La emoción de La Farruca

Farruca

Brillante apertura ayer noche de Flamenco viene del Sur, con el Teatro Central lleno y buen ambiente. No era para menos, porque se abría con una de las pocas bailaoras de raza que nos quedan, de esas que son capaces de meternos el baile dentro en solo cinco segundos. Nos referimos a la Farruca, una de las hijas de Antonio el Farruco, que además no fue sola, sino acompañada por su hijo más pequeño, El Carpeta, convertido ya en un hombre y en un bailaor espectacular. Y por su hermana, La Faraona, una mujer con el arte impregnado en la piel y el inconfundible sello de los Farruco en la mirada. Sorprendió lo corto que fue el espectáculo, ni una hora, aunque en el programa de mano constaba que eran setenta minutos. Menos de sesenta minutos y un solo baile de la Farruca, digamos completo, dejando el resto del tiempo para su hijo y su hermana. Tampoco es que La Farruca necesite más de un baile para llenarnos de flamenco puro, de arte y de sentimiento, pero salimos con la impresión de que el público se quedó con ganas de más baile. El Carpeta se lució, que iba de artista invitado. Lo hizo desde que compartió escenario con su madre, los dos vestidos de blanco, en unos tangos muy canasteros. Luego, en alegrías, unas alegrías interminables, en las que demostró tener una fuerza sobrenatural, aunque poco más. Los bailes se alargan cuando se está sobrado de repertorio, pero no cuando hay que recurrir tantas veces a las mismas poses, vueltas y pataítas, aunque sean recogidas con arte. Es algo en lo que suelen fallar estos hermanos, geniales, sí, pero limitados. Y no es por falta de condiciones, que las tienen todas, sino de actitud y estudio. El Carpeta es un portento, un bailaor con una agilidad pasmosa, ligero de pies, con buena planta y una rara habilidad para transmitir la emoción que siente al bailar. A lo mejor le falta la experiencia que tiene su madre, pero para eso tendrá que esperar un poco. La Farruca es de una pureza impresionante, baila lo jondo con todo el cuerpo y con una gitanería que cautiva desde antes de empezar a bailar. Cuando lo hace por soleá se desangra en el escenario por la vieja llaga de su familia, de su padre. Ya no es una adolescente y su fuerza sobrecoge todavía, como ocurrió anoche. No se va a un teatro a ver bailar a la Farruca, sino a sentirla y a vibrar con su gitanísima estampa y emoción.

Ciclo Flamenco viene del Sur. Mi herencia, La Farruca. Artistas invitados: La Faraona y El Carpeta. Guitarra: Román Vicenti. Cante: David el Galli y Juan José Amador hijo. Percusión: Celu. Entrada: Lleno. Sevilla, 24 de febrero de 2015.

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