Mejor evolucionar que morir de éxito

La noche del domingo a la salida del Maestranza, después de asistir a la gala de clausura del festival sevillano, alguien me espetó: “Deseando leer su resumen, que será destructivo, como siempre”. Típica guasa hispalense. Pues siento decepcionar, pero no será tan destructivo, solo crítico. Naturalmente, los que nos dedicamos profesionalmente a la crítica nos tenemos que diferenciar en algo del público, que suele ir a lo que le gusta y se ha puesto de pie al final de todos y cada uno de los espectáculos, al menos en los veinticuatro a los que he asistido. Para el público en general todo ha sido bueno, y no ha sido todo tan bueno.

Pero en general ha sido una Bienal aceptable. Eso sí, sin grandes novedades con respecto a la anterior en cuanto a planteamiento programático y organización. La Bienal está ya consolidada y podemos decir que funciona casi sola, en parte porque cuenta con un magnífico equipo de producción y un buen gabinete de comunicación. Lo contrario no sería normal, si consideramos que el magno festival es ya mayor de edad, con treinta y cuatro años de historia. O sea, que una gran parte del público asistente no había nacido aún cuando se hizo la primera edición, en la primavera de 1980, que en realidad fue un concurso de cante. Por cierto, estuve en esa primera edición todos los días, aunque algunos nuevos genios de este arte crean que algunos críticos no damos la talla porque no sabemos cómo se ataba Tárrega los zapatos o cómo se llamaba el perro de Pina Bausch.

GalvánObviamente, el festival puede mejorar en todos los aspectos y hay que exigir que sea así. Tenemos que hacerlo los críticos y también el público en general. Este festival se hace con dinero público y, por tanto, es preciso ser más exigentes. Sobre todo porque ya hay bienales de flamenco en otras partes del mundo y festivales nacionales e internacionales que funcionan muy bien y que pueden hacerle sombra a la Bienal. De hecho, esto viene ocurriendo ya con festivales como los de La Unión y Jerez, o con los franceses de Nimes y Mont-de-Marsan. Y no es que esto sea para cortarse las venas, pero Sevilla es una de las cunas principales del flamenco y debe estar a la cabeza en la conservación y la difusión de un arte que, como hemos visto, mueve ya a decenas de miles de personas y es una fuente de ingresos para la ciudad de Sevilla.

Pero más allá del negocio, la capital de Andalucía tiene el suficiente peso histórico, en lo que a flamenco se refiere, como para contar con el mejor festival del mundo sobre este género. Y aún no lo es, porque eso no se mide solo por la cuantía del presupuesto o su número de espectáculos. Se evalúa también por otras cuestiones y la Bienal debe cuidar los detalles y, sobre todo, la programación en general. No se le puede dar el mismo escenario a Paco Cepero o a Juan Villar, que a uno de escarda remolachas en su pueblo, por poner un ejemplo y respetando el derecho que tiene todo el mundo a ganarse la vida y a dejar de escardar remolachas.

ARCA001Esta Bienal ha sido más flamenca que las dos o tres ediciones anteriores. De eso se trata, de que sea un festival de flamenco y no una especie de mercado al que viene todo el que quiere a vender sus productos, sean o no flamencos. Aunque en esta edición no nos han colado tantas bacaladas como en ediciones anteriores, las ha habido y eso no se puede tolerar. La obra de Rocío Molina, Bosque de Adora, por poner un ejemplo, es un fraude, por muy interesante que fuera desde el punto de vista de la danza y la música contemporáneas, aunque a mí no me gustara nada ni siquiera como eso. La Bienal no debe dar cobijo a nada que no sea flamenco. Si no que se le cambie el nombre: en vez de Bienal de Flamenco, Bienal de Música y Danza de Sevilla. Y así tendrían cabida lo mismo un cantaor como Agujetas, que un coro rociero, que es algo que se viene demandando desde los sectores más casposos de la ciudad.

¿Es esto lo que queremos en Sevilla y lo que piden desde el mundo? Está claro que no. Quienes vienen desde fuera, que son miles de aficionados a lo largo del año, quieren flamenco. Nadie que quiera disfrutar de la gastronomía abulense va a la venusta y vetusta ciudad amurallada a comerse un plato de acedías de Sanlúcar, sino un buen chuletón de ternera en El Rastro o un cordero en Las Cubas, en Arévalo, remojado todo con un tinto de la tierra y no con mosto de Umbrete, por mucho que nos guste a nosotros este caldo prodigioso.

