Surco y la calor

Surco y la calor

Nunca llegué a pensar en lo importante que sería Surco en mi vida. Creo que cuando adoptamos a un perro no lo hacemos por él, sino por nosotros mismos. Porque necesitamos a un ser vivo que nos quiera tal como somos, que no le ponga precio a su mirada ni a sus caricias, que menee el rabo y tire las orejas hacia atrás cuando le hablamos, que nos reciba dando saltos cuando llegamos a casa o que nos regale la primera mirada tierna de la mañana y la última caricia del día antes de irnos a la cama y de meterse en su casita. Lo traje a casa hace cuatro años metido en una caja de zapatos y ya pesa casi cuarenta kilos.

La verdad es que tener a Surco en casa es algo que me impide hacer una vida normal: salir, viajar, perderme por ahí de vez en cuando. A veces hasta pienso que mi perro sería más feliz en el campo, con otros perros, en libertad. Y que soy demasiado egoísta, aunque sale al campo dos veces al día y a veces hasta tres, esté el tiempo como esté o tenga ánimo o no para salir con él. Hoy se lo he preguntado y me ha dicho con la mirada que ni se me ocurra, que es feliz a mi vera. Adivina siempre mi estado de ánimo, sabe perfectamente cómo me encuentro en cada momento y cuando ahogo las penas en una soleá marcando el compás en la mesa camilla se le descompone la cara y emite unos aullidos conmovedores, como si pensara que no estoy cantando, sino llorando de dolor.

En los momentos difíciles los amigos o conocidos huyen como de la peste –no todos, por fortuna–, pero Surco no lo hace. Sé que daría su vida por mí sin dudarlo. Y creo que sabe que yo también la daría por él. Pienso en esos que abandonan a sus perros en una carretera y me dan lástima, porque no han llegado a comprender la verdadera fidelidad de un perro. Si algún día me viera en la obligación de tener que vivir apartado de él no tengo ninguna duda de que ese día sería el más duro de mi vida. Espero que no llegue nunca ese día, aunque por cuidarlo esté renunciando a muchas cosas. Total, para lo que hay que ver por el mundo. Lo tengo todo más que visto.

Y una última cosa. Si alguien de ustedes ha pensado alguna vez en abandonar a su perro en una carretera, debe saber que nunca entenderá por qué lo ha hecho. Estará demasiado ocupado echándole de menos.

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2 comentarios

  • Paco 27 marzo, 2017 17:37

    Su perro tiene mucha suerte de tenerlo a usted como dueño. Se puede amar la música clásica y ser un completo indeseable, de hecho la música clásica está llena de imbéciles. Se puede amar las sevillanas y ser un bestia, de hecho el mundo de las sevillanas está lleno de mulos. Pero no conozco a nadie que ame de verdad el flamenco y no ame también la libertad y la dignidad, por eso su pastor alemán ha tenido mucha suerte encontrándolo a usted.

    • Manuel Bohórquez 27 marzo, 2017 20:11

      Mi perro es mi hijo, amigo. Muchas gracias.

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