No estoy para fanatismos

No estoy para fanatismos

El pasado viernes fui a ver la semifinal de Copa del Rey entre el Sevilla y el Leganés por llevar a un chaval de 16 años al que le hacía ilusión ver ese partido. Yo llevaba cuarenta años sin ir a un campo de fútbol y algunos más sin entrar en el Sánchez-Pizjuán. Soy bético y fui socio de este club sevillano en mi juventud, cuando el fútbol no era una mierda. Me alegré de la victoria del Sevilla contra el equipo madrileño, sobre todo por este joven con el que fui, porque me importa ya muy poco el fútbol. Y, claro, decir eso en Sevilla, donde la rivalidad futbolera roza el peor de los fanatismos, es que te manden a la hoguera. Nadie de Facebook se ha metido conmigo, pero en Twitter llevan dos días atacándome a cuenta del artículo que publiqué en El Correo, lo que está muy bien porque son visitas a mi periódico. Y todo por haber ido a ver un partido de fútbol en mi ciudad, que es Sevilla, y alegrarme de que ganara y pasara a la final de la Copa del Rey.

Si eso es ser un mal bético, lo soy.

Hace cuarenta años, cuando iba cada dos domingos al campo del Betis a verlo ganar o perder, también iba algunos domingos a ver jugar al Sevilla, porque había jugadores que me gustaban mucho, como eran Babi Acosta o Bertoni. Por encima de los colores me gustaba el buen fútbol y me sigue gustando, y no solo se daba en el Villamarín. El pasado miércoles celebré la victoria del Sevilla, aunque sea bético, para que el chaval al que acompañé a ver a su equipo viera que se puede ir al fútbol y dejar el fanatismo en casa. Ver su cara de felicidad fue motivo más que suficiente como para celebrar con él esa victoria. Lo siento por los béticos que se hayan sentido ofendidos o traicionados, pero no estoy ya en ese rollo de la rivalidad, el fanatismo y el manquepierda.

El Sevilla y el Betis son dos grandes clubes con dos grandes aficiones. Como soy sevillano y tengo sesenta años recién cumplidos, he visto muchos derbis y los he disfrutado. Sé muy bien lo que es eso y conozco el carácter competitivo de los sevillanos y la pasión que ponemos en el fútbol y otras manifestaciones deportivas, musicales o religiosas. Recuerdo que cuando era adolescente, cada vez que perdía el Betis no iba ni a trabajar, y como perdía tantas veces, era una ruina. A estas alturas de mi vida comprenderán que lo vea de otra manera.

Que gana, estupendo. Que pierde, qué le vamos a hacer.

No voy a insultar a nadie por el fútbol. En realidad, por nada. Me alejé precisamente del deporte del balón porque dejó de ser lo que me gustaba, sencillamente. Y por lo que estoy leyendo estos días, acerté.

 

 

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