PeregrinoEs imprescindible que se programe una Bienal más didáctica, aprovechando que acuden muchas personas de fuera, y hasta de dentro, sin tener aún muy claro qué es y qué no es flamenco. Los programas de mano, por ejemplo, deben llevar el repertorio, y no siempre ha sido así. En vez de esas sinopsis infumables en las que no te enteras de nada, el repertorio, para que el aficionado sepa en cada momento qué está escuchando o viendo. Es fundamental en un arte como el flamenco, que no es nada fácil de entender, aunque haya ocasiones en la que no haga falta entender mucho para emocionarse. ¡Pero es tan fácil dar gato por liebre! He visto enloquecer a muchas personas en esta Bienal con algo que en mi opinión no tenía ningún valor desde el punto de vista artístico, y mucho menos desde el puramente flamenco.

Hay que destacar algo que me parece fundamental para el futuro de este arte. La Bienal ha apostado por nuevas figuras del cante, el baile y el toque y la apuesta ha resultado un éxito. De hecho, los dos mejores recitales de cante los han ofrecido Jesús Méndez y Antonio Reyes, por un lado, y José Valencia por otro, sin olvidarnos del ofrecido por Arcángel, que elevó el listón. Me refiero solo a lo que he podido escuchar personalmente. Han demostrado que son capaces de llenar teatros y de dar una buena noche de cante serio. Y es una lástima que a otros nuevos valores se les haya programado en horarios inadecuados u obligados a competir con espectáculos potentes, y negado el análisis posterior de los críticos principales, aunque todos los medios hayan hecho un gran esfuerzo para que no pasaran inadvertidos, como ha hecho El Correo.

JoselitoUn festival que pretende ser el mejor en su género, como la Bienal, está obligado a cuidar tanto las grandes apuestas como las pequeñas. Eso es lo que acabará por convertirlo en el mejor, y no los números. El improvisado homenaje póstumo a Paco de Lucía ha resultado un fiasco. Tanto lo de la Plaza de San Francisco como un simposio que apenas interesó. Y esto es algo imperdonable porque estamos hablando de la figura más importante del flamenco. Y mejor no hablar del homenaje a Enrique Morente, al que han vuelto a enterrar en complicidad con su propia familia, que vino más a promocionar esa impagable cantera de genios que a reconocer la trayectoria de uno de los artistas más grandes del género jondo. Un cantaor que, además, adoraba a esta ciudad como pocos, siendo granadino.

El asunto de la crítica flamenca no puede obviarse a la hora de hacer balance de un festival de esta envergadura. La Bienal debe mucho a la crítica sevillana y a los medios de comunicación en general, aunque se note poco o nada. Los críticos trabajamos con demasiada presión no solo por la forma en la que hay que hacerlo cada día, sino porque ya todo el mundo es crítico de flamenco: los propios artistas, los representantes, los familiares de los artistas…, y hasta sus vecinos. Pocos profesionales del flamenco respetan las opiniones de los críticos, sobre todo desde que existen las llamadas redes sociales. Esto está llegando a un clima tan enrarecido, de tan poco respeto por la libertad de expresión, que o lo dejas o te apuntas a los clubes de fans de los genios y las genias del género andaluz.

FARRUQUITO_02En lo que a mí respecta no he recibido ni un solo mensaje de agradecimiento por parte de ningún artista. Tampoco es que sea necesario. Ahora, quejas, protestas y descalificaciones tanto públicas como privadas, todos los días. Normalmente por parte de profesionales que sobrevaloran su arte y a los que no se les reconoce abuela. Y que en muchos casos han estado en la Bienal más por ser buenos relaciones públicas que por calidad artística. Son esos que hasta se permiten fracasar, porque saben que en la siguiente edición van a tener otra nueva oportunidad. Mientras a otros muchos profesionales les cuesta un ojo de la cara que les acepten una propuesta. En ocasiones, ni les contestan siquiera.

