Tiempo para seguir viajando al pasado

Tiempo para seguir viajando al pasado

Muchos de los que ya leen este nuevo blog saben que llevo dos décadas, como mínimo, metido en una investigación sobre los artistas flamencos del XIX, centrado principalmente en Sevilla, que no se había hecho jamás. Parte de esa investigación ya es conocida por los aficionados de medio mundo, con trabajos como los de El Planeta, Silverio, El Nitri, La Campanera, el Maestro Pérez, Carito de Jerez, El Canario, La Rubia, Paco el Barbero, los Cagancho y los Pelao de Triana, José Lorente, Paco la Luz y un largo etcétera. Es solo una mínima parte, porque acumulé cerca de seis mil documentos sobre todas las grandes figuras de aquella parte fundamental de la historia del flamenco.

Una vez organizado todo ese material, la cuestión está en tener tiempo para escribir los tres libros que tengo en proyecto: el cante, el baile y el toque, pero no como un diccionario de artistas, sino situando a cada artista en su época y entorno, para establecer cómo nació este arte, cuáles fueron sus principales protagonistas, dónde y cuándo nacieron, por dónde se movieron y hasta cuándo vivieron. Sin esos tres libros de gran formato –el del cante va bastante avanzado–, seguiremos escribiendo lo mismo de siempre, sin desmerecer el gran trabajo de otros compañeros. Las instituciones públicas siguen sin querer saber nada de la investigación sobre el flamenco. O sea, que esos veinte años de duro trabajo y de ruina económica han salido de mis costillas.

Si tuviera que cuantificar económicamente el trabajo realizado…

Alguien puede pensar que esto interesa a miles de personas, pero en realidad no es así. Interesa si les sale gratis. Me refiero a quienes les gusta saber quiénes fueron los creadores de este arte. Sin embargo, es algo que apenas me importa, porque inicié el trabajo de investigación por amor al flamenco y, sobre todo, porque era consciente de que hacía mucha falta llevarlo a cabo. No sé si debería decir esto, pero lo voy a hacer. Me he dejado décadas de mi vida y un verdadero dineral en investigar en ciudades como Málaga, Cádiz o Jerez y aún no he dado ninguna conferencia en ninguna de estas ciudades.

No es que las esté pidiendo, pero a veces son necesarias para seguir investigando sin tener que tocarle al sueldo de periodista o vender cosas de mi archivo: discos de pizarra, fotografías o carteles antiguos. A veces, con todo el dolor de mi corazón y echando alguna que otra lágrima. ¿A quién le importa esto realmente? Creo que a nadie y no lo digo por resentimiento, sino para que se sepa de qué va esto.

¿Saben lo que de verdad me gustaría? Dejar todo lo que estoy haciendo actualmente y dedicarme solo a escribir esos tres libros. Pero no puedo dar ese paso porque necesito hacer lo que estoy haciendo para pagar la hipoteca y poder comer. Trabajo quince horas diarias, porque escribo más de cuarenta artículos al mes para los medios que me dan un sueldo. Luego, como vivo solo, me ocupo de todas las cosas de mi casa, de mi perro y todo lo demás.

No tengo tiempo ni para el amor, que ya es duro decir esto, pero es cierto. He convertido el trabajo en el centro de mi vida y no sé si esto ha sido o no determinante en mis dos fracasos matrimoniales. No es fácil convivir con una persona que trabaje quince horas diarias, que se acueste tarde y se levante temprano y que se pase media vida en archivos o hablando de gitanos y gachés que cantaban, bailaban o tocaban la guitarra antes de nacer sus bisabuelos.

Necesito tiempo para seguir viajando al pasado. Y no lo tengo.  

 

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2 comentarios

  • Guillermo Castro 21 abril, 2017 11:10

    No sé por qué, pero me suena, Manuel. Un abrazo de un colega que te acompaña en esto de los papeles viejos.

    • Manuel Bohórquez 25 abril, 2017 08:44

      Perdona la tardanza, Guillermo, no había visto el comentario. Sabes perfectamente cómo está el tema. Tú mejor que nadie. A veces dan ganas de no hacer nada, pero gracias a unos pocos se están sacando cosas. Un abrazo.

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