencillez y la naturalidad son el supremo y el último fin de la cultura, como dijo Nietzsche, aunque yo lo supe un día porque me lo explicó un afilador callejero. Me hubiera encantado tener hijos para educarlos en los valores y la libertad y decirles que no pasa nada porque a Dios no le gusten los pestiños. Con eso cabemos a más.

Publicado hoy en El Correo de Andalucía, página 5. Desvariando.

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17 Comentarios

  • Emilio P Escrito el 16 marzo, 2013 08:40

    Tú sinceridad es encomiable,amigo Bohórquez.No te preocupes,la vida es así,conozco hombres válidos que no quieren la paternidad por propia voluntad,y otros que nunca debian de haber sido padres.Por naturaleza,la mujer se considera más responsable si carece de esa facultad,pues es uno de sus objetivos,el hombre al contrario tiende a la promiscuidad.Si tienes amor,que es lo importante,siempre hay donde colocarlo y a quien satisfacer.
    Me reitero en admirar tu franqueza,es un placer de amigo leerte con esa honestidad,eso sí que es un triunfo….Un abrazo

    • lagazapera Escrito el 16 marzo, 2013 08:43

      A Emilio P: Muchas gracias, Emilio. Que tengas un buen fin de semana.

  • Paco de Cái Escrito el 16 marzo, 2013 12:43

    Manuel yo tampoco soy de esa cofradia de la que habla como tampoco soy amigo de Paco el Ferrolano y no creo que ninguno de los dos tenga tanto poder para que haya hombres sin niños, por el motivo que sea, ni tampoco se puede culpar a la mujer. Yo conozco personas que no tenia niños y el tío decia que tenia una mujer seca y resulta que cuando se separaros ella tuvo cuatros hijos con el nuevo y el se quedó con el pene como un garabato para coger erizos. Yo no creo que esas cosas, pero creo que venimos al mundo con un destino y eso se cumple, unos sin hijos y otros con 17 como mi abuelo, vaya escrófulas que tenia mi abuelo. Un abrazo Manuel y no tenga penas por no tener hijos que hoy en día los hijos hacer muchas fumatas como el papa y hasta se asoman al balcón.

    • lagazapera Escrito el 16 marzo, 2013 15:02

      A Paco de Cái: Jajajaja. Pues eso jajajaja. Qué arte tenes, Paco. No tengo hijos, pero tengo un hermano en Puerto Real, de Cádiz. Gracias.

  • jose angel Escrito el 17 marzo, 2013 10:41

    Manolo, en este teatrillo tan corto ca uno tenemos que sacarle partido a lo que nos toca. Como dice una taranta de mi cosecha,
    Una lámpara en La Unión,
    UN farito en Cartagena,
    mira niña qué dolor,
    sin la tierra o bajo tierra.
    Muy bonito tu post.

    • lagazapera Escrito el 17 marzo, 2013 10:43

      A José Ángel: Gracias, amigo. celebro que te haya gustado, un abrazo.

  • Paco de Cái Escrito el 17 marzo, 2013 13:17

    Manuel lo que te digo es una pura realidad, cuantos hay como tú, que no vienen pues conformidad y como tu dice, por eso no se deja de ser una buena persona, pero las personas somos muy triste porque siempre deseamos más lo que no tenemos, yo quisiera ser el gallego de Zara pero lo unico que tengo es una pensión de Angela Merkel y pequeña que no es para tirar cohetes, pero no tengo más remedio que conformame. Tengo un ejemplo en el mismo Cái; aqui habia una central Lechera,mira si habia alli leche, pero la Central Lechera cerró sus puertas y que es lo que hay hoy dentro de esas naves, puro teatro que como tú sabe alli se celebra muchos espectaculos.Saludos, creo que me comprende lo que he escrito.

  • fernando Escrito el 18 marzo, 2013 12:02

    Manuel.Hoy me emocionaste de verdad.Te conozco de verte en lugares flamencos,peñas,festivales etc.Me llamó la atención tu altura,no habia otro mas largo que tu.Yo no leo el correo.Pero un dia te reconocí y esa vez fué por tu cara.Fué por la fotito que tienes aompañando a tus articulos.Te he escuchao cantar en la peña Pie de plomo.Lo hiziste bién,pero más me emociona tu manera sencilla de contar tus historias.La de hoy es digna de la mejor seguirilla.Tu sabes que pa cantá por este palo hace falta tó los cojones y un poquito más.Pué dejame decirte,que a ti te sobran!Cojones,claro está!!

    • lagazapera Escrito el 18 marzo, 2013 15:22

      A Fernando: Gracias, Fernando. No sé qué decirte. Me alegro de que te haya gustado. He puesto, si no cojones, bastante sentimiento en este artículo. Un abrazo.

  • Mªluisa Escrito el 19 marzo, 2013 11:19

    ¡FELICIDADES MANUEL!NO HACE FALTA QUE TE LLAMES JOSÉ NI QUE SEAS PADRE PARA FELICITARTE HOY.

    ES MEJOR SER UN BUEN HOMBRE SIN PELOS EN LA LENGUA Y SIN HIJOS,QUE UN “MACHO IBÉRICO”MALTRATADOR Y ASESINO.

    BESOS SENTIITOS Y JONDOS.

    • lagazapera Escrito el 19 marzo, 2013 11:21

      A María Luisa: Cuánto tiempo, amiga. Muchas gracias, celebro que te haya gustado. Besos.

  • Patricia Escrito el 19 marzo, 2013 16:52

    Texto lleno de sinceridad y sensibilidad. Un abrazo desde Brasil!

    • lagazapera Escrito el 20 marzo, 2013 10:22

      A Patricia: Gracias, Patricia. Lo sentía así. Un abrazo.

  • Carmen Arjona Escrito el 19 marzo, 2013 20:35

    Pues si no le gustan los pestiños será porque no los ha probado. O, lo que es más probable, será porque, como los reyes magos, es que no existe, por mucho aguadiente que se le arrime.
    Echar las culpas de tantas cosas a las mujeres ha sido cosa común y frecuente, incluso con la propia aquiescencia de algunas ingenuas féminas para tapar vergüenzas del conyuge. ¡Ya ves tú qué vergüenza! Como si uno eligiera los errores que la naturaleza, harto caprichosa, le da por cometer. ¡Ni caso, Manuel! Yo también creo que hubieras sido buen educador de hijos por las muchas cosas que les podrías haber enseñado y que parecen en peligro de extincion. Y, por cierto, ¿qué tienen que ver las escrófulas en todo esto, que más atañen al pescuezo que a las gónadas?

    • lagazapera Escrito el 20 marzo, 2013 10:21

      A Carmen Arjona: Buenos días, Carmen. Entonces, ¿las escrófulas están en el pescuezo? A mí es que me sonaba bien esa palabra, es muy flamenca jajaja. Te agradezco tu hermoso comentario, compañera. Espero que todo te vaya bien en tu nueva tarea laborar. La que vale, vale.

  • Manuel Domínguez Escrito el 23 marzo, 2013 10:06

    Magnífico artículo y cuántos recuerdos de una época, la tuya y la mía también. Enhorabuena.

    Me atrevo a proponerte la lectura de esta publicación en mi blog, que igual te trae más recuerdos: http://elvigiadelsur.blogspot.com.es/2011/04/5-mi-pueblo-retazos-de-una-epoca.html

    • lagazapera Escrito el 23 marzo, 2013 12:00

      A Manuel Domínguez: He entrado esta mañana en el blog, es muy interesante. Gracias, un abrazo.

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