La Bienal la salvan siempre los artistas, y en esta edición ha quedado de nuevo suficientemente claro. Han venido grandes artistas y han triunfado. Otros no han triunfado y les ha dado igual porque parte de la prensa los encumbra y maquilla sus fracasos. El flamenco es un arte de profesionales, sobre todo, y desde la Bienal se empeñan a veces en demostrar lo contrario queriendo convertir este arte en algo popular, al alcance de todos, cuando nunca ha sido así. Hay que programar el festival con grandes artistas y profesionales que sepan crear buenos espectáculos. Hacen falta buenos directores artísticos y no dejar que cualquiera haga esa función porque sepa cantar por fandangos o tocar una farruca. También hay que cuidar la escenografía y toda la parte técnica, pero para eso hay que invertir. Menos espectáculos y mejor cuidados, ahí está la cuestión.

MoneoLos representantes artísticos están para lo que están y no para decir cómo hay que hacer las cosas, que eso lo tiene que decidir el director y su equipo de asesores, en el que por cierto no abundan los profesionales del mundo artístico, del teatro y de la música. Y así nos luce el pelo en la Bienal de Flamenco, un festival al que se le paró el reloj hace años, que vive muchas veces de espaldas a la realidad de este arte y que se obsesiona con los números en vez de sacudirse las virutas del puro folclore y apostar más por los grandes profesionales y los buenos artistas, por los creadores y también por los que conservan la esencia y velan por este legado cultural.

Es indudable que el festival interesa en muchas partes del mundo, aunque no hayamos visto artistas de otros géneros. Por no venir no han venido ni los propios artistas flamencos de la tierra, que podríamos contar con los dedos de una mano, salvo que hayan venido disfrazados. La Bienal es un festival importante, de esto no hay duda. Pero está a años luz de esos grandes festivales de música del mundo que todos conocemos, o casi todos. Si no sale de la rutina en la que cayó hace años y evoluciona de una vez por todas, lo harán en otros países, donde sin saber tanto de flamenco como sabemos en Andalucía, y sin tener la materia prima, están siendo ya capaces de tratar este arte con mucha más cabeza y sensibilidad.

 

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3 Comments

  • Leopoldo Díaz Posted 8 octubre, 2014 09:44

    Buenos días Manuel:

    Como siempre, o casi siempre, me ha gustado tu crítica a la Bienal. Totalmente de acuerdo contigo cuando dices que la Bienal no debe dar cobijo a nada que no sea flamenco. Igual que tú la he seguido desde que empezó y por desgracia he visto muchas “bacaladas” metidas como si fuera una parte más de nuestro arte. Es verdad que ya tiene más que la mayoría de edad, 34 años, que no son pocos, pero aun no ha adquido personalidad propia, como tú dices también está a años luz de otros grades festivales de música del mundo. Simplemente ¿en el Festival de Jazz de San Sebastián habría algo que no fuera esta clase música? Lo dudo mucho. Deben de exigir desde las administraciones públicas, ya que se realiza con dineros de todos, al quien ponga al frente de éste que sea un festival exclusivo de flamenco, sino la Bienal siempre será un escaparete de algo que alguien cree que es flamenco para ganar dinero y nada más, en vez de, como bien dices, algo didactico.
    Te animo que sigas con la crítica flamenca, así como, con tus comentarios que aunque en este país en nuestra Carta Magna esté instaurada la libertad de expresión sabemos que no la hay, pues no queremos escuchar algo que no nos guste aunque sea verdad, un cordial saludo de Leopoldo Díaz Tardío.

    • lagazapera Posted 8 octubre, 2014 10:13

      A Leopoldo: Gracias, Leopoldo. Perdona la tardanza, pero acabó la Bienal y tengo mil cosas que resolver ahora, en estos días de vacaciones. Muy de acuerdo, por cierto.

  • Francisco Jesús de Cossío- Bohorquez Posted 8 octubre, 2014 11:28

    Buen resumen, aunque no esté de acuerdo al 100% con lo expuesto es reflejo de lo sucedido. Tan solo me ha “chirriado” que demande libertad de expresión (la tiene) y a veces no se respete la de los artistas, que aunque deben centrarse en expresar su arte también estimo que a día de hoy en redes sociales o en medios de comunicación convencionales tienen todo su derecho a decir lo que les plazca. Eso es intrínsecamente la libertad de expresión y como tal debe ser respetada, porque después se cae en no-críticas y cosas por el estilo que dicen muy poco de este enrarecido mundo que tan bien usted y yo conocemos. Un saludo

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