Mil gracias y un fandango

Mil gracias y un fandango

Aunque fui el protagonista, al ser objeto de un homenaje, creo que es de justicia que cuente cómo salió todo en Punta Umbría la noche del sábado. Por iniciativa del cantaor y maestro Antonio el Jaraqueño, la Peña Flamenca de Punta Umbría decidió rendirme homenaje con motivo de los 40 años de su fundación. Se dice pronto, cuatro décadas luchando por el flamenco en esta localidad de la costa onubense y no siempre con las ayudas necesarias por parte de las instituciones públicas.

El local social de esta peña es un edificio impresionante, con un salón grande, otro más pequeño, un patio también grande y un bar bien montado. Es como un templo flamenco, algo que abruma. Curiosamente, los socios rondan el centenar, pocos para lo que es esta ensolerada peña. Así que para llevar a cabo tantas actividades como celebran a lo largo del año tienen que utilizar las instalaciones para algo más que recitales de cante, baile o toque. No les sería posible mantener la peña solo con la cuota de los socios, que es algo simbólico, si no hicieran lo que hacen: aprovechar tan magníficas instalaciones en favor de la entidad.

Me sorprendió que asistieran tantas personas al acto, porque había otras cosas esa noche en Punta Umbría, entre ellas, la Feria de la Gamba. El local grande de la peña es de al menos trescientos o cuatrocientos metros cuadrados. Y estaba casi lleno. Cantaban Perico el Pañero y Pedro Cintas y el recital había levantado expectación. Perico era la primera vez que cantaba en la provincia de Huelva, así que había interés en escucharlo. Y Pedro Cintas es muy conocido y apreciado en esta localidad, porque vivió en ella algún tiempo. Por tanto, se entiende tanta asistencia de público. También hay que tener en cuenta que bailaron las niñas de la academia de la peña.

El acto de homenaje fue sencillo y para mí emotivo, por lo que supone que reconozcan tu labor con el flamenco en una peña a la que nunca he estado vinculado y en una localidad a la que solo he ido a disfrutar de su playa y excelente gastronomía. Y de su luz, que es impresionante. Nunca le agradeceré como merece a Antonio el Jaraqueño que me propusiera para este homenaje, aunque, sinceramente, hago lo que hago no buscando reconocimiento, sino por amor al flamenco.

Quiero dar las gracias a Antonio el Jaraqueño, a toda la junta directiva de la peña, con Luis María Gil Romero al frente, como presidente. A la Federación Onubense de Peñas Flamencas por sumarse al homenaje y que estuviera su presidente, el entrañable amigo Manuel López Martín. A quienes fueron desde Sevilla y hasta de Mairena del Alcor, como fueron Carmen Arjona, José Manuel González, Antonio Oyola Castilla, Chemi López, Paco Aguilar y su señora, además del compañero Miguel Ángel Fernández Borrero y el aficionado mairenero Francisco González Guillén. También al onubense Jesús Naranjo y a otros que seguramente no vi entre tanta gente. Cómo no, a la cantaora Filo de los Patios y a su representante. En fin, alguno se quedará en el tintero.

Pasé una noche estupenda escuchando a dos buenos cantaores como son Perico el Pañero y Pedro Cintas, bien acompañados por dos excelentes guitarristas, José de Pura y Antonio García. Y bien presentados por Esther, la vicepresidenta, que llevó muy bien todo el acto. Me sentí como en casa, sinceramente, tratado como mucho cariño y toda clase de atenciones. Por tanto, solo tengo palabras de agradecimiento hacia la Peña Flamenca de Punta Umbría. De ser cantaor, que no lo soy, les hubiera cantado un fandango en el escenario.

Es Huelva la marinera

una tierra de fandangos.

Entre la mar y la sierra

paso la vida cantando,

aunque no sea de esa tierra.

 

 

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