Antonio Mairena y el gitano sinfónico

Antonio Mairena y el gitano sinfónico

Antonio Mairena fue uno de los cantaores más grandes de su tiempo (1909-1983), aunque se hizo figura a raíz de que le dieran la Llave del Cante en Córdoba, en 1962, en un concurso arreglado por su incondicional amigo Ricardo Molina, poeta y escritor de Puente Genil. El de Mairena del Alcor era ya un gran cantaor en aquella fecha, aunque no primera figura, desde luego no a la altura de otros artistas del cante como la Niña de los Peines, Manolo Caracol, Pepe Marchena o Juan Valderrama. Sin embargo, el declive de estos primeros espadas coincidió con la entrega de la Llave del Cante a Mairena, quien acabó convirtiéndose en el amo en muy poco tiempo, algo que aprovechó para reconducir el cante por la verea del clasicismo, comenzando una labor de difusión y rescate de intérpretes gitanos olvidados y estilos en vías de extinción. Los nuevos aires le eran favorables: el acceso del flamenco a la Universidad, la creación de la flamencología, los festivales de verano, los concursos nacionales y las peñas flamencas. También el interés que empezaban a prestarle al flamenco los medios de comunicación social, sobre todo la radio y los periódicos andaluces. Todo esto no fue una obra de Antonio Mairena, como alguna vez se ha dicho, pero el cantaor, que fue un hombre muy inteligente, supo subirse al carro y aprovecharse de ese movimiento histórico con el apoyo de intelectuales y críticos que le ayudaron a fundar el mairenismo, posiblemente el movimiento artístico más influyente de la historia del cante andaluz, además del más reaccionario y absolutista. Afortunadamente, el mairenismo murió hace años, tantos como hace que murió su creador. No así su obra, que es de las más importantes del cante, y su legado es el verdadero mairenismo.

Don Antonio Cruz García, que así se llamó el genio de los Alcores, siempre se distinguió por su amor a lo que él llamaba cante gitano-andaluz, por su defensa de la teoría de que el cante jondo fue creado por los gitanos andaluces en el meridiano del siglo XIX. Luchó mucho por rescatarlo del olvido, dignificarlo y ponerlo al día, y fue intolerante siempre con cualquier tipo de manipulación comercial o adulteración. Nunca fue un cantaor comercial, sino un gran conservador del cante. Y jamás se planteó grabar con orquesta, entre otras razones porque sabía perfectamente que en ese campo experimental no podía competir con Manolo Caracol, Marchena o Valderrama, por su tipo de voz, algo salobre, que sin embargo se prestaba a cantar bien con guitarra. Y a la hora de hacer su obra discográfica jamás se planteó cantar los estilos tradicionales a piano o con violines, siendo coherente con su manera de pensar. Por tanto, que después de llevar más de tres décadas muerto se haya manipulado su obra discográfica, algunos cantes, eliminando las guitarras y poniéndole de fondo una orquesta sinfónica, aunque sea la de Bratislava, es una barbaridad como una casa. Y todo para intentar demostrar, como ha confesado el autor del invento, Jesús Bola, que habían encontrado al “cantaor perfecto”. ¿Se puede decir tontería más grande que esta?

No existe el cantaor perfecto. De hecho, el concepto de perfección no ha encajado jamás en el cante jondo, donde casi siempre priman la anarquía y la libertad, de ahí la variedad de estilos y tipos de voces. Antonio Mairena fue un cantaor técnico y cerebral, quizás demasiado si tenemos en cuenta que era gitano. Musicalmente no fue tan perfecto como Chacón o Tomás Pavón. Ya lo dijo el gran guitarrista Manolo de Huelva, que era un sabio: “En veinte siglos no ha cantado nadie mejor que Chacón y Tomás”. Cuando el de Huelva dijo esto ya era Mairena la gran figura del cante. Aunque suele ser casi siempre una cuestión de gustos, hay hechos objetivos y nadie con dos dedos de frente puede decir que Mairena fue un cantaor perfecto, lo que no quiere decir que no fuera un gran cantaor.

Antonio Mairena condecoró a Paco Celaya con la insignia de oro de su peña flamenca.

Antonio Mairena condecoró a Paco Celaya con la insignia de oro de su peña flamenca.

Tengo Mairena sinfónico desde hace tiempo y he de confesar que hay piezas que me encantan, que suenan bonitas, como la farruca. No deja de ser curiosa la experiencia, que nos da otra dimensión del cante de Mairena. Tampoco es una novedad eso de que se hagan los cantes tradicionales con orquesta, algo que ya empezó el madrileño Angelillo hace noventa años y que han hecho una docena de cantaores más, gitanos y no gitanos. El problema, lo denunciable de este experimento no es el resultado, que no deja de ser curioso y que no convierte a Mairena en mejor cantaor de lo que fue, sino el hecho de que se haya llevado a cabo con el artista muerto. Podrían continuar y hacer ahora otro volumen metiéndole a sus cantes un tambor rociero o el sexteto de Paco de Lucía. ¿Y qué? ¿Sería lógico que se colorearan ahora los dibujos de Goya, la serie de los Desastres? Si la obra discográfica de Antonio Mairena tiene el valor que tiene no es porque mejorara como cantaor a Chacón, la Niña de los Peines, Manuel Torres, Juan Mojama o Tomás Pavón, sino porque es su obra, su compromiso con el cante, su legado, con todos sus defectos y con todas sus virtudes. Antonio Mairena, siempre escéptico ante las justificaciones de la comercialización, quiso que su obra fuera lo que es y nadie tiene derecho a jugar con su voluntad. Ni siquiera su sobrino, Antonio Cruz Madroñal, el heredero de legado musical, quien también ha consentido que salga al mercado algún cedé con cantes en directo, de festivales, que no debió de salir porque él no lo hubiera permitido nunca. Naturalmente, esta aventura experimental no va a perjudicar en nada a la obra de Antonio Mairena, que es muy importante. Tampoco le va a añadir nada nuevo porque le hayan puesto música sinfónica a sus cantes más allá de la que él quiso que llevaran siempre como acompañamiento. Si quieren hacer algo bueno por Antonio Mairena, su memoria y su obra musical, que cuiden el concurso y el festival que llevan su nombre, que creen en Mairena, de una vez por todas, un centro cultural que albergue todo lo relacionado con su vida artística, y que dejen de tratarlo como a Dios porque don Antonio Cruz García fue un ser humano, con sus defectos y sus virtudes, sus luces y sus sombras, sus aciertos y sus errores. Tampoco él hizo mucho para que se le viera como a un ser humano, porque, como les ocurrió a Marchena y Caracol, acabó también endiosándose, creyéndose que era un elegido, alguien por encima del bien y del mal, que incluso llegó a convertirse en el mayor censor de su tiempo, cuestionando hasta el trabajo de sus propios compañeros.

Antonio Mairena no era sinfónico. Tampoco era perfecto. Fue un cantaor de Mairena del Alcor, gitano, de familia pobre, que nació con el don del cante, al que amó como muy pocos lo han amado. Fue una primera figura y su labor no cayó en saco roto, aunque sea discutida, que es algo muy natural. Mientras antes se le empiece a tratar como lo que fue, solo un grandísimo cantaor, mejor.

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1 comentario

  • jose Vargas peña 7 septiembre, 2017 21:53

    En mi opinión mairena defendía la raíz del cante gitano y lo comparto al 100%.

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