¿Desterramos a los saeteros malos?

¿Desterramos a los saeteros malos?

Anoche me quedé en casa, como todas las del año –o casi todas–, pero decidí poner la radio para seguir un poco entre cabezadita y cabezadita la Madrugá sevillana. Acabé asqueado, sinceramente, con tanto programa casposo de esa Sevilla que nunca me gustó y de la que me alejé hace años, en cuanto pude. Escuché algunas saetas en directo y no daba crédito alguno a lo que oía. No en la  calle, de esas espontáneas, sino en los balcones, cobrando o sin cobrar, qué más da eso, aunque al que cobra sin saber cantar deberían encerrarlo en una mazmorra y destruir la llave. Y en Sevilla, desgraciadamente, es cada año más frecuente eso de escuchar a saeteros malos y a saeteras peores todavía. ¡Al Gran Poder, por Dios, que ni Bach que resucitara valdría para ponerle música a tamaña obra de arte! Si a esto unimos la basura que se ve por las calles del centro de la ciudad y las estampidas de anoche, es para llorar. ¡Ay, Sevilla! Me costó dormir, una vez que había decidido apagar la radio, o sea, la caspa, para soñar con aquellos saeteros del tiempo de mis abuelos y aquella Sevilla de no hace más de cuarenta años, cuando, viviendo en ella, el hecho de despertar cada mañana era un espectáculo.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedIn

2 comentarios

  • Juan María Real 14 abril, 2017 13:19

    Lo de los saeteros clama el cielo. Entre alargar el cante a base de ahogar la propia música, la mitad que no vocalizan y que empiezan en un tono y terminan tono y medio mas pa allá es para darle un ciriazo en la cabeza a mas de uno.

    • Manuel Bohórquez 14 abril, 2017 17:11

      Muy de acuerdo, Juan María. Gracias.

Escribe tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *